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Quién es quién en el callejero

La bella guanche de la lanza

El barrio de La Salud honra con una vía a la princesa Guacimara - Cuentan algunas leyendas que se suicidó cuando los castellanos lograron conquistar la Isla y otras que envejeció feliz

17.03.2016 | 10:07
La calle Princesa Guacimara, ubicada en el barrio chicharrero de La Salud.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy es el turno de la princesa guancha Guacimara. La joven cuenta con una calle en La Salud que homenajea la valentía que demostró durante la conquista castellana.

La leyenda cuenta que la princesa Guacimara murió durante la conquista castellana de Tenerife. Otras fuentes dicen que su amor por Ruimán fue más fuerte que cualquier otra cosa y que sobrevivieron a la llegada de los invasores, fueron bautizados, envejecieron y murieron en la Isla que los había visto nacer y por la que sentían tanto amor. Sin embargo, hay una cosa en la que coinciden todas las historias que giran alrededor de esta joven guanche y es en su belleza y valentía. Sea como fuere, Santa Cruz de Tenerife decidió dedicarle una calle, situada en el barrio de La Salud, puesto que lo que sí dejan claro las crónicas de la resistencia guanche y la conquista es que la princesa vivió en lo que hoy es la capital de la Isla, en la zona de Anaga.

De este modo, Guacimara es el nombre que recibía la hija del mencey de Anaga, Beneharo. La joven aparece por primera vez como uno de los personajes del poema épico Antigüedades de las Islas Afortunadas, de Antonio de Viana, publicado en el año 1604. Más tarde también escribirían sobre Guacimara otros autores como Tomás Arias Marín de Cubas o José de Viera y Clavijo. De este modo, existen diferentes versiones sobre cómo estaba compuesta su familia y lo que les ocurrió a cada uno de ellos.

El poeta de Antonio de Viana relata que Guacimara era hija del mencey Beneharo, aunque otros dicen que su padre era Raito. Mientras Viana habla de que era la única heredera del mencey, el médico Juan Bethencourt Alfonso añade que tenía otros dos hermanos: un varón, que al bautizarse tomó el nombre de Enrique, y Guajara, quien se convirtió en la esposa del caudillo Tinguaro.

El poema de Antonio de Viana relata que, poco antes de la llegada de los conquistadores castellanos en 1494 a Tenerife, el mencey Beneharo había enviado una comitiva ante el gobernante de Taoro, Bencomo, con quien estaba enemistado , para tratar terminar con sus conflictos. El mencey de Anaga le entregó en aquella ocasión a Bencomo un retrato de su hija Guacimara. En respuesta, Bencomo le entregó otra imagen de su hijo Ruymán. Cuando los dos jefes les enseñaron las imágenes a sus hijos, ambos quedaron prendados del otro al instante.

Sin embargo, Beneharo prometió a otro la mano de Guacimara. Así, Tinguaro debía vencer a los castellanos para poder casarse con la joven y bella princesa. Logró el objetivo puesto que derrotó a los conquistadores en la matanza de Acentejo, pero cuando llegó a Anaga para encontrarse con Guacimara, esta había escapado junto a Ruymán. Ambos salieron de sus hogares disfrazados de pastores y establecieron su residencia en la zona que hoy ocupa Punta del Hidalgo tras encontrarse en mitad de un largo viaje por las montañas de Tenerife.

Cuando finalizó la conquista castellana de la Isla, los dos jóvenes príncipes fueron detenidos por los castellanos y conducidos ante el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, quien los entregó a Bencomo. En un principio no fueron reconocidos y, puesto que creían que eran pastores y habían quebrantado las leyes establecidas tras la derrota guanche, fueron condenados a morir. Sin embargo, en el último momento, los guanches encontraron los retratos de los jóvenes príncipes y los reconocieron. Así, se anularon las ejecuciones y la pareja acabó casándose tras ser bautizados, momento en el que Guacimara adoptó el nombre de Ana.

Sin embargo, existe otra leyenda sobre la vida de la princesa guanche Guacimara. Hay crónicas que cuentan que la joven participó en las luchas contra los conquistadores españoles que intentaban desembarcar en las playas de Añaza. Según esta historia, la joven era una gran luchadora y fue conocida por su destreza con la lanza. Cuando los españoles intentaron hacerla prisionera ella prefirió suicidarse, arrojándose desde los acantilados. Este suicidio representó su amor por la libertad.

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