Quién es quién en el callejero

El Toscal se rinde a los milagros

La calle San Vicente Ferrer honra la memoria del dominico valenciano que nació en 1350

21.03.2016 | 18:23
Un detalle de la calle San Vicente Ferrer, ubicada en el barrio chicharrero de El Toscal.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy es el turno del santo Vicente Ferrer. El valenciano cuenta con una calle en mitad del barrio de El Toscal desde hace años. Este espacio cuenta con numerosas vías con nombres de religiosos.

San Vicente Ferrer jamás visitó la ciudad de Santa Cruz de Tenerife pero, hace años, el Ayuntamiento capitalino decidió homenajearlo con el nombre de una calle. Así, el barrio de El Toscal cuenta con una vía que se encarga de recordar la incombustible vida que tuvo el religioso de origen valenciano en el siglo XIV. Sin embargo, además de la calle con la que cuenta en la capital isleña, este santo cuenta con numerosas construcciones y festividades en su honor, entre las que destacan la Iglesia de San Vicente Ferrer de Adsubia, la festividad de San Vicente Ferrer, las fiestas patronales San Vicente Ferrer y la fiesta de los Niños de la calle San Vicente, en Valencia, y el Colegio Imperial Niños Huérfanos San Vicente Ferrer también ubicado en la Comunidad Valenciana.

Vicente Ferrer nació en Valencia en el año 1350 y murió en la localidad francesa de Vannes en abril de 1419. Fue un dominico que viajó por numerosos países europeos y es conocido, además, por ser un gran predicador, lógico y filósofo. En la actualidad, es el patrón principal de la Comunidad Valenciana y, en su conmemoración, cada año se levantan en las calles escenarios donde son representadas, a cargo de niños, escenas de su vida y milagros.

Ferrer pertenecía a una familia acomodada de la ciudad de Valencia, puesto que su padre era notario y estaba bien relacionado con las clases altas de la zona. Cuando era niño, realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y tomó los hábitos en el año 1367, tras haber ingresado en el convento dominico de los Predicadores de Valencia. Entre 1368 y 1375 fue enviado a profundizar sus estudios en lugares como Lérida, Barcelona y Toulouse.

Vicente Ferrer trabajó activamente en conseguir solucionar el Cisma de Occidente y por ello es recordado en la actualidad y, así, su actividad en Valencia a favor de Clemente VII fue intensa. A raíz de la división que se produjo en el seno de la Iglesia católica, la situación fue tan tensa que decidió renunciar voluntariamente a su cargo de Prior del Convento de los Predicadores. Este puesto lo ocupaba desde hacía varios años.

Su apoyo a Avignon le llevó a escribir un tratado en el año 1380. En esta época, Vicente Ferrer continuó su trabajo de predicación por todo el antiguo reino de Valencia. También intervino en sentencias entre religiosos e impartió clases de Teología en la Catedral de la ciudad de Valencia entre los años 1385 y 1390.

La tensión generada por el Cisma le causó una enfermedad que casi le llevó a la muerte. Durante la convalecencia tuvo una visión que cambió el rumbo de su vida y desde ese momento se dedicó a la predicación itinerante. Decidió consagrar su vida a esta actividad y, así, tuvo la oportunidad de recorrer Europa occidental a pie.

Ferrer recorrió gran parte de Francia y fue en la Bretaña donde transcurrieron sus últimos meses de su vida. Cuando se sintió gravemente enfermo decidió volver a Valencia. Sin embargo, se encontró con una gran tempestad al salir del Puerto de Vannes y él lo interpretó como una señal divina para que volviera a la ciudad francesa a pasar el resto de sus días. Y así lo hizo. De hecho, en la actualidad, su sepulcro se encuentra en la catedral de dicha ciudad.

En el año 1431, el papa Eugenio IV ordenó estudiar la posibilidad de canonizar a Vicente Ferrer. Todo ello más de una década después de su muerte. Y, así, un total de 860 milagros constan en su proceso de canonización. A lo largo de este documentos, muchos testigos declararon que, hablando Vicente Ferrer en valenciano, ellos le entendían perfectamente en su lengua nativa. De este modo, se llegó a considerar que el recién nombrado santo poseía el don de lenguas.

San Vicente Ferrer es muy querido en su Valencia natal pero también es muy apreciado en la mayoría de los lugares que recorrió en sus viajes de predicación. Y también aquellos que no visitó pero en donde se siente una gran devoción por los milagros. Como es el caso de la ciudad de Santa Cruz.

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