Comercio

Una vida rodeada de lanas y agujas

Mercedes Morales cierra su tienda tras casi tres décadas instalada junto al Mercado

07.04.2016 | 10:05
Una vida rodeada de lanas y agujas
De izquierda a derecha, sentadas, Soraida Cabrera, Aída de Ana Pires y Cita Romero, mientras tejen junto a Mercedes Morales, a la derecha de la imagen.

Durante años ha enseñado a tejer a decenas de vecinas que han acabado siendo amigas

Un ramo de flores, regalos y alguna que otra lágrima. No dejarán de verse, son amigas después de muchos años de tener relación casi a diario, pero Mercedes Morales, la de las lanas, ha decidido que ha llegado el momento de jubilarse y a sus clientas la idea no les termina de convencer. Después de casi tres décadas centrada en su tienda, ahora cree que le ha llegado el momento de descansar, de dedicarse a ella y a su familia, a pesar de que sus nietas, sobre todo la mayor, se ha criado entre ovillos y agujas de tejer.

Sabe que no será fácil, pero ya tiene su rutina planteada: se levantará muy temprano (como hace ahora), realizará media hora de ejercicio, una ducha y a hacer la compra del día. En verano se dedicará a ir a nadar y disfrutar del sol y en invierno, cuando el calor no se lo permita, quizás empiece a dar clases , para regocijo de sus clientas, en alguna asociación de vecinos. Esta última parte todavía no la tiene clara aunque tiene claro que harán todo lo posible para convencerla. El cariño que se tiene se nota en cómo se miran y comparten su rato. Les sirve, a todas, para salir de sus casas y despejarse.

Mercedes comenzó a tejer cuando tan solo era una niña. No existía internet ni vídeos donde poder fijarse para mejorar. Como muchas de sus compañeras aprendió en el colegio, al menos lo básico, con diferentes técnicas, para poder defenderse como una asignatura más. Con los años, al no encontrar trabajo, tuvo la oportunidad de abrir su establecimiento en Santa Cruz, junto al Mercado Nuestra Señora de África y en ese pequeño local de pocos metros ha permanecido durante años. "Me enseñaron muy poco y el resto lo tuve que aprender yo sola, con las revistas, haciendo patrones y, sobre todo, volviendo a empezar siempre que me equivocaba", explica emocionada tras relatar que este comercio ha sido para ella "su medicina". "La verdad es que estoy sana y yo creo que es por este trabajo, porque me gusta mucho lo que hago, mi día a día", detalla.

Medio barrio de Cuatro Torres y Buenos Aires, pero también del centro de la ciudad y otras zonas de Santa Cruz han aprendido a tejer gracias a sus indicaciones, siempre con mucha paciencia según indican sus propias compañeras. También ha tenido clientas que han llegado hasta su local desde otros municipios de la Isla. No ha cobrado nunca a nadie por dar clases a pesar de que alguno le ha dicho que podría hacerlo. "Si no hay dinero de por medio es mejor para todos, porque así no hay que estar reclamándolo cuando no se cumple", asegura. Sus beneficios los ha obtenido con la venta de las lanas que sus alumnas han necesitado para poder confeccionar lo que han deseado, desde camisas o abrigos, hasta mantas o ropa de bebé. "Ellas me dicen lo que quieren hacer y yo las ayudo, les doy ideas", matiza.

Ellas, aunque agradecen los conocimientos que han ido adquiriendo a lo largo de los años, lo que más echarán en falta es el buen rato que pasan en este comercio y, por supuesto, la compañía. Algunas clientas llevan comprando en esta tienda el mismo tiempo que lleva abierta. Al principio la mayoría acudía para poder elaborar ropa para sus bebés o incluso para los nietos. Ahora el tipo de clientes ha cambiado hasta el punto de que son hombres los que acuden a comprar lanas recomendados por sus médicos como técnica de relajación.

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