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Crónica

El fin del mundo

Los portavoces de los partidos y vecinos del pueblo protagonizan una auténtica trifulca

13.02.2016 | 19:48

La Victoria ya conoce el fin del mundo. Fue un día frío y amenazado por la lluvia, pero más de 100 vecinos decidieron desafiar el tiempo para defender cada uno de sus bandos. Era lo esperado, de ahí que el Ayuntamiento incluso pusiera una pantalla de plasma a la entrada del edificio para que las decenas de personas que no pudieron entrar al Salón de Plenos por falta de espacio no se perdieran la batalla. Fue una lucha encarnizada entre los protagonistas, hasta el punto de perder todo tipo de respeto institucional y de armar una auténtica trifulca en la que, incluso, se metieron algunos de los ciudadanos.

Esa fue la estampa que se vivió ayer en el municipio durante la hora que duró la moción de censura contra el edil no adscrito, Fermín Correa, que además fue expulsado del Partido Popular (PP) por pactar con los socialistas incumpliendo así la alianza firmada con los nacionalistas, quienes ahora han recuperado el control gracias a la "traición", según el ya exalcalde, del que fuera su compañero de formación, Leopoldo García. Este apoyó el proceso de ahora a favor de Coalición (CC), pero también la alianza con el grupo de la rosa roja, y no solo sigue bajo las siglas de la fuerza conservadora por su "carácter disciplinado", tal y como él defendió, sino que demás ha entrado en el nuevo Ejecutivo. Todos estos ingredientes hicieron de la sesión un auténtico espectáculo. Arrancó a las 12 de la mañana en un salón diminuto escoltado por la Policía Local. Decenas de vecinos se agolparon allí y algunos de ellos gritaban a favor o en contra de cada uno de los portavoces que intervinieron mientras estos, a su vez, soltaban reproches e insultos en el sentido correspondiente. A su vez, las otras decenas de ciudadanos que tuvieron que ver el pleno desde la plaza también hicieron lo propio cuando escuchaban a los representantes políticos.

De ellos, el más vehemente fue Fermín Correa, quien no se cortó a la hora de llamar "golfo" al que fuera su socio de Gobierno en el mandato pasado y ahora otra vez alcalde, el nacionalista Haroldo Martín. Este último, optó por dar una imagen catastrofista, al advertir de la "parálisis total" que había sufrido el municipio en los solo ocho meses de gestión del derrocado y los socialistas, e incluso algunos del público compartieron este mismo parecer.

Sea como fuere, se trataba al fin y al cabo de los argumentos, muchos de ellos fuera de lugar, que los distintos bandos utilizaron para justificar o rechazar la censura, pero se olvidaron de un detalle importante: que con ella no ha sido ni será el fin del mundo para La Victoria.

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