Quién es quién en el callejero

El millonario que creó la Cruz Roja

Henry Dunant, fundador de la ONG más internacional, tiene una calle en Ifara - Abandonó sus negocios por su deseo de ayudar a los demás

28.11.2015 | 18:13
El millonario que creó la Cruz Roja

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a Henry Dunant, el promotor de Cruz Roja, quien fue premiado con el Premio Nobel de la Paz por su trabajo.

Cada 8 de mayo se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja. No se corresponde con la jornada en la que se fundó esta organización pero sí con la fecha del nacimiento de su creador, Henry Dunant, que tiene una calle en Santa Cruz en la zona residencial de Ifara. Se crió en una familia de empresarios que nunca dejó de prestar atención a la solidaridad. De ahí que durante gran parte de su vida esta fuera su principal lucha.

Unido desde muy pequeño a las enseñanzas y doctrinas religiosas, fue uno de los promotores de la Asociación Cristiana de Hombres Jóvenes (YMCA), colectivo que todavía hoy continúa en activo. Aunque con 21 años tuvo que abandonar sus estudios, dadas sus malas notas, empezó como aprendiz de cambio de monedas y entró a trabajar en un banco de Ginebra.

En 1856 tuvo una idea para ayudar en las colonias extranjeras y creó su negocio tras recibir una concesión de tierras en la Argelia ocupada por los franceses. Se trataba de una compañía de cultivo y comercio de maíz. Sin embargo, ni la tierra y los derechos sobre el agua se le asignaron de forma clara y obtuvo muy poca implicación por parte de las autoridades coloniales. Dunant decidió apelar directamente al emperador francés Napoleón III, que estaba con su ejército en la ciudad de Solferino, en Lombardia.

Dunant llegó a la zona el mismo día en que tuvo lugar una batalla entre los ejércitos austriaco y franco-piamontés. La lucha se saldó con 38.000 personas afectadas, entre heridos o muertos. Lo que vio le impactó e incluso llegó a redactar un libro sobre lo sucedido. La escena le sirvió de inspiración para promover la creación de lo que hoy es la Cruz Roja. Él mismo tomó la iniciativa de organizar a la población para dar ayuda a los soldados, independientemente del bando para el que habían luchado. El lema Todos somos hermanos que durante esos días proclamó cobró vida para siempre. Al regresar a Ginebra y escribir su libro, recorrió gran parte de Europa para dar a conocer su historia. Fue en ese momento donde desarrolló la idea de que en el futuro debería existir una organización neutral para proporcionar cuidados a los soldados heridos. Tuvo una cantidad de detractoras similar a los que lo apoyaron. Aun así, nunca se rindió y consiguió el apoyo de la convención de Ginebra.

Con el paso de los años, Dunant fue perdiendo protagonismo hasta el punto de caer en el olvido. La lucha ferviente por sus ideas le llevó a descuidar sus negocios hasta que cayó en una total bancarrota, lleno de deudas. Sobrevivió dando vueltas por Europa gracias a los amigos que durante años fue haciendo, que nunca le dejaron en la calle.

En el año 1901, Henry Dunant recibió el primer Premio Nobel de la Paz por su trabajo en la fundación del Movimiento Internacional de la Cruz Roja. Las felicitaciones oficiales que recibió del Comité Internacional que se lo concedió dejaban bien claros todos sus logros: "No hay hombre alguno que merezca más este honor, pues fue usted, hace 40 años, quien puso en marcha la organización internacional para el socorro de los heridos en el campo de batalla. Sin usted, la Cruz Roja, el supremo logro humanitario del siglo XIX probablemente nunca se hubiera obtenido".

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