Día de Todos los Santos

El hermoso gesto del culto al fallecido

Miles de personas acuden a los camposantos para adornar con flores el lugar de descanso de los que ya no están

02.11.2015 | 13:08
El hermoso gesto del culto al fallecido
La madre de Marini Pérez con las esterlicias que pudo conseguir.

"Venir al cementerio no es algo triste". Lo dicen los hermanos Salazar, que como cada año visitan el sepulcro familiar del Cementerio de San Luis en La Laguna para saludar a los que ya no están. Es la primera vez que lo hacen sin su madre, que falleció hace poco, pero por eso mismo acuden con más ganas y sin perder la sonrisa. El lugar de descanso de sus familiares quedó precioso, como los cientos de tumbas y nichos que en los últimos días han sido decorados por sus descendientes el Día de Todos los Santos para que estén listos en el festejo de hoy, las misas del Día de los Difuntos . Esta tradición de embellecer los lugares de descanso de los muertos viene de la religión cristiana pero el culto a los fallecidos es intrínseco del ser humano, un imperativo social que ayuda a asumir la pérdida.

Ese hermoso gesto de adornar con flores el lugar de reposo de los cementerios comenzó ayer también desde muy temprano en La Laguna. La ciudad de Aguere tiene, como Santa Cruz, un camposanto antiguo –San Rafael y San Roque en la capital y San Juan en Los Adelantados– y uno nuevo donde se continúa enterrando a los vecinos que fallecen, el santacrucero Santa Lastenia y el lagunero San Luis.
Precisamente entre estas dos ciudades muchos se reparten estos días para que los familiares de todos tengan sus flores. Así, desde el jueves ya comienza el periplo de ir a un cementerio y otro para dejar recuerdos y flores para los fallecidos, así como limpiar los nichos.

Sin flores

Es la primera vez que por fuera del cementerio de San Juan no se venden flores. Los usuarios lo achacan a dos posibles causas: que se ha prohibido la venta ambulante por competencia desleal con las floristerías o que la señora que llevaba el quiosco falleció durante este último año. En cualquier caso, la consternación fue tremenda e incluso provocó algún llanto desconsolado de personas mayores. Por suerte, estos días también son para la generosidad y solidaridad: se ceden flores, se reparten, se buscan incluso de jardines públicos, pero ningún nicho se queda sin color.

"El sepulcro de al lado lo adorna todos los años una mujer de Geneto muy amable que siempre nos deja en el nuestro la misma pequeña corona", cuenta la chicharrera Rosina Perera Alonso junto a su sepulcro familiar, fechado en 1899. "Ahora las que venimos somos las nietas y espero que mis hijas sigan la tradición", cuenta Perera, quien no olvida que "hay que ser buenas personas para ir al cielo".
La solución a la falta de flores que encontraron Marini Pérez y su madre fue acercarse al supermercado más cercano y comprar una maceta de margaritas. "Con esto y unas esterlicias que nos regalaron escapamos", comentaron.

Sara Báez vive cerca del cementerio de San Juan, así que fue previsora y compró crisantemos en una floristería. "El resto del año tengo puestas las artificiales pero en estos días toca poner las de verdad", cuenta mientras corta con gran ternura el tallo sobrante de los crisantemos para llenar, flor a flor, dos minúsculos jarrones de cristal con agua. El nicho de Báez, en el que descansan seis familiares, su hermana la más reciente, se abre como una ventana de marco de madera pero donde debería estar el cristal no hay nada. "Siempre hay gente mala, esto lo rompieron un día que entraron unos vándalos al cementerio pero ya no lo arreglo más...", comenta con un tono más bajo esta vecina.
En el cementerio de San Luis, en cambio, sí que hay un quiosco con flores todo el año, que lo sigue llevando la misma familia de La Esperanza que cuando se abrió. Además, estos días también hay un pequeño puesto de castañas ambulante para cocinar en casa.

