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Santa Cruz

Un curandero, condenado a 2 años de cárcel y a pagar 109.000 euros a la mujer que estafó

El supuesto "brujo" convenció a la vecina de Santa Cruz, con una enfermedad mental, para que le comprara dos coches, viajes a la Isla y hasta un poder para vender su casa

05.03.2016 | 02:16

Un supuesto "curandero" de Cuenca tendrá que pagar una indemnización de 109.527 euros a una chicharrera por un delito de estafa. Así lo ha determinado la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife en una sentencia en la que también condena a este individuo a dos años de cárcel y una multa de 2.400 euros.

Todo empezó hace seis años, cuando Gregoria, una vecina de la capital tinerfeña, comenzó a llamar a una línea telefónica 806 relacionada con el esoterismo. A través de dicha línea conoció a una mujer que le ofreció los servicios de "curandero" de su hijo, Franco, un individuo nacido en Barcelona y con residencia en Cuenca, sin antecedentes penales. "Este, con el propósito de procurarse un ilícito beneficio económico, fue ganándose la confianza de Gregoria, solicitándole a cambio de sus servicios de curandero diversas cantidades de dinero que esta ciudadana le fue entregando", según se indica en la sentencia. Franco se desplazó en varias ocasiones desde Cuenca hasta Santa Cruz de Tenerife para hacerle a Gregoria "supuestos tratamientos de ciencias ocultas con el objetivo de curarla de los males que, según él, la aquejaban". Los gastos de estos viajes fueron sufragados por la chicharrera. Asimismo, le pagó diversas cantidades, entre ellas 1.900 y 1.500 euros, que transfirió a su cuenta.

El supuesto "curandero" convenció a Gregoria para que fuera a su domicilio en Cuenca. Una vez allí, "además de aprovecharse de ella para realizar diversas compras, consiguió también que esta adquiriera varios bienes que, supuestamente, iban a ser transmitidos a curanderos del extranjero con los que Franco había contactado". De esta manera, Gregoria le compró dos coches, un Volkswagen Touareg y un Mercedes, y una moto Susuki.

Para el Volkswagen, esta vecina de la capital tinerfeña tuvo que suscribir una póliza de préstamo mercantil por importe de 33.139 euros. El vehículo inicialmente se puso a nombre de Gregoria, pero luego fue transferido a la mercantil Tarot de Saray, Sociedad Limitada, que pertenece al condenado. Para el Mercedes Benz, Gregoria suscribió una póliza de préstamo por importe de 22.463 euros. La moto costó 9.046 euros.

Tras quedarse con estos vehículos, a continuación Franco convenció a Gregoria para que le otorgase un poder que le autorizaba para la venta de su casa, situada en Santa Cruz de Tenerife, "actuando con la intención de apropiarse del dinero de la venta", dice la sentencia. La chicharrera le otorgó dicho poder ante notario. El supuesto "curandero" vendió la vivienda y la plaza de garaje por un importe de 125.000 euros, de los que 69.922 se destinaron a amortizar el préstamo hipotecario suscrito por la perjudicada con el BBVA, 3.000 euros correspondieron a la comisión de la inmobiliaria, 200 euros los retuvo la mercantil compradora y los 51.878 euros restantes se los llevó el condenado en un cheque nominativo a su nombre. En total, el perjuicio económico causado por Franco a Gregoria a resultas de los hechos anteriores ascendió a 109.527 euros.

Según se señala en la sentencia de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Gregoria padecía un trastorno mental catalogado desde un punto de vista psiquiátrico como "trastorno de ideas delirantes, forma poco frecuente de psicosis caracterizada por la presencia, casi como único síntoma, de un delirio bien sistematizado y monotemático". En el caso de esta vecina chicharrera, "se aúna con un conjunto de creencias culturales muy arraigadas (ciencias ocultas, brujería)".

En concreto, su patología psiquiátrica se manifiesta en trastornos delirantes que relaciona con magia negra o energías negativas que supuestamente dos vecinas suyas proyectan en su contra y que tiene constantemente que compensar acudiendo los servicios de "magos" o "curanderos".

El fallo judicial establece que el contenido delirante está estrechamente relacionado con sus creencias culturales, ideas respecto a las que tienen una especial sensibilidad y a las que otorga una clara hipervaloración, que deforma y a las que va añadiendo sucesivas interpretaciones falsas. Por este motivo, "sus interpretaciones la hacen especialmente vulnerable, ya que sus propios delirios la convierten en una persona fácilmente manipulable". "También tiene defectos en el plano volitivo, con falta de iniciativa y espontaneidad para tomar decisiones en distintos planos, que la limitan para aquellos asuntos que requieren una elaboración y planificación como la realización de gestiones bancarias o la administración y gestión de su patrimonio. Tales padecimientos eran conocidos y fueron aprovechados por el acusado de forma consciente y deliberada para doblegar y viciar su consentimiento mediante el engaño", se indica en la sentencia.

Franco le hizo creer, dice el fallo judicial, que era preciso adquirir bienes para entregarlos a otros "magos" y "curanderos" internacionales que la ayudarían a resolver sus problemas, y le hizo creer que era necesario que le otorgase un poder para vender su casa, "con el resultado final de la pérdida de la práctica totalidad de su patrimonio". El supuesto "curandero" alegó durante el juicio que su única intención era tratarle su "desanimación" porque "la señora se encontraba puntualmente deprimida". Finalmente, el Juzgado ha condenado a Franco a indemnizar a Gregoria por estafa. El psiquiatra de esta chicharrera ha logrado instaurar y aplicar un tratamiento farmacológico que le permite llevar una vida normal.

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