Quién es quién en el callejero

El exiliado que trajo la riqueza

La calle Enrique Wolfson honra al empresario de origen ruso que llegó a la capital a principio de siglo

30.12.2015 | 19:13
El edificio que mandó construir Enrique Wolfson hace más de un siglo en la capital chicharrera y que hoy alberga las Escuelas Pías.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Enrique Wolfson, cuyo nombre corresponde al hombre que mandó construir el edificio que hoy alberga un emblemático colegio de la capital, las Escuelas Pías.

Enrique Wolfson Ossipoff nunca imaginó que el lujoso palacio que mandó construir a las afueras de Santa Cruz de Tenerife para residir con su esposa se convertiría primero en un hotel y luego en uno de los centros educativos más emblemáticos de la capital tinerfeña. Este curioso personaje salió huyendo de su Rusia natal, a finales del siglo XVIII, de las persecuciones contra los judíos y recaló en la Isla por pura casualidad tras conseguir la nacionalidad británica. Fue en la capital donde destacó como empresario.

En la capital de Tenerife vivió durante muchos años y su trabajo y pasión quedaron en la memoria de los chicharreros muchos años después de su muerte. Como forma de honrar la valiosa labor que desempeñó a lo largo de su vida y la inigualable herencia arquitectónica que dejó tras de sí, el municipio le concedió una calle con su nombre. Esta vía, ubicada muy cerca de las Escuelas Pías, descendiente del edificio que el ruso Enrique Wolfson mandó construir hace más de un siglo, pasa hoy desapercibida para muchos, pero aún mantiene parte de la magia que cubrió a este personaje.

El judío de origen ruso, nacionalizado inglés, Henry Wolfson Ossipoff llegó a Tenerife junto a su mujer, Jane Mariner por pura casualidad, puesto que su intención era continuar su viaje hacia Sudáfrica. Desde el principio se labró una respetable carrera como empresario y a muchos les gustaba clasificarlo con el término "aventurero".

En Tenerife, compró tierras en el sur para cultivar tomates y fundó la primera empresa de alumbrado de gas de Santa Cruz. Así, sus contactos en Inglaterra hicieron que despuntase en todas sus empresas y, de hecho, también es reconocido como uno de los primeros exportadores de tomates canarios a Londres. Con esta actividad acumuló una verdadera fortuna. Además, fue nombrado varias veces presidente del Club Británico de la ciudad e, incluso, fue miembro de la junta rectora de la iglesia protestante que existía en la capital a finales del siglo XIX. Asimismo, constituyó la Compañía de Navegación de Tenerife.

Tras años de trabajo en la Isla, Wolfson mandó edificar un palacio en uno de los emplazamientos privilegiados de la ciudad, donde se podía disfrutar de unas bellas vistas. Sin embargo, nunca llegó a residir en esta mansión de estilo victoriano. Y es que Jane Mariner murió poco después de dar a luz a su único hijo y tan solo cuatro años más tarde haber contraído matrimonio con el empresario Enrique Wolfson.

La joven murió a causa de haber tomado leche de cabra en mal estado y, tras su fallecimiento, el ruso se trasladó a su otra vivienda de la calle Castillo. Fue en ese momento cuando transformó su palacio en el Hotel Quisisana. Lo denominó de este modo porque era un nombre que estaba de moda en Italia en aquellos años y que se relacionaba con la actividad de la salud y el reposo.

Sin embargo, las dos grandes contiendas mundiales y el inicio de la Guerra Civil española terminaron por provocar la ruina y el cierre del establecimiento, que pasó a ser propiedad de la Junta Insular de Turismo, dependiente del Cabildo de Tenerife. Así, años más tarde, el edificio experimentó una segunda transformación de la mano de los escolapios. Fueron ellos los que convirtieron aquel edificio victoriano en uno de los centros educativos más emblemáticos de Santa Cruz de Tenerife: las Escuelas Pías.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine