La Laguna
Historia  

El último alcalde de la II República

El pleno votará una moción institucional para dedicarle una calle al exregidor Alonso Suárez Melián

10.04.2016 | 09:53
Alonso Suárez Melián en una foto cedida por su familia.

El pleno municipal ordinario del Ayuntamiento de La Laguna debatirá esta semana una moción para iniciar un expediente de honores y distinciones para el último alcalde lagunero de la Segunda República, Alonso Suárez Melián. Con este gesto, una propuesta que surge de la Alcaldía pero que a buen seguro llegará al pleno como institucional con el apoyo de todos los partidos, el municipio quiere saldar una deuda con este abogado lagunero fallecido el 22 de enero de 1996.

Su familia, en cuyo recuerdo aún figuran como desgarradoras las experiencias que durante años Suárez Melián tuvo que sobrellevar, asegura valorar la intención municipal pero indica que "nunca hemos pedido un homenaje y seguramente a él no lo hubiera aceptado porque siempre consideró que todo lo que hizo, lo hizo porque era su deber", explicó esta semana uno de sus dos hijos, Alonso Suárez López.

Apenas seis meses como alcalde de La Laguna le valieron a este joven abogado, que entonces tenía apenas 35 años, cinco años de condena y sufrimientos en la cárcel de Fyffes. "Hay cosas que todavía aún no hemos encontrado sobre su historia. Hay algo que me gustaría tener y es su sentencia. Me gustaría saber quiénes actuaron de testigo, quiénes declararon en su contra", lamenta su hijo. Nacido en La Laguna, Suárez Melián estudió Derecho por pura vocación. Sin apenas recursos, cursó la carrera "sin tener ni un solo libro, no podía comprarlos. Iba a la biblioteca y allí estaba todo el día metido". Pese a todo, sacó prácticamente todas sus asignaturas con matrícula de honor y cerró un expediente brillante.

Esas dificultades que tuvo que superar para poder conseguir su sueño marcaron posteriormente su forma de ver la vida y fue uno de los principales motivos que le llevaron a la política. "Era un hombre muy sensible a las injusticias sociales. Se quedó huérfano muy temprano con cinco hermanos más y no soportaba la idea de que alguien que quisiera estudiar no pudiera hacerlo por no tener recursos", recordó Suárez López.

Alonso Suárez tuvo otro hijo, Juan Vicente, que con el tiempo también se dedicó a la abogacía. "Mi padre nos inculcó una honradez que sin duda nos ha guiado a todos durante toda nuestra vida", detalló.

Alonso Suárez tiene en su haber, además de ser el último alcalde de la Segunda República, el haber sido el fundador en el municipio de la Agrupación Socialista. Su familia conserva todavía el acta fundacional. Fue el cinco de junio de 1931 en el número 73 de la calle San Agustín. "Se acordó en dicha sesión celebrar sesiones ordinarias, según lo previene el reglamento, dos veces por semana", reza el expediente.

La moción que será sometida a votación este jueves en el salón de plenos de La Laguna recuerda además que este año se cumple el 85 aniversario de la instauración de la Segunda República Española. "Debemos recordar a quienes fueron protagonistas de una época en la que la lucha por los derechos de los ciudadanos protagonizó cada uno de los avances, truncada por el levantamiento militar de julio de 1936", recoge el texto.

Alonso Suárez apenas pudo ejercer sus funciones durante un breve período de tiempo. Su Gobierno tenía entre sus principales objetivos la construcción de casas asequibles para la población, la reducción del desempleo y la renovación del sistema educativo. Propósitos, todos, que siguen estando en el punto de mira de la ciudadanía.

En esos seis meses hubo tiempo, sin embargo, para variadas y no poco complicadas situaciones en las que Suárez Melián demostró su talante conciliador. "Recibió una orden del Gobierno para que se retiraran los crucifijos de los colegios", recordó Juan Vicente. "Mi padre fue a hablar con el entonces deán de La Catedral, Domingo Pérez Cáceres, y le dijo que no se preocupara que nadie iba a tocarlos pero le pidió que los sacerdotes se abstuvieran de hablar de política en los púlpitos para evitar enfrentamientos", añadió el hijo menor del homenajeado
Suárez Melián fue elegido alcalde en febrero de 1936, las últimas elecciones municipales celebradas en las que resultó ganadora la coalición del Frente Popular. Concejales del Partido Socialista, del Partido Comunista, Izquierda Republicana y la CEDA ocuparon entonces un salón de plenos decidido a llevar a la práctica un programa electoral "cuyo objetivo principal era alcanzar la igualdad de derechos para todos los ciudadanos con independencia de su situación económica", recordará el Ayuntamiento esta semana.

Tras el levantamiento militar, el entonces alcalde lagunero no se resistió y entregó el Ayuntamiento de forma pacífica. Tenía la costumbre de hacer el arqueo de la caja local todas las tardes, algo impensable en la vida institucional actual. "Iba guardando los céntimos de peseta que sobraban y se los entregaba al asilo de ancianos", explicó su hijo Alonso. "Cuando entregó el Ayuntamiento al nuevo alcalde del régimen él fue con una cajita de puros con esos céntimos que guardaba y también los entregó. Le dijeron que se los quedara y él se negó diciendo que eso era del pueblo", apostilló su hermano.

La familia recuerda todas estas anécdotas porque el propio Suárez Melián las narraba. Especialmente intensos son los recuerdos que les transmitió sobre su estancia en Fyffes, los antiguos almacenes de fruta reconvertidos en cárcel en la capital tinerfeña. "El calor era insoportable, dormían en el suelo hacinados y muchas veces apenas comían porque les ponían alimentos en mal estado", indicaron.
De aquellos años de enfermedad y hacinamiento quedó también un espeluznante recuerdo. "Por las noches, cuando era habitual que se llevaran a algún preso y nunca volviera, los tocaban para despertarlos y asustarlos aunque no fueran a sacarlos a ellos", recuerdan sus familiares.

Cuando Suárez Melián fue puesto en libertad, el régimen franquista le había quitado su casa, su coche y todos sus ahorros. Cuando quiso volver a ejercer la abogacía, el entonces colegio lagunero le había expulsado. Durante muchos años fue conocido como El abogado de los pobres porque muchas personas con pocos recursos acudían a él en busca de asesoramiento.

Con todo, pudo volver a ejercer la profesión que tanto amaba gracias a que el colegio santacrucero le dio de alta. De hecho, consiguió transmitir el amor por el Derecho a toda su familia. Sus dos hijos y varios de sus nietos escogieron también esta carrera.

Mientras, sobre la recuperación de la documentación sobre este capítulo de su vida, tanto su nieto Alonso Suárez Lecuona como su hijo mayor agradecieron la colaboración del investigador Fabián Hernández. Médico de profesión, empezó a indagar sobre los casos de represaliados en la Isla y se topó con documentación sobre el alcalde lagunero. "El investigador Pedro Medina Sanabria está haciendo muchísimo también por recuperar esos archivos", destacó Romero.

Fue Elfidio Alonso el que cuando accedió a la Alcaldía lagunera se encargó de poner la fotografía del último alcalde de la Segunda República junto al resto de regidores laguneros en la sala anexa al salón de plenos. Por su parte, el socialista Pedro González también le rindió su particular reconocimiento cuando tomó posesión de su cargo de la ciudad al reconocer que debería haber sido Suárez Melián el que le entregara el bastón de mando.

A partir de esta semana, y tras la votación de los concejales de la corporación lagunera actual, se iniciarán todos los trámites para que una calle del municipio lleve su nombre.

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