La Laguna

Los barcos vuelan en Valle Tabares

El pueblo lagunero vive el día grande de sus fiestas con la tradicional carrera de carretas de madera en la plaza de la iglesia

05.10.2015 | 18:01
Los barcos vuelan en Valle Tabares

El lagunero pueblo de Valle Tabares cedió ayer sus calles a la tradición para que las carretas tiradas por grandes bueyes dieran forma al día grande de sus fiestas populares. Los vistosos barcos, toda una joya, llegaron ayer a lo alto de la plaza de la iglesia para dar un espectáculo mucho más singular que el que se pueda ver en cualquier otro festejo tinerfeño.

Las carreteras de acceso a Valle Tabares ya hacían pensar a los que pasaban ayer por la tarde por allí que algo iba a pasar. Y, así, algún que otro curioso que se dirigía a núcleos cercanos, como Los Campitos o Valle Jiménez, tuvieron que avanzar muy lentamente con sus vehículos, mientras los diestros conductores de las carretas guiaban a los bueyes hasta el circuito.

Los complicado ayer era encontrar un lugar seguro en el que disfrutar del espectáculo. "¡Estoy nerviosa!", comentaba una madre con su hijo en brazos en la puerta de uno de los garajes que había en la plaza. Y no era para menos, porque no han sido raras las ocasiones en las que la rapidez con la que corren los bueyes ha provocado que el barco de madera que arrastran acabe chocando contra una de las encaladas paredes de este espacio. Es la tradición y siempre ha sido así.

"El peligro está ahí o allí", señalaba un experimentado lugareño de Valle Tabares mientras le pedía a las personas que acudían con él que se colocaran junto a un muro. Pero no todos los vecinos estaban tan contentos con esta fiesta que ya se ha convertido en una auténtica tradición. Una de las propietarias de una casa situada frente a la iglesia reconocía minutos antes de que comenzaran las carreras que se trata de una cita un tanto peligrosa y, como ella lo pasa muy mal viéndolo, prefirió cerrar su ventana y ponerse a ver la televisión como si nada pasara. Demasiado adrenalina para ella.

Las características de esta tradición hicieron necesario que ayer la juventud tomara el relevo para que las carreras pudieran realizarse de la forma más rápida posible. Y, por tanto, el espectáculo fuera mayor. Roberto Carlos Prieto fue uno de hombres que ayer guió a los bueyes por Valle Tabares. Llegó desde Tacoronte. Lleva seis años sin faltar a la cita y acude siempre con muchos amigos que también llevan sus propias carretas. "Sudas y te cansas pero lo más complicado es conseguir que los animales no se choquen con ninguna de las paredes", comentó Prieto minutos después de salir de la plaza.

Justamente ese momento es uno de los más complicados de la actividad puesto que el fuerte desnivel con el que cuentan las calles adyacentes provoca que los carros puedan perder el control con el mínimo movimiento. Y, así, después de la primera carrera, se oyeron gritos asustados cuando una de las carretas se tambaleó peligrosamente al enfrentarse a esta elevación del terreno con demasiada rapidez. Pero todo quedó en un pequeño susto sin mayores consecuencias.

Goyo Ramos es otro de los jóvenes que guiaron a los bueyes por las calles de Valle Tabares. Él no acude todos los años a esta fiesta pero eso no evita que sus animales lo hagan de la mejor manera. "La curva final es la más complicada pero nosotros no practicamos antes, sino que comenzamos a correr y vamos maniobrando sobre la marcha", comentó ayer mientras intentaba reponerse del esfuerzo físico.
A sus 84 años, Benito Galván no ha faltado prácticamente a ninguna carrera de barcos a lo largo de su vida. Sin embargo, ayer no se sentía del todo satisfecho puesto que sostiene que las fiestas han cambiado mucho a lo largo de los años. "Aunque la cita se está manteniendo, los jóvenes cambian mucho las tradiciones. Espero poder seguir viendo estas carreras tal y como son algunos años más", comentó ayer cuando la banda de música ya dejaba oír las primeras notas de su repertorio para la cita. Junto a Galván se encontraba Juan Vitoriano, de Los Campitos, quien también lleva toda la vida viendo cómo las carretas vuelan por la plaza de la iglesia.

De Geneto llegó Elizabeth Delgado, quien, aunque ya ha acudido a esta fiesta en alguna ocasión, ayer la vivió como si fuera la primera vez y por eso no soltó la cámara de fotos que llevaba en su mano. Ana González acudió desde el santacrucero barrio de El Chorrillo y resaltó que la tradición continúa intacta. Además, añadió que los pequeños vienen pisando fuerte y no dejarán que las impresionantes carreras por la plaza de la iglesia caigan en el olvido.

Y, así, la última palabra la tuvieron ayer los más pequeños de la casa. Durante toda la tarde, pequeños barcos de madera pudieron contemplarse junto a la subida que hay junto a la plaza de la iglesia. Cuando el último buey terminó su carrera, los menores no dudaron en cargar sus carretas y comenzaron a dar vueltas al templo religioso cada vez más y más rápido. Pensando, quizás, que algún día podrán guiar ellos mismos a los grandes animales, que cada año arrastran los impresionantes barcos de madera.

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