Fiestas de San Andrés

Vuelve la adrenalina de las tablas

Una tabla y una calle empinada es lo único que necesitan los icodenses para pasárselo bien

28.11.2015 | 11:25
Vuelve la adrenalina de las tablas
Tablas de Icod de los Vinos, ayer, con niños y jóvenes lanzándose por la calles El Plano y Los Franceses.

La velocidad se dio cita ayer en las calles del casco de Icod de los Vinos pero no porque hubiera una carrera de coches o motos. La adrenalina llegó de la mano de las tradicionales tablas que utilizan cada año los vecinos para celebrar las fiestas de San Andrés. Y es que una tabla y una calle empinada es lo único que necesitan los icodenses para pasárselo bien y disfrutar, como antaño, de los festejos tradicionales.

Las tablas de Icod se dan cita cada año en cuatro calles del municipio: Los Franceses, Hércules, San Antonio y Antonio González González, más conocido como calle El Plano. Desde por la tarde, los más pequeños se congregaron en estas vías para hacer las primeras lanzadas del año, mientras que según se acercaba la noche, eran los jóvenes y mayores quienes sacaron a pasear sus tablas. La que más aceptación tiene es El Plano, ya que, a pesar de su nombre, es la de mayor pendiente y la que, gracias a la zona plana del centro, consigue que se produzcan los mejores saltos.

En la parte baja de esta vía, un gran colchón de neumáticos esperaba a los más valientes para amortiguar las caídas de quienes no lograban frenar a tiempo. Pero golpe a golpe, este colchón se iba volviendo más duro, por lo que los propios chicos iban colocando las gomas para "que el golpe duela menos", afirmaba uno de los lanzadores mientras cambiaba los neumáticos de sitio.

Y tras esta línea de protección para evitar que las caídas hagan daño, se situaban los más curiosos que, con sus móviles en mano, no dudaban en hacer fotos y vídeos.

Omar Ruiz, Antonio José Gómez y Brian Socas son tres de los jóvenes que ayer eligieron esta vía para usar sus tablas. Aunque las tablas tradicionales eran de tea, la mayoría de jóvenes, hoy en día, utilizan el metacrilato para coger mayor velocidad. Y, como no podía ser de otra manera, estos tres icodenses también. Para la frenada, ya no hay secretos, "solo hay que levantar la tabla por delante", explicó Omar. Además, los tres lamentan que, al asfaltar la calle, "ya no se baja tan rápido como antes y no se pueden hacer tan buenos saltos", aunque la adrenalina que sienten en las bajadas sigue siendo lo mejor de esta práctica.

Pastora Henríquez y su hermana Pilar recordaban ayer, mientras veían a los más pequeños tirándose por la calle de Los Franceses, más conocida como la de Correos, cómo antiguamente, todo el mundo se tiraba por la calle San Antonio, mientras hoy en día, los que buscan los mejores descensos lo hacen en El Plano, que les permite coger mayor velocidad y dar mejores saltos. Pero no solo eso, Pastora también manifestó cómo, cuando era más joven untaban manteca de cerdo o cera de las velas para deslizarse mejor, "o escupíamos cuando no teníamos otra cosa", bromeó. Y mientras se lanzaban cantaban: "San Andrés borracho, tírate a la mar, que los caleteros te van a buscar".

Y si conseguir una tabla era complicado, los más mayores del pueblo se las ingeniaban a su manera. "Antes se robaban las puertas de las casas donde no vivía nadie", aseguró Pastora quien, a sus 68 años, esperaba que se hiciera más tarde para poder lanzarse con sus nietos. Y es que esta es una tradición que se vive en familia y que, una vez vivida, no se deja de hacer hasta que el cuerpo lo permita. Así, Pastora recuerda haber visto a "una señora tirándose con 100 años, que su familia la sacaba de la cama para que se lanzara".

Con tantos años disfrutando de la fiesta icodense, es normal que Pastora Henríquez tenga historias y anécdotas para contar, como "cuando uno de los que se lanzaba se llevó por delante a un fotógrafo, o una vez que unos se tiraron con el capó de un coche", afirma. A pesar de lo que ama la fiesta reconoce que "por la calle El Plano no nos tiramos porque es muy peligrosa, pero las tablas es una tradición que vive toda la familia porque la llevamos en la sangre".

Además del olor a goma y madera quemada que había ayer por las principales calles donde se celebra la fiesta, otros aromas inundaban las vías del pueblo norteño. Y es que en la noche de ayer también se celebró la gran fiesta de los vinos en la que diferentes bodegas y restaurantes de la localidad sacaron sus puestos a la calle. Así, además de los caldos, el olor a castañas y carne inundó la zona y acercó hasta los puestos a aquellos que viven la fiesta de San Andrés desde el otro lado de la barrera, con menos adrenalina, pero igual de tradicional que las tablas.

La puesta a punto para deslizarse

Antes de lanzarse calle abajo, hay que preparar las tablas y, para ello, nada mejor que participar en alguno de los talleres que estaban ayer habilitados en la calle San Sebastián de Icod de los Vinos. La Asociación Nuestra Señora del Amparo (Apreme) instaló una carpa, en colaboración con la Concejalía de Servicios Sociales, en la que enseñaban a confeccionar sus propias tablas a quienes aún no contaban con ella. Además, la monitora Catalina Méndez explicó que también vendían artículos elaborados por ellos mismos como tablas en miniatura, o artículos de navidad, así como los tradicionales pañuelos con motivo de las fiestas con el fin de recaudar fondos para la entidad. Además de confeccionar su propia tabla, los pequeños también podían decorarla en el mismo puesto. O, como hicieron algunos pequeños, trasladarse unos metros hasta la carpa en la que se encontraba el taller de decoración.
Precisamente en este lugar estaban ayer, con un pincel en la mano, Jonay Castellano y su hermana Paula, de 9 y 5 años, respectivamente. Su madre, Alicia Salinero, es natural de Icod de los Vinos y, como no podía ser de otra manera, transmitió la tradición de lanzarse en las tablas a sus hijos desde muy pequeños. "Mi tabla me la regaló hace tres años un amigo de mi madre que siempre se tira", contó Jonay Castellano. Y ayer, esa misma tabla dejó de ser lisa para llevar un lobo pintado por su propio dueño. Pero como las cosas divertidas hay que compartirlas con los amigos, Jonay no dudó en llevarse con él a su compañero Diego Saden, que disfrutó por primera vez de lo que es lanzarse con su tabla con una calle empinada. "Es la primera vez que me tiro y me ha gustado, así que el próximo año también vendré", aseguró, mientras su madre, Patricia Hernández, recordaba que "esto ya es una tradición porque una vez que se prueba no se puede parar".

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