El privilegio de soplar 135 velas

Litografía Romero es la única empresa canaria fundada antes de 1900 que se mantiene en pie

15.10.2015 | 18:39
El privilegio de soplar 135 velas

No todas las empresas tienen el privilegio de soplar 135 velas. Es más, en Canarias, solo una ha logrado tal hazaña. Litografía A. Romera, un negocio tinerfeño dedicado a la impresión y las artes gráficas, es la única empresa del Archipiélago fundada antes de 1900 que aún se mantiene pie. Así lo recoge un informe elaborado por D&B, compañía perteneciente a Cesce, que ha concluido que la vida media de las sociedades españolas es de 11,69 años. Lo de Litografía Romero es, por tanto, algo casi de otro mundo. Según su gerente, Manuel Fernández del Pino, "una enorme satisfacción" que no es fruto de la suerte. Todo lo contrario. "Estoy seguro de que se trata del resultado del esfuerzo y la cooperación entre la empresa, los trabajadores y los clientes", destaca Fernández.

La orígenes de Litografía Romero parecen sacados de una novela. El fundador de la empresa, un andaluz especialista en artes gráficas llamado Ángel Romero Tardido, recayó en Tenerife en 1880. Pero lo cierto es que la Isla no era su verdadero destino. "Romero quería instalar en Cuba su sociedad. Sin embargo, en la isla del Caribe estalló una epidemia de fiebre amarilla y el barco de Romero no pudo partir", explica Fernández. El andaluz recala en Tenerife y decide cambiar la aventura americana por la aventura canaria. "Creyó que aquí también habían oportunidades de negocio", detalla el gerente.

Litografía Romero se establece en la santacrucera calle del Castillo donde comienza un período de intensa productividad en la impresión de libros para Latinoamérica. Una producción que se acentúa en los años 70. "Fueros muy buenos años. Exportamos por todo el mundo. Desde el Norte de EEUU y Canadá hasta Australia. Era otra época", recuerda Fernández, quien ya trabajaba en la empresa desde ese entonces.

El auge en la elaboración de cigarrillos en Canarias lanza el trabajo de la compañía de Romero hasta el continente africano. Allí, incluso, Litografía Romero llegó a instalar una empresa. "Cuando la sociedad atravesaba un momento muy dulce, se pusieron en contacto con nosotros desde Mauritania. Querían albergar una empresa como la nuestra allí", relata el gerente. Les dijeron que sí y hasta Tenerife llegaron más de 25 mauritanos dispuestos a aprender todo los necesario para poner en marcha su propia Litografía Romero. "Estuvieron en la Isla durante meses. Tengo muy buen recuerdo de ese tiempo y de todo lo que compartimos", confiesa Fernández.

En 1975, como consecuencia de la crisis del petróleo, la familia Romero, propietaria de la compañía, se declara incapaz de solventar los problemas de financiación. Accionistas institucionales como Sodican, Caja General de Ahorros de Canarias y el Cabildo de Tenerife, y otros pequeños inversores, clientes y amigos salen en su ayuda y se hacen con la totalidad del capital.

Fue entonces cuando compañías de todo el mundo empezaron a instalarse en Asia en busca de paraísos fiscales. Y, debido a la proximidad geográfica, las mismas comienzan a encargar sus trabajos a las empresas de impresión más cercanas. "Nuestra exportación cayó. Viajé varias veces hasta lugares como Singapur en busca de soluciones pero nos era imposible competir con esos precios", revela el gerente.
La plantilla de Litografía Romero pasó de 525 empleados a 275 en menos de 15 años. "Ahora contamos con 125 trabajadores y estamos volviendo a poder contratar a personal", detalla Fernández. La compañía, que ha conseguido desarrollar su actividad de manera ininterrumpida hasta la actualidad, "está estabilizada" y se mantiene como líder del sector en Canarias. Más de un siglo después de su nacimiento, la empresa ha alcanzando un nivel tecnológico y profesional de primer orden.

No piensan parar. Esperan cumplir, por lo menos, otros 135 años más. "Nos veo saludables y pienso que podemos seguir creciendo", apuesta su gerente. El reto: resolver la venta de las participaciones del Cabildo valoradas en tres millones de euros –la Corporación insular ha anunciado su intención de venta en varias ocasiones– y adaptarse al futuro. "El cambio tecnológico ya está aquí. Tenemos que sumarnos al carro con el objetivo de siempre satisfacer a nuestros clientes", concluye Fernández.

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