Semana Santa

La Laguna, entre palmas benditas y olivos

Cientos de fieles celebran el Domingo de Ramos con el paso que estrena las procesiones

21.03.2016 | 11:41
La Laguna, entre palmas benditas y olivos
Un grupo de niñas, con túnicas, velos y ramas de palma, precede el paso de Jesús montado a lomos de una burrita.

Los actos litúrgicos del Domingo de Ramos representan el inicio de la Semana Santa. Jesús montado a lomos de una burrita para entrar en la ciudad de Jerusalén mientras era aclamado por la muchedumbre. Jesús de Narareth sabía ya que faltaba poco para unirse al Padre, para sufrir la pasión y su muerte, pero también la resurrección. Esto es lo que cuentan los Evangelios y ayer un año más fue conmemorado en la ciudad de La Laguna, aunque en esta ocasión, quizás por el frío y el viento de una mañana desapacible, había muy poca gente en la calle acompañando al paso durante la procesión, que salió de la Catedral, sobre las doce del mediodía y adonde regresó poco más de una hora después.

La celebración del Domingo de Ramos, no obstante, se inició a las diez de la mañana, en el Convento de Santa Catalina con la lectura del Evangelio y una breve reflexión por parte del obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez.

"Jesús es el Señor de nuestras vidas, eso es lo que celebramos hoy", afirmó el prelado para invitar luego a los feligreses a meditar sobre varias preguntas que formuló: "¿En qué Cristo creemos? ¿Por qué estamos aquí en esta mañana portando ramos y olivos? ¿Qué significa Jesús en mi vida? Tras estas cuestiones, Bernardo Álvarez bendijo las ramas de palma y de olivo que llevaban los fieles para luego dar inicio a la procesión litúrgica en la que participaron hermandades y cofradías hasta llegar a la Catedral, para luego dar inicio a la solemne eucaristía de este Domingo de Ramos.

En la homilía, el obispo prolongó la reflexión que había iniciado en el Convento de Santa Catalina, y se centró en otra cuestión: "¿A qué Cristo seguimos? ¿Qué Mesías?", preguntó a los fieles en el interior del templo. Para ayudar a reflexionar y responder a estas preguntas, el obispo expuso algunos contrastes centrados en los olivos de hoy y los de Getsemaní hace de dos milenios. "Un Jesús –dijo– que aceptó las aclamaciones de esta jornada, pero que se muestra como Mesías Siervo, débil e impotente, humanamente hablando". "Su poder es el perdón y la misericordia, la donación de si mismo, la confianza en el Padre, la paciencia y el silencio ante el triple juicio al que iba a ser sometido", expuso Álvarez.

En este sentido, en el marco del Jubileo de la Misericordia que está viviendo la Iglesia, el prelado Nivariense señaló que "toda la pasión está enmarcada en el perdón y la misericordia". El obispo concluyó volviendo a invitar a los feligreses que se encontraban en el interior del primer templo de la Diócesis Nivariense a plantearse en "qué tenemos que convertir nuestro concepto de Dios y cuál es la mirada que tenemos ante la Pasión de Jesús". Antes de invitar a los presentes a salir a la calle para acompañar al paso de Jesús de Nazareth ala entrada de Jerusalén, el obispo advirtió: "Llevad eso ramos, esas palmas y olivos, no como amuletos, sino como señal de esperanza, de perdón, de misericordia y de bendición".

Un grupo de niñas ataviadas con túnicas y velos precedía al paso con la imagen de Jesús a lomos de una burrita. Los reunidos a las puertas del pórtico principal de la Catedral se persignaban al ver asomarse la figura del Mesías. Muchos de ellos evidenciaban la fe que le profesaban a esta imagen por lo que simboliza mientras que otras personas pedían salud y paz en el mundo.

La figura de Jesús que recorrió ayer las calles de La Laguna fue, en origen, un Cristo Predicador tallado a mediados del siglo XVIII por el escultor y pintor lagunero José Rodríguez de la Oliva. Con la fundación de la Cofradía de la Entrada a Jerusalén, en agosto de 1961, los hermanos decidieron transformar el antiguo paso, que representaba la conversión de María Magdalena y tradicionalmente salía en procesión el Domingo de Ramos por la tarde. Fue entonces cuando Ezequiel de León talló el resto de imágenes que hoy completan la escena que muestra a Jesús, sobre su burrita, y que recuerda el momento de su entrada triunfal a la ciudad santa.

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