Santa Cruz
Urbanismo 

Barrancos enterrados por el desarrollo de la ciudad

El geógrafo Miguel Ángel Noriega describe las quebradas que surcan el municipio y las engullidas por el imparable crecimiento de población

10.04.2016 | 02:00

Los barrancos cuyo cauce discurre por el municipio de Santa Cruz de Tenerife se cuentan por decenas y marcan como surcos su territorio. Sin embargo, los que tienen al menos parte de su recorrido en pleno entramado urbano alcanzan un número bastante menor o tienden a desaparecer. Algunos comienzan su caudal en otros municipios y la mayoría lo hace el macizo de Anaga. Su presencia ha servido, en algún caso, para dividir la ciudad en dos. En otros su presencia ha desaparecido por completo, soterrados bajo las calles y casas por el imparable crecimiento de la población.

Miguel Ángel Noriega, geógrafo y miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, lleva años estudiando los barrancos urbanos del municipio. Se ha apoyado en las publicaciones de su compañero de asociación y experto en el municipio, el cronista de la ciudad, Luis Cola. "La ciudad ha ido creciendo en función de la localización de los barrancos y el de Santos es el mejor ejemplo", aclaró Noriega. Además, el mismo desarrollo de la trama urbana ha llevado, como ocurre en todas las ciudades o municipios con orografía similar, a que muchos queden soterrados bajo calles y casas para que los habitantes se expandan con cierta regularidad.

Tahodio. Aunque no comienza en medio de la urbe su desembocadura sí que lo está, por el barrio de La Alegría a la altura del Club Náutico y Muelle Norte. Se trata de uno de los cauces más destacados del macizo de Anaga. Su cabecera se localiza en el Monte de Aguirre, una de las zonas boscosas de mayor diversidad de Tenerife. Además, la Charca de Tahodio, con el mismo nombre que este barranco, se localiza también su zona más alta.

En su parte baja está rodeado por el barrio de la Alegría y por la zona de Residencial Anaga. En el margen izquierdo de su desembocadura estaba el Fuerte de San Miguel, los mismos terrenos sobre los que hoy se levanta el Club Náutico.

Tiene una longitud de poco más de ocho kilómetros y medio. La superficie de la cuenca es de más de once kilómetros cuadrados, lo que le coloca en el sexto lugar de todos los barranco del macizo de Anaga en cuanto a esta medición se refiere. Además, tienen 109 afluentes, ocupando la octava posición de la Isla en número de afluentes.

La Leña. Es uno de los barrancos más desconocidos de los que discurren por la trama urbana del municipio de Santa Cruz. Su desembocadura se encuentra soterrada bajo las dársenas, en suelo portuario. Su cauce, en parte, también lo está. De hecho, solo es visible dentro del entorno urbano a su paso junto a Residencial Anaga. Sin embargo, la cuenca de este cauce se extiende durante casi dos kilómetros. Nace en la Degollada de La Asomada, bajo el Roque de las Cabezadas, a 370 metros sobre el nivel del mar. Está flanqueado al noreste por el Risco de los Perros y la Cortadura Chica y al suroeste por la cresta que une la Meseta con la Montaña de la Leña y continua hasta el Roque de las Cabezadas. En total, se forma un valle 56 hectáreas.

Ancheta. Esta quebrada nace en el entorno de Las Casillas-Los Campitos. Desciende por los barrios de Ifara, Pino de Oro y Los Lavaderos. Justo en su paso por el tramo final de La Rambla de Santa Cruz, a la altura del Colegio de Arquitectos, empieza a estar soterrado. Se une en su tramo final al barranco de La Leña.

San Antonio. El de San Antonio es un cauce que hoy ha desaparecido por el desarrollo urbanístico de la ciudad. Nacía en la zona de Pino de Oro, por el Hotel Mencey. Cruzaba por el barrio de El Toscal, por la misma calle que lleva su nombre. Su desembocadura se producía en lo que hoy es la Avenida Francisco La Roche, junto al ahora desaparecido Castillo de San Pedro.

San Francisco. Como el del San Antonio, el de San Francisco tampoco existe en la actualidad. Empezaba a una altura similar al de San Antonio, pero su cauce discurría por las que hoy son las calles Doctor Guigou, Puerto Escondido, la Plaza del Príncipe y Ruiz de Padrón. Desembocaba al final de su recorrido en el entorno de la Alameda del Duque Santa Elena.

Su nombre proviene del antiguo Convento Franciscano que se levantaba en los terrenos donde ahora está la Plaza del Príncipe y donde sigue en pie la Iglesia del mismo nombre. A lo largo de las décadas a este barranco se le ha denominado de diferentes formas: Guaite, Aguite o Araguaite.

Barranquillo. La actual calle Imeldo Serís antes se denominaba calle Barranquillo, como muchos aun se refieren a ella para nombrar esta vía del centro de la ciudad. Hasta los años 30 del siglo pasado, este barranco bajaba por esta calle en dirección al mar.

Este afluente nace en las faldas de Las Mesas, donde todavía puede distinguirse gran parte de su cauce. Junto al Camino Oliver, sin embargo, comienza a ocultarse, siempre de forma soterrada por tramos en función de la localización. Desciende por el subsuelo por las calles Horacio Nelson, Costa y Grijalba y Robayna. Ya a la altura de la Plaza Weyler comienza a desviarse en dirección al Barranco de Santos.

Santos. Aunque comienza en La Laguna, fuera del término municipal de Santa Cruz de Tenerife, el barranco de Santos es el referente de los cauces urbanos que discurren por la capital tinerfeña, sobre todo por su tamaño. Además, sus casi 40 kilómetros cuadrados de superficie lo convierten en el sexto de la Isla en lo que a las dimensiones de su cuenca se refiere.

Durante años, desde la época la Conquista castellana de las Islas, supuso la separación física de la ciudad en dos partes, desde lo que hoy es el centro de la ciudad y el barrio de El Cabo.

De la misma forma, su gran envergadura ha sido una pieza fundamental en la urbanización de toda la ciudad, tanto el centro como los barrios. Este mismo crecimiento ha obligado a construir varios puentes entre los que se encuentran el de El Cabo (primer puente de paso de la Isla), Galcerán, Zurita o Serrador.

Este barranco está incluido además en el mapa de peligrosidad y riesgo de inundación de Tenerife, documento que elabora el Consejo Insular de Aguas.

El Hierro. Desde Ofra hasta el Palmétum. El barranco de El Hierro pasa incluso por el interior de la Refinería, aunque son pocos los vecinos que conocen que este cauce existe por dentro de estas instalaciones. En este espacio se respeta su cauce, ya que, a excepción de varios bidones y depósitos que están ubicados en su interior, se aprecia el verde de las plantas que crecen de forma natural y el tramo de tierra sin construir que divide las dependencias de la destilería de petróleo.

Desde el barrio de Chimisay, en Ofra, discurre serpenteando entre los barrios de Camino del Hierro, Tío Pino y Somosierra, para desembocar finalmente en La Hondura, junto al palmeral de Santa Cruz. Se trata de un barranco que está incluido, como el de Santos, dentro de los mapas de peligrosidad y riesgo de inundación de la isla de Tenerife.

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