Agricultura

Las papas bonitas quieren salir de casa

Los cosecheros de Icod el Alto recuperan y promocionan el cultivo de estas variedades de tubérculos exclusivas de Tenerife, mientras las administraciones trabajan para volver a exportar estos manjares

07.03.2016 | 11:27
Un agricultor de Icod el Alto (Los Realejos) trabaja en su huerta sembrada de papas bonitas.

Su sabor y textura son inconfundibles. Son el elemento imprescindible para un buen plato de piñas y costillas o de una cremosa ensaladilla y no hay ningunas como ellas para remojar en un mojo canario. Las papas bonitas, también conocidas como papas antiguas, son una distinción y una exclusividad de la agricultura y la gastronomía isleñas. Sin embargo, la competencia con los tubérculos que vienen de fuera, mucho más baratos y de menor calidad, la cuarentena a la que la polilla guatemalteca les tiene sometidas y el laborioso trabajo que su cultivo lleva detrás las está haciendo cada vez más invisibles.

La asociación de cosecheros de papa bonita y cultivos tradicionales de Icod el Alto trabaja para impedir que esto ocurra. Su objetivo, con el que nació hace ya seis años, es mejorar, recuperar y promover las papas bonitas. Ahora, además, cuentan con el apoyo de las administraciones públicas, que hace solos unas semanas anunciaban las líneas de defensa ante la Unión Europea y los organismo internacionales del Protocolo de exportación de las Papas Antiguas de Canarias para la eliminación de la polilla guatemalteca y conseguir así que este producto se pueda volver a exportar.

"Se puede vivir de la papa bonita pero necesitamos una buena planificación por parte de las instituciones que elimine la incertidumbre que los agricultores tenemos de dónde las podremos vender una vez cultivadas", reconoce uno de los socios de la asociación, Anatolio Luis Domínguez. El productor realejero afirma que su trabajo "es como jugar a la lotería cada día ". "Sabemos cuándo las sembramos pero no sabemos cuándo las recogeremos, si tendremos una buena cosecha o no, ni dónde los podremos colocar", detalla Domínguez, quien añade que "es una pena porque esta papa es única".

Domínguez y otro de los compañeros de la asociación, Francisco González, explican que este producto llegó a la Isla en el siglo XVI desde América. "Según recoge Jose de Viera y Clavijo, las primeras papas las trajo de Perú Juan Bautista de Castro por el año 1622", relata González. Icod el Alto fue el primer lugar donde se sembraron y donde, pasados cinco siglos, aún se mantiene la tradición. "Parece que nuestro clima es muy similar al de Perú con las brumas que solemos tener por la zona. Además, al igual que ellos, cultivamos en terrazas. Esos pueden ser algunos de los motivos que han hecho que la papa bonita se dé aquí mejor que en ningún otro sitio", detalla González.

Lo cierto es que hoy en día, la labor de agricultores como Domínguez y González es la que hace que aún se pueda disfrutar de este valioso producto. En su caso, llevan el amor por el campo en la sangre. "Nuestros padres y abuelos eran agricultores", revela Domínguez. Gracias a esta herencia, el cultivo de la papa bonita sigue estando vivo en Icod el Alto. "Mi padre me contaba que la gente se quedaba sin comer pero mantenían las semillas", relata el agricultor. Según el realejero, llegaban incluso "a pelar las papas bastante gruesas para luego poder sembrar las cáscaras y seguir con el cultivo".

Ahora, la situación es diferente aunque no deja de ser complicada. "Los jóvenes no quieren el campo porque no les da para comer", apunta González. Los agricultores sostienen que cada vez se siembra menos "porque es imposible competir con los productos que vienen de fuera". "Antes había lo que se llamaba periodos de carencia. Es decir, que hasta que no se vendían las papas de aquí no se importaban otras", recuerda Domínguez. Sin embargo, las cosas han cambiado. "Ahora vienen papas de Egipto muchísimo más baratas que las nuestras pero que no han pasado controles fisiosanitarios", destaca el productor.

