Si las manecillas hablaran...

Daniel Mato crea la primera asociación en defensa de los relojes públicos de Canarias

03.11.2015 | 11:55
Si las manecillas hablaran...
Daniel Mato en la exposición "El tiempo a través de los relojes públicos" en Los Realejos.

Si los relojes hablaran contarían la historia de pueblos, edificios emblemáticos, conventos, iglesias... Enumerarían acontecimientos trascendentales, muertes y nacimientos, y murmurarían recuerdos abrazados a la nostalgia. No hablan. Pero lo cierto es que los relojes son los mejores testigos del paso del tiempo. Así lo cree el relojero santanderino, pero afincando en Los Realejos, Daniel Mato, quien acaba de poner en marcha la primera Asociación por la Defensa de los Relojes Públicos de Canarias (Adrecos)?. Su objetivo es mostrar las grandes reliquias históricas presentes en los monumentos de la Isla y darles valor hasta ponerlas en el lugar que se merecen.
Hijo y nieto de relojero, Mato lleva 30 años de dedicación al mundo de los relojes. Algo muy poco común en los tiempos que corren. "Si seguimos así no tendremos relojeros en el futuro. Debemos recuperar la ilusión por este oficio, darlo a conocer, y que los jóvenes tomen el relevo", asegura el experto. En este sentido, Mato señala que ha intentado que el Cabildo de Tenerife incluya esta profesión dentro de las artesanías de Canarias pero "aún no he conseguido nada".

Para la realización de sus objetivos, Adrecos Canarias cuenta con un equipo de profesionales formado por historiadores, productores de audiovisuales, carpinteros artesanos, ingenieros, joyeros y relojeros artesanos. Puesta en marcha el 20 de octubre, la asociación ya tiene en mente varias ideas, entre ellas sacar los relojes y su documentación a las calles para que la gente pueda disfrutar de ellos.

Matos asegura que la propia historia de Tenerife se puede contar través de la historia de los relojes. Así, antes de las máquinas y los objetos estaba el reloj solar. El relojero explica que el Sol "fue la primera forma de medir el tiempo". "Pero, claro, cuando estaba nublado era imposible saber la hora", detalla Mato. Esta necesidad de controlar el tiempo, innata en el ser humano, fue la que llevó a crear los primeros relojes. "Los pueblos siempre han asociado los relojes al progreso y la modernidad. Todos quería tener uno", añade el restaurador.
Con las campanadas del reloj, el agricultor, el pastor o el cura llegaban a tiempo a sus citas y la hora de comer, de trabajar o de encontrarse no dependía ya de los rayos del Sol. El municipio pionero fue Garachico, donde se encuentra el reloj más antiguo de Canarias, que data de 1861. "El conde y exalcalde Monteverde y Tovar le encargó a un alemán (Frank Kreitz) que trajera un reloj hasta Garachico", explica el restaurador. Desde entonces, la reliquia permanece en la iglesia de Santa Ana, "como fiel testigo de la vida", puntualiza Mato.

Muy cerca de Garachico, en Icod de Los Vinos, se encuentra otra de las máquinas del tiempo preferidas de Mato. Tiene origen inglés y nació en 1870. "Se trata de un reloj de John Moore & Sons que viene al norte de la Isla desde Inglaterra bajando el río Támesis en siete cajas de maderas", relata el relojero. También en la comarca norte de la Isla destaca el reloj de la iglesia de San Juan Bautista de San Juan de la Rambla (1953).

Un reloj de tres cuerpos, electromecánico y hecho en Vitoria, es el que reluce en el antiguo edificio de la Consejería de Hacienda de Santa Cruz de Tenerife, muy cerca de una de las máquinas "únicas" que existe en la Isla, el reloj del inmueble del Cabildo de Tenerife. Mato detalla que esta máquina toca tajarastes, "algo que ningún otro reloj del mundo puede hacer". Sin embargo, el realejero asegura "que ya no toca muy bien". "Es un artilugio que podría ser todo un icono, como el Big Ben de Londres, pero lo tenemos olvidado", afirma Mato.

