Santa Cruz

'Atentado' en el Templo Masónico

La Asociación TuSantaCruz organiza una visita interactiva de la mano de Mariano Gambín por el edificio chicharrero, donde transcurre la última novela del escritor tinerfeño

21.11.2015 | 02:00
El arquitecto Carlos Pallés en el exterior del edificio.

Unos asesinos profesionales tratan de matar a los Reyes de España durante su visita al Templo Masónico de Santa Cruz de Tenerife, que ha sido reformado y abrirá sus puertas como museo en la capital. Podría ser una noticia publicada en cualquier medio de comunicación; sin embargo, es la trama que propone el escritor tinerfeño Mariano Gambín en su última novela, Atentado. Y, ayer por la tarde, los chicharreros pudieron sentirse personajes de este libro durante una visita organizada por la Asociación TuSantaCruz al edificio situado en la calle San Lucas.

El arquitecto Carlos Pallés fue el encargado de realizar las primeras aclaraciones a las más de 130 personas que pasaron por el Templo Masónico y, más tarde, el propio Gambín leyó algunos extractos de su novela en las estancias más características del edificio capitalino. Pallés recordó que el Templo Masónico es un edificio único en España, construido en 1900 a través de un proyecto de Manuel de Cámara, quien "aunque no era masón, realizó variados trabajos para ellos", precisó el arquitecto.

Carlos Pallés se encargó de desvelar los secretos arquitectónicos con los que cuenta el edificio chicharrero. Así, habló de los cinco peldaños que permiten el acceso al templo, así como de las bolas de los capiteles de las columnas, que son once en el interior y solo siete en el exterior. "Parece un edificio urbano normal pero cuenta con elementos inusuales en su fachada, como los arcos, que son 33, como los grados de la Logia de Añaza", explicó Carlos Pallés.

Los visitantes que atravesaron las rejas del Templo Masónico averiguaron, además, que las cuatro esfinges que se encuentran en el exterior no son egipcias y que su misión es guardar los secretos de las artes y las ciencias, representadas por dos de las columnas de la fachada. Es precisamente esta parte exterior del edificio la que funciona, además, como reloj solar. "La profundidad de todos los elementos está estudiada", señaló Carlos Pallés, puesto que el día del solsticio de verano se vive un momento mágico en este lugar.

La Sala de Tenidas y la Cámara de Reflexión, excavada en el subsuelo, fueron los dos escenarios elegidos por Mariano Gambín para desarrollar Atentado. Aunque a el salón principal no se puede acceder en la actualidad por problemas de seguridad, el escritor hizo que los visitantes realizaran un viaje con su imaginación. Lo que ahora es una habitación abandonada y llena de polvo se convierte, en las páginas de Gambín, en una majestuosa sala repleta de butacas y con un altar de innegable belleza.

El Templo Masónico cuenta, además, con la Cámara de Reflexiones en el subsuelo, hecha en un tubo volcánico natural, y no podía faltar ni en la novela ni en la visita de ayer. En este estrecho espacio era en el que los masones pasaban su primera noche como miembros de la logia y fue hasta allí a donde pudieron bajar los asistentes durante esta visita interactiva.

Esta sala se encuentra precisamente debajo de la puerta de entrada al Templo Masónico pero, en el libro, Gambín imagina que este túnel conecta con las diferentes casas que se encuentran en la calle San Lucas. La completa oscuridad y el silencio es lo que encuentra el visitante cuando entra en esta estancia subterránea.

Aquellos que le tienen miedo a la oscuridad y los claustrofóbicos se lo pensaron ayer dos veces antes de bajar por las escaleras que llevan a la Cámara de Reflexión. En Atentado, una de las protagonistas, la arqueóloga Marta, tiene que pasar largo rato en este lugar, a oscuras y completamente sola. Los visitantes se pusieron ayer en la piel de la chica, puesto que Mariano Gambín invitó a los participantes a apagar sus linternas durante algunos minutos y la risa nerviosa se le escapó a más de uno cuando se vio rodeado de oscuridad y silencio.

"¡Estoy impresionado!" o "¡la de historias que se tuvieron que vivir allí dentro!", fueron solo algunas de las frases que se oían cuando un grupo abandonaba el Templo Masónico. La familia Moreno Muñoz fue una de las que visitó ayer este edificio chicharrero. José Antonio Moreno ya había estado en este edificio cuando era el almacén de la Farmacia Militar, pero solo había podido llegar hasta la entrada. Tras salir de la Cámara de Reflexión, la familia reconoció que había pasado algo de miedo.

Ya fuera por conocer al escritor Mariano Gambín o los escenarios del libro Atentado, el Templo Masónico se llenó ayer de vida durante unas horas. Una actividad que este edificio único en España no vivía desde que hace años recibiera a decenas de visitantes.

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