Orquídeas, rosas, anturios, crisantemos, gerberas, rosas y lirios son algunas de las opciones que ofrece este quiosco, que también vende coronas en terrina y hace ramos in situ. Raquel González y su familia llevan desde el jueves notando el aumento de visitantes, sin que la lluvia del sábado los frenase. Estos esperanceros se pasan 12 horas vendiendo flores, corcho verde para las macetas, tarjetas con frases y velas. "Aquí el negocio de los invernaderos ha fracasado", asegura la empresaria, "por eso traemos las flores sobre todo de Ecuador y Holanda, aunque también de Valle Guerra, Tejina y Los Realejos".

En cuanto a precios, hay de todo, desde terrinas a 18 euros, flores de orquídea a 3 y rosas a 2,50 euros. "No hemos subido los precios desde que empezó la crisis económica", cuenta González, cuya familia pasa allí mucho frío en invierno y, como no hay bares cerca, tienen un termo para calentarse con café.

La vecina de Barrio Nuevo María Covadonga Marrero González no tuerce el gesto mientras pone flores al nicho de su madre en el cementerio San Luis, a pesar de haber enterrado a su marido hace solo dos días. "Tengo que estar bien por mi familia", asiente con firmeza y una sincera sonrisa. Resulta que la madre de esta longeva lagunera era la mujer del fundador de la comparsa Los Joroperos, Pedro Marrero Torres.
Una cuestión que trae de cabeza a los familiares es el turno de las escaleras. Las hay de varias alturas para llegar a todos los nichos y hay que hacer cola para usarlas. "¡Hay que estar atentos para conseguirlas!", vocifera un lagunero desde lo alto. De lo que sí están orgullosos los vecinos es del despliegue de Protección Civil y trabajadores del Ayuntamiento lagunero para controlar el tráfico y garantizar la seguridad por las fuertes aglomeraciones de estos días en los cementerios.

En la decoración, pues, no faltan las flores, que ahora sabemos pronunciar en vasco, loreak, gracias al título de la película que representa a España en los próximos Oscar. La mayoría utiliza estos días flores auténticas, aunque hay quien elige las de plástico o las liofilizadas, un tipo de deshidratación que hace que duren más. El toque canario lo da la esterlicia y su cresta naranja. Tampoco sobran las fotografías y las figuras o estampitas de santos, como la Virgen de la Candelaria y San Patricio.

Los hermanos Salazar van a visitar todos los años su espectacular sepulcro familiar de brillante mármol negro, decorado por macetas con pequeños árboles y discretos cactus. Es un año especial, pues después de una vida viniendo con su madre a poner flores a sus abuelos, es la primera vez que van solos ya que su ella falleció hace pocos meses. "Pero no venimos con tristeza", comentan estos laguneros de pura cepa. "Nuestra madre siempre venía y le preguntaba a nuestros abuelos fallecidos cómo les iba, rezábamos y poníamos las flores y eso es lo que vamos a hacer nosotros a partir de ahora, lo vemos como algo más cercano a la cultura mexicana", reconocen los hermanos. José Luis Salazar crea con mimo un ramo nuevo cada año con las flores que consigue comprar gracias a la cofradía a la que pertenece. "Nunca le faltan ideas", añade su hermana mientras lo observa insertar crisantemos violetas en una corona de lirios.

Es cierto que se distinguen fácilmente las clases sociales y el poder adquisitivo de cada uno en función del nicho, tumba o sepulcro y en sus adornos, pero no son días de envidias: cada uno hace lo que puede. El abanico va desde la sofisticada imagen del fallecido impresa en el mármol a color hasta el más humilde nicho de madera destartalado.

Estos días no son solo para recordar y dedicar cariño a los muertos sino que también se dan reencuentros entre amigos y familiares. Además, en el propio acto del adorno se crean nuevas amistades porque se acaban conociendo las personas simplemente porque un nicho está al lado de otro, aunque no tengan nada más en común esas dos personas o familias.

Mientras se limpian y embellecen los nichos y tumbas no sobra el silencio: un momento para meditar, rezar, pensar en los que ya no están, poner los pies en la tierra, y luego, seguir viviendo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine