"La muerte de Antonio González Ramos marcó mi vida tanto como la de mi padre"

Santiago Pérez afirma que el asesinato de su compañero de filas, hace hoy 40 años, demostró que "en la lucha por la libertad y la justicia social también hay desigualdad"

30.10.2015 | 01:18
Santiago Pérez, concejal lagunero de Por Tenerife.

El concejal de Por Tenerife, Santiago Pérez, militaba en 1975 en la Oposición de Izquierda (OPI), al igual que Antonio González Ramos, el vecino del Ortigal que fue detenido y torturado hasta la muerte por la policía franquista un día como hoy hace 40 años. Casado y con cuatro hijos, González trabajaba en la tabacalera Phillips Morris. El encargado de poner fin a su vida a golpes fue el jefe de la Brigada Social, el tristemente célebre comisario José Matute. Mientras se prepara el homenaje que le rendirá esta tarde el Ayuntamiento de La Laguna a esta víctima de la última etapa de la dictadura, su compañero de filas Santiago Pérez echa la mirada atrás y admite que además de la muerte súbita de su padre, "el asesinato de Antonio ha sido el acontecimiento que más me ha impactado en mi vida".

"Lo que me marcó para siempre fue tomar conciencia de que también en la lucha por la libertad y la justicia social hay desigualdades. Esas desigualdades fueron las que hicieron que yo me pudiera escapar y él no. Yo era un estudiante que no tenía responsabilidades familiares ni un trabajo, que a él le marcaba una rutina que lo hacía vulnerable. Yo era de una familia acomodada, tenía formación y relaciones sociales como para moverme improvisadamente por la Isla con la policía pisándome los talones. Además, a Antonio lo torturaron como lo torturaron porque era un trabajador y no era una persona, digamos, con una red de influencias y de apoyos sociales. No sé qué hubiera pasado conmigo si me hubieran detenido. A Arcadio Tejera [actual senador del PSOE] le preguntaban todo el tiempo por mí para que me delatara mientras lo torturaban y nunca lo hizo", recuerda Santiago Pérez con gratitud.

La noche que Antonio González Ramos fue detenido, Santiago Pérez ya estaba lejos de Tenerife. Su plan era exiliarse en Francia para escapar de las garras de la dictadura, que había desplegado un operativo policial de rastreo para darle caza después de que distribuyera por toda la Isla un panfleto redactado por Julián Ayala y Andrés Doreste en contra del Decreto-Ley Antiterrorismo, mediante el que las detenciones en comisaría pasaban de ser de un máximo de 72 horas a 5 días, prorrogables por otros 5. "Era algo irresistible. Nadie podía aguantar cinco días de tortura. Por eso yo, que tenía muchos contactos porque era el responsable de la organización universitaria, tenía que vivir como un espartano. No escatimaba riesgos, pero extremaba también las medidas de seguridad. Por eso me escapé", reconoce el concejal lagunero.

Santiago Pérez regó por todos lados el planfleto, del que se conserva copia en la biblioteca de la Universidad de La Laguna. El folio denunciaba también una crisis económica y social caracterizada por la carestía de la vida, los bajos salarios, y la corrupción de una "oligarquía financiero-terrateniente" y del Gobierno –lo que deja a las claras que los problemas de la sociedad poco han cambiado en estas cuatro décadas–. El joven Pérez osó incluso a lanzar al aire centenares de ejemplares en la Plaza del Adelantado durante el concierto que dieron Los Sabandeños el 12 de septiembre por las Fiestas del Cristo. Uno de los panfletos cayó en las manos del gobernador civil, que estaba sentado en la primera fila. Aquel desafío al régimen desató una furibunda búsqueda de sus responsables.

Fue entonces cuando Pérez decidió huir de su hogar. Primero se escondió en una casa de Las Mercedes, pero cuando se enteró de que la policía iba por los bares de la zona con una foto suya supo que tenía que irse. Lo escondieron en Punta del Hidalgo, en la casa de Eduardo Pinto Grote. Luego lo pasaron a la casa de una persona de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), los sindicatos cristianos de los que formaban parte amigos suyos como Víctor Díaz, hermano del actual alcalde de La Laguna. La casa estaba en el Camino de Las Mercedes y pertenecía a Lizardo Coll. Un día después se fue a Santiago del Teide y de ahí a Icod de los Vinos, a la casa del profesor de Derecho Internacional Antonio Pérez, y luego a un apartamento alquilado por él en la playa de San Marcos.

El 1 de octubre de 1975 Santa Cruz acogió una manifestación organizada por la propia dictadura. La convocatoria era a nivel nacional y pretendía demostrar la adhesión de la población al régimen pese a las críticas que llegaban desde el exterior por los recientes fusilamientos que se habían cometido. Cuando se estaba celebrando, pensando que la policía estaría pendiente de aquel evento más que de ningún otro, Santiago Pérez fue sacado por unos compañeros de la Isla. Lo subieron a un avión de Iberia rumbo a Madrid sin pasar por la terminal de Los Rodeos. Iba con el billete a nombre de otra persona. De Madrid se fue como pudo a Barcelona. Allí, unos contactos tenían alquilado un piso franco, donde vivió recluido esperando la oportunidad para huir a Francia. Pero entonces Franco se enfermó y decidió quedarse. Cuando el Caudillo murió volvió a la Isla clandestinamente porque el Ejército lo había requerido para hacer el servicio militar. "No quería que se me sumara un proceso ante el tribunal de orden público por un delito de propaganda ilegal, por el panfleto, y otro ante la justicia militar por ser prófugo del servicio militar", reconoce. Entonces, se volcó en los estudios y en cuatro meses hizo el quinto año de Derecho.

15 meses en el cuartel

Terminó la carrera sin ir a la Universidad más que a examinarse. "Me metían por una puerta y me sacaban por otra. A los dos días de terminar la carrera me metieron en el cuartel y me mandaron a un regimiento disciplinario en la Sierra de Ronda". Allí estuvo 15 meses, hasta finales de 1977. Según recuerda, estaba rodeado de estudiantes de toda España en condiciones análogas a la suya, de expresidiarios por delitos comunes, que cuando terminaban su condena los llevaban directamente al cuartel, y una oficialidad "chusquera".

"Eran unas condiciones bastante duras. Me tenían haciendo pentatlón militar y guardias por las noches. Cuando volví parecía un fondista etíope. Cuando salí de la Isla pesaba 80 kilos. Era el base titular del CB Canarias. Cuando volví pesaba 64. Eso me dejó fuera de la alta competición", lamenta.

Aquellos años de juventud cambiaron para siempre a Santiago Pérez. "Desde entonces me tomé la libertad no como un derecho sino como un deber. Me parecía que el mejor homenaje que podía ofrecer a Antonio y a todas las demás personas con las que compartí lucha, y que fueron represaliadas o asesinadas, era no vivir sujeto a las presiones de la oligarquía y asumir un compromiso político para resolver los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad".

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