La Noche en Blanco

La magia de un 'show' aéreo con cotufas

El grupo hispanoargentino de acrobacias Puja fue la estrella de una velada con un inasible programa y a la que acudieron más de 100.000 personas

29.11.2015 | 01:57
Una estampa de la calle Herradores mientras pasaba una batucada y la marioneta gigante de un dragón chino.

El momento estelar de la Noche en Blanco lagunera, que cumplió ayer su séptima edición, fue sin duda el espectáculo aéreo que ofreció el grupo Puja, cuyos bailarines, ataviados con monos blancos, dejaron caer de sus sencillas mochilas una nevada de cotufas trituradas. Mágico. La compañía hispanoargentina trajo su show K@osmos, una delicia para la vista y el oído, pues la música con la que estos profesiones bailaban en el aire sujetos a una gran bola de hierro blanca era en directo. Lo único malo, el dolor de cuello con el que se habrá levantado más de uno hoy por no perderse ni un movimiento. Más de 100.000 personas consiguieron hacer cálidas las gélidas calles de Aguere para disfrutar del heterogéneo e inasible programa de la Noche en Blanco.

Este festejo comenzó con actividades familiares por la mañana, reuniendo en la Ciudad de los Adelantados a 87.000 personas. Los tinerfeños se pusieron sus mejores y más abrigadas galas para no perderse la señalada fecha, un imprescindible ya en sus agendas prenavideñas. A media que pasaba la tarde, las familias al completo, con carritos de los que colgaban globos de Peppa Pig o Minions incluidos, se iban sustituyendo por más parejas y grupos de amigos de todas las edades. Solo cuando había un espectáculo en medio se hacía difícil pasar por las concurridas calles peatonales, embellecidas con las recién encendidas luces navideñas, ya que la ciudad cada vez amplía más el ratio de acción para La Noche en Blanco, intentando dispersar a sus visitantes y que no se formen las ratoneras de las primeras ediciones.

Según datos del Ayuntamiento, aumentó un 50 por ciento el consumo en restauración, aunque también es cierto que el año pasado llovió más. "¡Tanto rollo y no tenemos dónde echarnos el cortado!", se quejó una señora en la Plaza Doctor Olivera ante la total ocupación de las terrazas.

El colapso también llegó, como cada año, a las calles laguneras, que por mucho aparcamiento que se habilite y por mucho que ponga de su parte el transporte público, nunca es suficiente para esta noche. Eso sí, sin una incidencia y con un gran nivel de seguridad, según el alcalde de la ciudad, José Alberto Díaz. " La Laguna tiene una marca propia, que es La Noche en Blanco, por mucho que se intente imitar", aseguró el nacionalista elevando el tono para hacerse escuchar entre la música de un concierto en La Concepción.

La pena para el resto de comercios es que muy poca gente paseaba con bolsas, signo que indica el bajo consumo en el resto de sectores. Y eso que los comercios lo dieron todo de sí, no solo abriendo hasta altas horas y ofreciendo descuentos, sino también con decoración navideña para La Noche en Blanco.

Era imposible abarcar todo el programa e incluso, por ejemplo, pretender encontrar los shows de que van por las calles. La mescolanza de actividades llegaba a confundir al paseante, que se podía encontrar desde un dragón chino seguido de una batucada hasta un fisioterapeuta haciendo en directo y al aire libre una ecografía en el hombro de una mujer. Surrealista. Lo mejor, definitivamente, es disfrutar de la noche y que sean los espectáculos los que encuentran al paseante de cuando en cuando. El cortante frío no impidió reír a carcajadas o aplaudir con cada espectáculo.

Fuera del programa, muchos artistas callejeros aprovecharon la ocasión: malabaristas de fuego y de bola contact, payasos, músicos, artesanos, pintacaras y globoflexia. También los estudiantes y scouts se sirvieron de la noche para vender dulces y golosinas. Tampoco faltaron los puestos de venta de los de nuevo tan de moda trompos. Eso sí, de plástico. Y bien que los disfrutaron los pequeños...
Quien también aprovechó la ocasión pero para un fin bien distinto, fue el partido político Ciudadanos, que tuvo en las calles a una decena de personas repartiendo folletos para dar publicidad al acto del martes de su líder, Albert Rivera, candidato a las elecciones generales, en la Isla.

Donde sí valía la pena pararse un rato era en la Galería de Arte Bronzo, en la calle Núñez de la Peña, desde cuyos escaparates se podía ver a la joven promesa canaria Daniel de la Guardia pintando un cuadro. Eran muchos los que se quedaban embelesados siguiendo los trazos con la mirada desde el cristal. "Mira, ese chico está pintando", le dijo con ternura un padre a la niña que tenía en los brazos, señalando al artista.

Otra de las gratas sorpresas se vivió en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife. Las cuatro ventanas de la fachada de la Casa Lercaro proyectaban imágenes de unos actores que contaban curiosidades sobre el edificio, invitando al paseante a entrar y descubrir por sí mismos los secretos del museo. "La chica está diciendo que entremos", dejó caer una mujer a su acompañante, haciendo caso de las invitación que hacía desde la ventana la actriz canaria Cristina Hernández Cruz, quien también estaba de cuerpo presente de blanco jugando por fuera del museo con las grandes iniciales MHAT. Estas cuatro letras también se proyectaban entre vídeo y vídeo en las cuatro ventanas.
Una imagen curiosa dejó la campaña de Danone en la Calle San Agustín. La carpa de la empresa canaria regalaba yogures Vitalínea a todo el que pasaba, con la consecuente acumulación de envases vacíos en las papeleras, que acabaron rebosando. Pasó a ser contenedor de desechos cualquier cosa: un saliente en la pared, una ventana, una valla... "Esto es como los candados de París pero con yogures", comentó un ingenioso joven, provocando la risotada de sus amigos.

Este año lo mejor y más esperado de la Noche en Blanco, aparte de la actuación de la cantante Soraya, era el espectáculo K@osmos del Grupo Puja. Una impresionante grúa de unos 50 metros de alto era lo primero que llamaba la atención del espectador al entrar en el aparcamiento junto al antiguo mercado, que linda con la Plaza del Adelantado. De la punta de este gran aparato colgaba una estructura metálica esférica de unos tres metros de diámetro. El espectáculo, que comenzó puntual, empezó con la subida al escenario de los músicos –teclados, bajo, batería, guitarra y voz–. Los acordes comenzaron a sonar muy suavemente en un estilo parecido al de Sigur Rós. Entonces, los ocho acróbatas –cuatro hombres y cuatro mujeres– subieron en fila, muy serios, al escenario central, separado del de los músicos por varios metros. La bola descendió ante ellos y comenzaron los juegos de arneses, las coreografías en el aire, la perfecta sincronización entre ellos y, en definitiva, la magia.

La música pasó del rock a la electrónica acompañando el delicioso in crescendo del propio espectáculos, donde las acrobacias cada vez eran más complicadas y rápidas. El momento más emotivo llegó cuando los bailarines, colgando boca abajo de la bola, bajaron hasta el público y les saludaron con las manos. Fue cuando único los profesionales cambiaron sus serios o catárticos semblantes, a sinceras sonrisas. Y seguían cayendo cotufas de sus mochilas sobre los tinerfeños.

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