Un gran manantial bajo el Teide

La Comunidad del Barranco de Vergara (La Guancha), dueña de las dos galerías más productivas de Tenerife, mide el caudal de sus explotaciones, que sobrepasa las 2.210 pipas por cada hora

27.03.2016 | 18:29
Un gran manantial bajo el Teide

La bruma se cuela por la pequeña puerta de hierro que da entrada a la gruta y la luz va menguando poco a poco hasta llegar a desaparecer en la profundidad de esta garganta. Las paredes se desintegran solo con tocarlas y las gotas de agua caen del techo como si no se pudieran contener. Las rocas rozan la cabeza, la humedad impregna el ambiente y el frío se siente hasta en las entrañas. Aunque se respira con cierta dificultad, los sentidos se concentran en una sola percepción: el sonido del agua que cae a borbotones. Fuera, una inmensa cueva rocosa atraviesa las faldas del Teide. De ella emanan kilométricos canales que transportan el agua incluso hasta el otro punto de la Isla. Aquí, en lo alto de La Guancha, está uno de los principales nacientes de Tenerife.

Se trata de la galería del Barranco de Vergara, la mayor de las más de 1.400 excavaciones de este tipo que existen en la Isla y que la opinión de tenerife visitó con motivo del Día Mundial del Agua, celebrado el pasado martes. La instalación, explotada por la Comunidad de Aguas Barranco de Vergara, es además la más caudalosa de la Isla. Según las últimas mediciones oficiales, el total de su caudal es de 2.210 pipas por hora. Teniendo en cuenta que cada cuba equivale a 480 litros, Vergara aporta 1.600.800 litros a la hora. Está compuesta por dos galerías: Vergara 2, algo más pequeña y localizada a una altitud de 1.350 metros, y Vergara 1, que se encuentra a una cota de 1.480 metros sobre el nivel del mar y tiene más de 3.000 metros de profundidad.

El recorrido empieza en el casco de La Guancha. El director facultativo de la galería, Rafael Zenón, es el encargado de realizar los aforos en Vergara. "Son mediciones que tenemos que hacer para llevar un control sobre el caudal del agua", detalla el ingeniero, quien añade que "reglamentariamente debemos realizar un aforo al año durante el primer trimestre, aunque nosotros solemos hacer dos". Tras subir al 4x4, la primera parada es la conocida como caseta de tanquilla. Allí, Zenón, acompañado del canalero de la comunidad, Jesús Manuel, y el vigilante, José Aguín, se afanan con meticulosidad a calcular la cantidad de agua que transporta Vergara 2. Sus herramientas: un palo de madera con tres clavos y un cronómetro. "Cerramos el paso del agua para que entre en la tanquilla y cronometramos cuánto tarda en subir de clavo a clavo", detalla el profesional.

La medición, que sirve para evitar que hayan variaciones de caudal se vuelve a repetir en Vergara 1. El camino hacía la hermana mayor de las grutas guancheras se realiza entre pinos, pistas abruptas y el majestuoso Teide como testigo. En este caso, la comprobación es mucho más rápida, ya que la cantidad de líquido que pasa es mucho mayor. Tanto es así, que un solo segundo puede cambiar el resultado final. "En esta galería repetimos el proceso y hacemos una media con todas las cifras para que los datos sean más precisos", puntualiza Zenón.

La entrada a Vergara 1 es imponente. La mayor galería de cuantas existen en la Isla se empezó a construir en 1944, por lo que la grandeza del lugar se enaltece aún más. "En esa época tenían que subir todos lo materiales con bestias. Es increíble pensar cómo se pudo hacer todo esto", afirma Zenón. En 1960 dieron con el gran tesoro. "La cantidad de líquido que se recoge de esta galería es tal que por el momento no ha sido necesario ampliar más la gruta", añade el ingeniero.

Tenderetes

Al lado de la puerta que da paso a la cueva hay dos instalaciones más, una equipada con cocina para completar la jornada con algún buen tenderete y otra con maquinaria. Allí, se encuentra el motor de extracción, encargado de ventilar las profundidades de la galería. "La piedra volcánica expulsa de forma natural gases tóxicos que tenemos que absorber para conseguir que entre aire limpio por la bocamina", explica Zenón. Con este objetivo se colocan tiras de plástico a la entrada y a lo largo de la garganta que indican el sentido del movimiento de aire. "Hoy el día es perfecto para visitar la galería", asegura el ingeniero mientras echa la vista a la cinta que cuelga del techo.

La gruta está llena de tuberías que se sitúan a los lados del estrecho pasillo que da camino hacia el manantial. El ancho de la ruta es de apenas 2,20 metros, mientras que la altura alcanza su punto máximo en los 2,10 metros. El presidente de la comunidad, Rául Machado, reconoce que "cada galería es un mundo". Para aventurarse a su interior es imprescindible armarse con un casco. "También debemos llevar rescatadores, ya que toda precaución es poca", añade el presidente.

Dos o tres veces al año

A la galería se accede dos o tres veces al año para mantener su buen estado, aunque en el caso de Vergara algunos, como el canalero, el ingeniero y su presidente, "lo hagan por placer". Además, la visitan científicos de todo el mundo maravillados por poder disfrutar de la geología desde su interior y de un sistema de extracción de agua único en el mundo.

Su comunidad, como el resto, funciona como una sociedad de bienes. Dispone de un total de 3.420 acciones. "Es difícil calcular cuantos accionistas somos porque una persona puede tener más de una acción", detalla Machado. Para el mantenimiento de las galerías, cada socio debe aportar una cuota de seis euros, aunque en ocasiones puede ser mayor. "Debemos estar prevenidos y tener fondos porque puede surgir cualquier imprevisto", señala. Son los propios partícipes los que venden o arriendan el agua, eligen su destino y fijan los precios. Así los aguatenientes son los dueños del agua, un liquido que se vuelve cada vez más caro cuantos más intermediarios intenten hacer negocio con ella.

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