Otra de las joyas de la corona que existe en la Isla es el reloj de la Catedral de La Laguna, hecho por John Ellicott, relojero del rey Jorge III de Inglaterra e inventor del péndulo de compensación del tiempo. Mato explica que al lado este reloj hay una pared con varias fechas y acontecimientos. Se tratan de los apuntes que tomaban los relojeros de la Catedral lagunera acerca de hechos importantes, como una muerte, un nacimiento, la inauguración del tranvía (2 de abril de 1901) o la llegada del alumbrado eléctrico.

El especialista repasa las historias de muchos otros relojes como el del santacrucero Mercado de Nuestra Señora de África, del que enseña la factura de su compra por valor de 18.050,25 pesetas; el de La Cuesta de Taco, que es una réplica a pequeña escala del de la Corporación tinerfeña; el de la antigua Escuela de Bellas Artes, creado por un maestro francés; o el del lagunero Instituto Cabrera Pinto, de 1906 y de la casa Alexander.

Mato destaca que hay algunos artilugios diferentes, unos con una historia especial y otros que son auténticos supervivientes. Este es el caso del reloj de la iglesia de La Concepción, en La Orotava, que al contrario del resto de máquinas, se comprime en el lado contrario, o del de la iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, en Los Realejos, que sobrevivió al incendio de 1978. "Yo mismo encontré la máquina enterrada 30 años después del incidente. Estaba en muy mal estado, pero se había salvado del fuego", recuerda Mato.

El relojero apunta que, incluso, hay inmuebles que se hacen a posteriori de los relojes. Es lo que ocurrió, por ejemplo, en la iglesia de San Juan de la Rambla o en La Concepción (Los Realejos), cuyas torres se rehabilitaron para poder albergar a sus máquinas del tiempo. También es frecuente que los relojes sean donados por alguien del pueblo . "A veces hasta el pueblo entero recogía dinero para poder comprarlo", aclara Mato.

Pero la historia no solo está hecha de lo que ocurre en los lugares públicos. Por eso, al relojero también le gustan los relojes de sobremesa y de pared, de los que es un auténtico experto. Y es que Mato se dedica a devolverle la vida a lo que a menudo solo es ya madera roída y desechos. "Cuando se arregla un reloj se restauran sentimientos y sonidos y se evocan recuerdos. Es un trabajo muy personal", sostiene el de Santander.

Los relojes de sobremesa son testigos del acontecer diario, ya que, como explica el experto, no se llaman así por colocarse encima de la mesa, sino "por ser uno más en la sobre mesa". Mato ha restaurado muchos de ellos con orígenes muy diferentes. Uno de ellos es un reloj inglés, en el que su dueño descubrió un auténtico secreto. "Al llevarlo a restaurar se dio cuenta de un cajón en el que había un trozo del periódico del día en el que el carpintero había terminado su obra junto al nombre del relojero. Esta era una costumbre de los trabajadores de esa época", detalla el relojero. Mato enumera que también ha trabajado con un reloj francés, uno alemán, otro italiano y hasta un americano. Este último se corresponde a uno de los primeros despertadores que se fabricó en el mundo.

El especialista añade que todos sus encargos terminan con un vídeo. "Me gusta enseñar al cliente el proceso de restauración", aclara Mato. Las imágenes del arreglo del reloj, junto a una música especial, hacen que la respuesta de sus dueños sea única. "Algunos lloran, otros parecen estar mirando a su propio abuelo quien le regaló el reloj y en otros vuelve a saltar la chispa del amor", concluye Mato.

Exposición

La historia de los relojes públicos de Tenerife y las restauraciones de Mato formaron parte de una exposición organizada en la Casa de la Cultura del municipio de Los Realejos bajo el nombre de El tiempo a través de los relojes públicos. Desde el día 20 de octubre y hasta el 30 del mismo mes, casi 1.000 alumnos desde los tres hasta los 60 años visitaron la muestra guiados por Mato.

Entre los relojes expuestos en la muestra destacaban los de las Iglesias de la Concepción de Los Realejos (1890) y San Juan Bautista de San Juan de la Rambla (1953) y el reloj del mercado de Nuestra Señora África, fechado en 1943. Además, la exposición recogía imágenes y curiosidades de otras reliquias de la Isla, así como relojes restaurados por Mato y sus herramientas.

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