En este sentido, los realejeros alarman de que "muchas veces se engaña al turista". "Les dicen que son papas de aquí cuando en realidad se están comiendo unas papas arrugadas de Egipto", afirma Domínguez. Por ello, una de los objetivos de su asociación es conseguir que hoteles y restaurantes apuesten por los productos locales. "Es una pena que haya más interés por las papas bonitas fuera de las Islas que aquí", señala el agricultor norteño.

Otro de los problemas con los que se encuentran los productores es el contrabando. "Hace unos meses se pudo ver un cartel que anunciaba papas bonitas a 25 euros el kilo en pleno centro de Madrid", recuerda González, quien añade que "nosotros no podemos exportar pero los hay que hacen su agosto con precios altísimos".

Pero, sin duda, el gran enemigo del tubérculo con denominación de origen de las Isla es la polilla guatemalteca. Esta plaga se adentró en el campo isleño a finales del siglo pasado procedente de Sudamérica y desde entonces ha impedido que las papas bonitas salgan de casa. "Esta polilla es muy mala de matar porque se mete dentro de la tierra. No hay veneno que acabe con ella", explica Domínguez. A su lado, González detalla que "empeora con el calor". "Algunos años hemos tenido hasta un 80 o 90% de la producción con bicho. Y así no se puede vender", aclara el realejero.

Para luchar contra esta plaga, los agricultores de Icod el Alto están utilizando una maceración a base de ajo y orégano. "Funciona como un repelente. No las mata pero hace que huyan de las papas", puntualiza Domínguez.

La siembra

Las papas bonitas cuentan con la peculiaridad de que solo se produce una cosecha al año, al contrario de la papa común, de la que se puede dar hasta tres cosechas. "Se trata de una producto de secano que tiene un ciclo de cultivo denominado largo, de entre cinco y seis meses", explica Domínguez. De las hasta 29 variedades que existen dentro de las denominadas papas antiguas de Canarias o papas bonitas, en Icod el Alto se siembran una decena: bonita negra, bonita blanca, bonita colorada, ojo de perdiz, llagada, azucenas blanca y negra, la colorada de baga, peluca o borralla.

Aunque la siembra se realizó a finales de enero, el trabajo de los agricultores comenzó mucho antes. "Lo primero que hacemos es preparar el terreno sobre los meses de septiembre y octubre", detalla González. Una vez el terreno está listo, se desgrelan las semillas para proceder a la siembra. "Al mes se realiza un arrendado es decir, allanamos la tierra y le quitamos algunas hierbas para que la papa salga con más facilidad", añade el agricultor.

Mes a mes

Los trabajos en el terreno continúan mes a mes según las inclemencias del tiempo y el tamaño que vaya cogiendo la papa. Entre julio y agosto, se recogen. "Hacemos una selección de papas pequeñas, medianas y grandes y además, separamos las semillas", relata Domínguez. Su salida: la venta interior. "Ahora mismo solo podemos colocarlas en el Archipiélago a precios de 2,50 el kilo para la pequeña, 3,50 para la mediana y 4,50 para la grande", apunta el agricultor.

Para conseguir una mayor venta, la asociación de cosecheros de Icod el Alto ha ideado unas cajas con diseños especiales que cada año varían. "Un buen envase da categoría y esta papa se lo merece", sostiene Domínguez. Además, cada caja lleva dentro algunos folletos informativos sobre el producto y hasta recetas para conseguir cocinar unas buenas papas arrugadas o un mojo en su punto.

Pero la asociación tiene más ideas. Una de ellas, que todavía están estudiando, consiste en celebrar un gastromercado. Según explica el productor, en este evento se podrán degustar y comprar productos. "La idea es traer a un cocinero local y otro internacional", añade Domínguez. Además, este colectivo realiza ferias, charlas y actividades educativas. Todo con el mismo fin con el que un día nació. "El de dejar de quejarnos y ponernos manos a la obra para salvar nuestro producto", concluye el agricultor.

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