Quién es quién en el callejero

El alcalde que pagó a los músicos

La calle Emilio Calzadilla recibe su nombre por el regidor republicano que gobernó entre 1923 y 1930 en la capital P Puso los honorarios de la Banda Municipal de su propio bolsillo

13.11.2015 | 14:15

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Emilio Calzadilla, que debe su nombre al alcalde santacrucero y republicano que gobernó en el municipio entre 1923 y 1924 y entre 1925 y 1930.

El Ayuntamiento chicharrero tiene la tradición de poner el nombre de sus antiguos alcaldes a sus vías a modo de homenaje. Emilio Calzadilla Dugour es uno de esos políticos cuya memoria se honra desde hace décadas en Santa Cruz a través de una calle. Curiosamente, Calzadilla residió en el número 32 de la vía que hoy lleva su nombre.

Emilio Calzadilla Dugour nació en 1875 y murió inesperadamente en 1916. Fue hijo del conocido abogado republicano Rafael Calzadilla y Calzadilla y siguió la estela de su padre trabajando con las leyes, aunque también se dedicó a la política. Así, llegó a ser alcalde de la capital tinerfeña en dos ocasiones: entre 1923 y 1924 y entre 1925 y 1930.

Se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1900 y ejerció como notario en La Gomera durante algunos años. Cuando se trasladó de nuevo a Santa Cruz de Tenerife, se dedicó de lleno a la política para defender con todas sus fuerzas los intereses e ideales de la Isla que lo había visto nacer. Durante aquellos años fueron destacables sus intervenciones en las juntas generales del Círculo de Amistad XII de Enero, sobre todo en esos momentos tan delicados para la ciudad en los que su participaciones "fueron como un bálsamo", destaca el militar retirado y escritor Juan Arencibia de Torres.

Emilio Calzadilla fue muy popular entre los habitantes de la ciudad y llegó a pagar de su bolsillo los salarios de los integrantes de la Banda Municipal de Música de Santa Cruz para que tocaran en una de las procesiones de Semana Santa, después de que los concejales se negaran a abonar los honorarios de la agrupación. En agradecimiento a este gesto, la banda determinó interpretar una pieza musical que estuviese entre las preferidas del alcalde santacrucero, de modo que eligieron el Adiós a la vida, de la ópera Tosca de Giacomo Puccini. Por todo esto, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife inauguró en el año 1968 un monumento dedicado a su memoria en el Parque García Sanabria.

El Panteón de los Ilustres

Actualmente, sus restos, al igual que el de otros personajes históricos de los últimos tres siglos, hasta una quincena en total, se encuentran en el patio 2 del cementerio de Santa Lastenia, en las parcelas 110 y 112, donde se ubica el denominado Panteón de los Hombres Ilustres. Una sencilla lápida es la única señal de la existencia de este pequeño tributo que pasa desapercibida. Allí descansan los restos óseos de personajes históricos de los últimos tres siglos, cuya acción y obra se consideran importantes para la ciudad. Estos restos se trasladaron desde el camposanto de San Rafael y San Roque al otro cementerio chicharrero hace ya cuatro décadas. Abogados, escritores, profesores, poetas, pintores, periodistas, políticos, comerciantes y hasta sacerdotes conforman esta lista de personajes que un día hicieron algo por la ciudad y entre los que se encuentra Emilio Calzadilla.

Juan Arencibia de Torres explica en su libro Calles y plazas de Santa Cruz de Tenerife que esta vía chicharrera recibió primero el nombre de San Felipe Neri y "con ese nombre aparece rotulada en los planos del siglo XIX". Sin embargo, el 5 de abril de 1916 pasó a llamarse con el nombre del alcalde chicharrero.

En esta calle, en la confluencia con la de La Marina, estuvo ubicado el Teatro Viejo, que realmente era un almacén con capacidad para 450 personas que se alquiló en 1835 y estuvo funcionando durante 15 años. Arencibia resalta en su libro, además, que la calle era intransitable entre San Juan Bautista y la plaza del Patriotismo hasta 1882 debido a la presencia de "un risco de grandes dimensiones que tuvo que ser demolido".

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