La decadencia de un referente turístico

Ten Bel: Un panorama apocalíptico

El lugar turístico de referencia de los 80 es hoy una zona cochambrosa, que parece un escenario de 'The walking dead'

14.03.2016 | 12:57
Ten Bel: Un panorama apocalíptico
Ten Bel: Un panorama apocalíptico
Ten Bel: Un panorama apocalíptico

Desolado, tomado por la basura y el vandalismo, desértico. El complejo turístico de Ten Bel, en Las Galletas, no es ni la sombra de lo que un día fue. Donde antes reían y jugaban las familias hoy solo queda un parque que huele a chamuscado. Hay instalaciones que son una ruina, decoradas con grafitis y cristales rotos. Y las pistas de tenis donde los guiris mostraban su mejor revés son ahora un terraplén lleno de residuos y mala hierba. Hay rincones que serían el escenario perfecto para rodar una película apocalíptica. Algunos parecen sacados de la serie The walking dead.

Ten Bel, cuya denominación viene de la yuxtaposición de los nombres Tenerife y Bélgica, dada su situación en Tenerife y la nacionalidad de su propietario original, un belga, fue el primer destino de vacaciones de miles de belgas que aterrizaban en la Isla en busca de sol y salitre, el sitio donde los jóvenes tinerfeños se iniciaron en eso de llevar de vacaciones a la novia -su bajo precio les permitía invitarlas- y el complejo preferido por las familias canarias para disfrutar de la piscina, las atracciones, la música y el buen ambiente apropiado para todas las edades. Hoy es solo recuerdo.

La mítica torre que reza en lo alto Ten Bel ya no funciona. Solo su aspecto espanta. Hay poco ambiente aunque algún turista entra y sale del complejo con la toalla al hombro y las cholas puestas. Hablan en inglés. "Somos pensionistas. Tenemos un piso aquí y disfrutamos del sol. En nuestro país hace mucho frío", afirma una de las extranjeras más charlatanas, ajena a lo que era y lo que es este lugar.

Una oficina anuncia la venta de apartamentos. Nadie los podrá comprar ya que el local está destrozado. Los cristales rotos llegan a la calle y los botellines de basura y restos de comida se apilan en las esquinas. Un poco más adelante se vislumbran los primeros apartamentos. Algunos muestran un aspecto algo más cuidado; otros, simplemente, son cadáveres.

El parque infantil del complejo, el antiguo Demon Park, aún presenta un grupo de palmeras quemadas, fruto del incendio que se originó en la zona el pasado fin de semana. Nada queda del trenecito que hacía las delicias de los más pequeños, tampoco de la cabaña para jugar a las pistolas o el tiro con arco. Una residente que pasea por la zona, Angela Méndez, asegura: "Recuerdo venir aquí con mis sobrinos. Esto está fatal y por la parte de atrás, que está más escondida, es aún peor. Da mucho lástima ver en qué ha acabado".

A la derecha, las canchas de tenis de la urbanización tienen sus puertas abiertas. Las líneas ya están desdibujadas y los hierbajos crecen aquí y allá. Un vecino que trota por la calle, Jorge Alayán, asegura que "hay inseguridad y vandalismo". "Lo del incendio podía haber sido mucho peor porque por esas zonas no hay ni iluminación y por la noche se está volviendo algo peligroso", revela el residente.

El camino continúa por varios locales que antes rebozaban ambiente, como La Ballena, que con su Noche Latina era todo un referente para mover la cadera. Alayán afirma que "los bares estaban muy bien". "Los jóvenes salíamos por aquí. Nos quedaba muy cerca y no teníamos que irnos lejos para pasarlo bien", añade el vecino.

Los pasos que comunican los complejos, antes llenos de jardines cuidados hasta el último detalle, ahora han caído en el olvido. En lugar de flores hay matorrales, parches, tierra y basura. Una de las pocas cosas que se mantiene en pie es la piscina. Aún algunos propietarios disfrutan de los rayos del sol en tumbonas cochambrosas por el paso del tiempo. La urbanización, de casi 80.000 metros cuadrados, continúa en la misma tónica. Apartamentos inconclusos en los lados, un entorno árido y sórdido, y carreteras que parecen no ir a ningún lugar.

Orígenes

Emplazado en la costa de Arona, junto a Las Galletas, en una zona ahora conocida como Costa del Silencio, Ten Bel fue creado por el belga Michel Albert Huygens. Su desarrollo fue progresivo. Comenzó por el primer complejo, al que llamó Carabela, pero a éste se sumaron otros siete: Eureka, Bellavista, Géminis, Drago, Frontera-Primavera, Maravilla y Alborada, que aún hoy conforman e intentan mantener la dignidad del conjunto de la construcción.

La urbanización llegó a tener 5.200 camas turísticas en su momento de máximo esplendor, en la década de los años 80. Ten Bel fue pionero del ocio en la Isla y contaba con el primer centro comercial del Sur, uno de los más modernos y prósperos de Canarias, donde había más de 70 establecimientos. El resort fue el máximo referente de aquellos maravillosos años.

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