La Laguna

20 años en alerta contra el fuego

La Asociación de Bomberos Voluntarios de La Laguna que pusieron en marcha cinco amigos en 1996 tiene hoy 28 miembros que trabajan de forma altruista

31.01.2016 | 10:36
20 años en alerta contra el fuego

Los grandes incendios forestales que se produjeron a principios de los años noventa llevaron, en 1996, a cinco amigos a crear la Asociación de Bomberos Voluntarios de La Laguna. Uno de ellos era Emilio Prieto, su actual presidente, y el único del grupo de fundadores que aún sigue trabajando de forma altruista. En la actualidad, el parque tiene 28 miembros. Entre ellos hay arquitectos, conductores profesionales, cerrajeros, ingenieros agrícolas, visitadores médicos, mecánicos, informáticos, técnicos en emergencias y otras muchas profesiones. Constituyen un colectivo de lo más heterogéneo que funciona con el único objetivo de servir a la sociedad, incluso poniendo en riesgo su propia integridad. "Por ayudar lo arriesgamos todo", admite Prieto.

Cuando las llamas disparan una alerta, los voluntarios laguneros lo dejan todo. Están integrados dentro del Consorcio de Bomberos de Tenerife junto a los cinco parques profesionales y los otros ocho de voluntarios que hay repartidos por la Isla. Están operativos las 24 horas pero solo hacen guardia presencial por turnos los fines de semana. Empiezan los viernes por la noche y pasan todo el sábado y domingo en el parque en grupos de cuatro hombres, siempre listos para hacer una salida inmediata en caso de emergencia. El resto de los días están localizables a través de sus móviles y garantizan que en 20 minutos un vehículo y un equipo parta de Geneto, donde tienen su sede, hacia donde haga falta. Su área habitual de cobertura se extiende 25 kilómetros cuadrados por los municipios de Santa Cruz, La Laguna y El Rosario. En caso de que haya un suceso relevante, el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (CECOES) 1-1-2 del Gobierno de Canarias puede solicitar su apoyo para cualquier punto de la Isla. "Se nos exige más a nosotros que a un profesional. El compromiso es máximo y nada puede fallar. No podemos decir que el camión no arrancaba", asegura Prieto.

Por eso trabajan constantemente para tener todo siempre a punto, desde las reservas de café y de comida en su sede hasta el pago de los impuestos o la ITV de sus vehículos. Con su engranaje a punto, un reglamento interno que regula detalladamente su labor y una organización interna jerárquica, en la que todos entienden que debe primar la disciplina, han logrado convertirse en uno de los cuerpos de bomberos con más actividad de Tenerife. Según las estadísticas del Consorcio, son el tercer parque, de los 14 de la Isla, que más emergencias atendió el año pasado. Su actividad cotidiana gira en torno a incendios, ya sean de viviendas, rastrojos o contenedores, aunque también realizan excarcelaciones en accidentes de tráfico, rescates y vigilancia forestal.

El parque lagunero está hermanado con otro alemán desde hace 17 años. Cada año, en el mes de julio, un grupo de tinerfeños se paga los 300 euros que sale el pasaje y pasa una semana allí recibiendo formación. Uno de los que ha vivido esta experiencia es Fernando Izquierdo. Tiene 37 años y lleva 12 siendo voluntario. Es visitador médico, ultrafondista y coordina uno de los grupos en los que se organiza el equipo lagunero. "Cuando voy a Alemania y veo todo el equipamiento que tienen allá y que el pique entre profesionales y voluntarios no existe, como aquí, da un poco de envidia", asegura.

Quien posibilitó el acercamiento con Alemania es Miguel López Faller, el segundo voluntario más veterano en la asociación lagunera después de Prieto. De madre alemana, ha pasado diez años en ese país trabajando como bombero voluntario. De hecho, él consiguió, en 1997, que sus compañeros alemanes donaran a La Laguna un camión bomba urbano y pesado. Para evitar trámites se lo vendieron por unos simbólicos 200 francos. Después de un total de 44 años en servicio, el camión ya está listo para jubilarse y la asociación está buscando ayudas para reunir los 200.000 euros que le costará comprar uno nuevo, que se una a los otros cuatro vehículos que tiene el parque de San Miguel de Geneto.

Según detalla Miguel, el sistema alemán es "muy distinto" al español. "Ahí los bomberos voluntarios tienen un gran reconocimiento social y las empresas permiten que sus empleados dejen su puesto para acudir a una emergencia. El Ayuntamiento ofrece retribuir ese tiempo pero las empresas nunca lo piden. Se sienten orgullosas de que sus empleados colaboren. Aquí somos unos apestados", lamenta.
Los voluntarios sienten que la sociedad solo los valora cuando la tragedia cobra una envergadura colosal, como sucedió durante la tormenta Delta, de 2005, o el incendio del Obispado Nivariense, en 2006.

Juan José Fajardo tiene 42 años, es chófer de Titsa y uno de los ocho conductores que tiene el parque de San Miguel de Geneto. Fue uno de los primeros en llegar a la calle San Agustín el fatídico 23 de enero de 2006, cuando las llamas devoraron el Palacio Salazar. Estuvo 24 horas consecutivas trabajando. "Fue algo que me impactó mucho. A las cinco horas de desatarse, el fuego se hizo incontrolable y la prioridad fue que no se extendiera a otras casas".

Trabajar en emergencias, admite, "marca mucho". "A veces estás tranquilo con los compañeros y de pronto sales a una emergencia y te encuentras con un accidente en el que fallece una persona. Siempre es duro ver eso y más aún cuando es alguien joven. Agradezco a Dios que hasta hoy no me he encontrado a ningún niño y espero que nunca me pase", reconoce mientras su compañero Sergio Manuel Canino asiente al escucharlo.

El Delta fue, sin duda, el mayor desafío al que se enfrentaron. Miguel López Faller rescató a una mujer muy mayor, del barrio de El Rocío, que se negaba a dejar su casa sin sus mascotas. "Tuve que nadar para sacar a los cuatro perros que tenía en el patio y a ella. Cuando los sacamos, el agua reventó las puertas e inundó toda la casa. Si llegábamos cinco minutos más tarde se hubiera ahogado", destaca.
La dantesca estampa que se encontraron en las calles ha quedado grabada en todo el equipo. "Aquellos días los pasamos con los ojos llenos de lágrimas. Íbamos con el camión y la gente se metía delante y pidiendo que los ayudáramos", recuerda Prieto.

En aquel momento, "teníamos muchas carencias", admite el ingeniero agrícola José Bernardo. Poco a poco fueron equipándose. En la actualidad, un 90% de su financiación proviene del Consorcio de Bomberos. El 10% restante lo obtienen trabajando en rallies, fiestas de la espuma y otros eventos. También tienen 125 socios que colaboran con su asociación y administraciones locales, como el Ayuntamiento de La Laguna, les otorgan ayudas con las que pagan el alquiler de la nave en la que tienen su sede y renuevan sus equipos.

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