Un recorrido por la historia

264 años de puntualidad inglesa

La torre de la Catedral esconde uno de los relojes mecánicos más antiguos de Canarias

29.02.2016 | 17:20
264 años de puntualidad inglesa

La primitiva parroquia de Los Remedios, sobre la que se levantó la Catedral, tuvo el primer reloj público de Canarias. Se instaló en 1529 a petición del Cabildo, que por entonces tenía su sede en La Laguna. Dos siglos después llegó de Londres el imponente reloj que sigue coronando hoy la torre del templo. Fue en junio de 1751, lo que lo convierte en el más antiguo del municipio y uno de los más viejos de Canarias.

Luis Balbuena y Avelino Moreno, miembros de la Unidad de Relojes Históricos (RUH) de la Fundación Cicop, no tienen constancia de que haya un reloj mecánico en funcionamiento más antiguo que este en las Islas. Así lo expresan mientras recorren la exposición Medir el tiempo. La mecánica de los relojes, que inauguraron el pasado jueves en el antiguo convento de Santo Domingo y que podrá visitarse de forma gratuita hasta el 18 de marzo de lunes a viernes de 10:00 a 13:00 y de 17:00 a 20:00 horas y los sábados de 11:00 a 14:00 horas. La muestra recopila la historia de estos dispositivos desde la antigüedad hasta el siglo XX con reproducciones de los artilugios más primitivos, una amplia colección de piezas originales, la mayoría de conventos, iglesias y centros de enseñanza laguneros, y didácticos paneles que dan cuenta de los avances tecnológicos que se dieron a lo largo de los siglos para que estas máquinas atraparan el tiempo sin retrasarse un segundo.

Los tres relojes más antiguos de La Laguna son el de la Catedral, el de la iglesia de Tejina y el que había en el Instituto Cabrera Pinto, que ha sido recientemente restaurado y ahora se exhibe en su museo pero que durante estos días puede verse en la muestra. Balbuena y Moreno son de los pocos que han podido entrar en la torre de la Catedral para ver las entrañas de la compleja maquinaria del siglo XVIII diseñada y hecha totalmente a mano por el relojero inglés John Ellicot. Avelino Moreno, de la RUH, asegura que este era uno de los profesionales más destacados de la época. Trabajaba para el rey Jorge III de Inglaterra y como científico hizo interesantes aportaciones para que los relojes de péndulo y de bolsillo tuvieran mayor precisión. El encargado de comprarlo en Londres fue el comerciante holandés afincado en La Laguna Guillermo Sebastián Van den Heede -su casa de la calle San Agustín es una de las más protegidas del casco-. El reloj costó 5.040 reales, aunque el gasto total, incluyendo el traslado, el desembarco y la campana que lo acompañaba, se elevó hasta los 14.141 reales, una cifra cuantiosa para esos tiempos.

Su instalación no estuvo exenta de polémica. Muchas voces se alzaron al considerar que algo tan importante para la vida cotidiana debía estar en la iglesia de La Concepción, que tenía una torre más alta, lo que aseguraba que las campanas se escucharan mejor desde toda la ciudad. Superado el debate, el plan siguió su curso. En la actualidad, La Concepción tiene un reloj electrónico que se controla de forma remota por internet. Su reloj histórico fue desguazado y está almacenado en cajas que la URH esperan examinar pronto para restaurarlo.

Mientras esa máquina espera que la rescaten del olvido, las manecillas de la Catedral avanzan imparables por la esfera regada de números romanos con la misma fuerza de siempre. "Es normal que siga funcionando porque antes los relojes se hacían para durar toda la vida", recalca el restaurador del Cicop Avelino Moreno.

Cada 30 horas hay que darle cuerda para que sus pesas de piedra, que cuelgan por el hueco de la escalera, hagan girar los engranajes. El encargado de subir cada día a la torre es el sacristán, José Domingo Torres. Gracias a su constancia, las campanas repican cada día a todas las horas en punto y las medias horas, entre el mediodía y las diez de la noche. Hace 265 años, cuando la vida era más reposada y nadie llevaba la hora atada a la muñeca ni a la pantalla del móvil, aquellas campanadas eran una guía imprescindible. Hoy, son un recuerdo nostálgico de aquella época aunque también siguen alertando de que el tiempo se esfuma, no siempre a la velocidad que sería deseable.

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