Quién es quién en el callejero

La calle de un pintor universal

El Greco, que da nombre a una vía en el entorno del parque de La Granja, se especializó en retablos y retratos

11.12.2015 | 18:27
La calle El Greco es residencial a pesar de encontrarse casi en el centro de la ciudad.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a El Greco, el pintor griego que culminó su carrera en Toledo. Destacó por sus pinturas en retablos de iglesia y por su capacidad para hacer retratos.

El Greco fue pintor durante toda su vida. Destacó por saber captar lo mejor de sus artistas contemporáneos, llegando a convertirse en todo un símbolo por su capacidad de adaptación. Fue capaz de desarrollar un estilo personal, que centró sus trabajos durante la última etapa de su vida mientras residía en Toledo. El municipio de Santa Cruz le rinde su particular homenaje con una vía en su callejero. Está junto al parque de La Granja y cruza con la Avenida Bélgica. Junto a ella estuvieron durante años los multicines que recibieron también el nombre del pintor. Su presencia le dio vida a toda esta zona durante décadas.

Aunque en España y en el mundo entero se le conoce como El Greco (el griego), su nombre real fue Doménikos Theotokópoulos. Nació en Candía en 1541. Hasta que cumplió los 26 años residió en Creta. Después, se trasladó a Italia, primero a Venecia y después a Roma. En 1577 se estableció en Toledo, donde vivió y trabajó el resto de su vida hasta que murió en 1614. Durante toda su trayectoria desarrolló diferentes estilos, aprendiendo de cada uno de los maestros con los que convivió en sus diferentes viajes. Él también enseñó lo que aprendió durante años de los diferentes estilos con los que se impregnó en sus viajes. Estudió a Miguel Ángel y también el estilo de Tiziano y Tintoretto.

La mayor parte de sus obras tienen que ver con pinturas religiosas, aunque durante la última etapa de su vida los retratos cobraron especial importancia. Realizó muchos cuadros para instituciones religiosas, incluyendo lienzos de grandes dimensiones que después en los retablos de iglesias. Cuando llegó a España, pintar en retablos era la manera principal de decorar en los templos. El Greco instaló un taller donde se llegaron a realizar todas estas labores. Además, participó de forma activa en el diseño arquitectónico de varios retablos.

De hecho, nada más llegar a España, se encargó de dar forma al retablo de Santo Domingo el Antiguo, donde se construía en ese momento una nueva iglesia. Nunca se había enfrentado a un trabajo similar, con pinturas de dimensiones tan grandes. El resultado fue reconocido, otorgándole fama de forma inmediata. En total eran nueve lienzos, siete en el retablo mayor y otros dos en dos altares laterales. De ellos hoy sólo quedan tres pinturas originales. Las demás han sido vendidas y sustituidas por copias. El Expolio de la catedral de Toledo, el retablo de la iglesia del colegio seminario de la Encarnación de Madrid o la capilla mayor del Hospital de la Caridad de Illescas, también en Toledo, son algunas de sus obras más conocidas.

Retratos

Desde que llegó a Italia, El Greco destacó también por su destreza a la hora de realizar retratos. El Caballero de la mano en el pecho es uno de sus creaciones más importante en este apartado ya que se le considera un símbolo del caballero español propio de la época renacentista. La mayor parte de los retratos que pintó mostraron siempre el mismo estilo, con la colocación del modelo un poco ladeado, siempre de medio cuerpo y con el fondo neutro. La mayor parte de los que aparecían en ellos tenían la cara afilada, con rasgos muy marcados. El Caballero de la mano en el pecho es uno de los retratos españoles más conocidos en el mundo. Se encuentra en el Museo del Prado, en Madrid.

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