Tres años en lista de espera para reducirse el estómago

Carmen Rodríguez tiene 39 años, mide 1,59 metros y pesa 132 kilos

22.09.2015 | 02:20
Carmen Rodríguez, durante la entrevista.

Carmen Rodríguez tiene 39 años y hace cuatro que tuvo que dejar su trabajo como peluquera porque la obesidad mórbida que padece ha limitado por completo su movilidad hasta el punto de que necesita ayuda para vestirse. Mide 1,59 metros y pesa 132 kilos, 60 más de lo que debería. Asegura que los kilos demás le han generado una diabetes, hipertensión, incontinencia urinaria e incluso influyeron en que desarrollara un cáncer de cervix. Vive en Los Majuelos junto a su pareja, que está embarazada de su segundo hijo, y lleva tres años en lista de espera en el Hospital Universitario de Canarias (HUC) para someterse a una cirugía de reducción de estómago. Una operación que le permitiría volver a tener una vida normal.

Carmen ha probado todas las dietas y ninguna le han funcionado. En 2012 comenzó a tener problemas de riñón y fue derivada al endocrino. En junio de ese año entró en la lista de espera del HUC para una reducción de estómago. Inmediatamente después le hicieron las pruebas preoperatorias y tanto el endocrino como la psicóloga hicieron informes favorables sobre su cirugía.

Todo parecía ir bien pero, de pronto, el proceso se detuvo. A medida que pasaban los meses su estado de salud general iba empeorando. El sobrepeso le provocó hipertensión y diabetes, que según explica "podría revertirla y hacer que el páncreas comience a trabajar con normalidad si bajara de peso rápidamente". "Es una ventana que solo queda abierta un par de años, luego ya es una enfermedad de por vida", reconoce con temor. Durante estos años de espera también le diagnosticaron un cáncer del cuello del útero. En enero de 2014 se sometió a una cirugía oncológica. "Me tuvieron que vaciar y eso me causó una menopausia precoz", relata. A partir de ese momento comenzó a costarle más todavía adelgazar o incluso mantenerse en el mismo peso.

El rápido deterioro de su salud hizo que su caso se vuelva prioritario. Los especialistas la sometieron a una dieta basada en batidos de proteína para aydarle a perder peso y le hicieron las pruebas prequirúrgicas nuevamente, incluidas las de anestesia, que tienen una validez de seis meses. Carmen pensó entonces que por fin entraría al quirófano pero finalizó 2014 y no la llamaron. En marzo de 2015, volvió a conseguir cita con su cirujano. "Me dijo que no sabía cuando me iba a operar porque estaban dando prioridad a las operaciones de cáncer y no estaban haciendo reducciones de estómago. Me sugirió que si en seis meses no me volvían a llamar que pidiera cita otra vez para su consulta", recuerda.

Aquella explicación contrasta, según apunta la vecina de Los Majuelos, con lo que ve cada vez que acude a su endocrino. "Uno conversa con la gente en la sala de espera y hay gente que han operado y que llevaba mucho menos tiempo que yo esperando. No entiendo por qué pasa esto porque cuanto más tiempo pasa yo estoy peor", insiste la mujer.

La dieta hiperproteica a base de batidos que le dieron el año pasado, cuando parecía que la cirugía era inminente, la hizo perder nueve kilos pero en cuanto los dejó tuvo un efecto rebote con el que recuperó esos nueve kilos y ganó cinco más. "Se supone que antes de la cirugía tienes que bajar un 10% de tu peso. Pesaba 128 kilos y los bajé dos meses. Cumplí mi parte pero ellos no cumplieron la suya", lamenta.

Carmen Rodríguez lleva casi toda la vida peleada con la báscula. Sus problemas de sobrepeso comenzaron en la adolescencia. La primera regla la encontró con 20 kilos demás. En parte lo achaca a una predisposición "genética" y también reconoce que no se alimentaba bien. "Comía muchos fritos y nada de fruta ni pescado. Además, no respetaba los horarios. Comía cuando me daba la gana y cualquier cosa", indica. A partir de entonces comenzó su peregrinar por consultorios de nutricionistas y endocrinos, tanto privados como públicos, que le daban dietas "muy restrictivas" que terminaba abandonando subida en una montaña rusa que hacía luego que redujera alguna talla y aumentara dos rápidamente por el efecto rebote.

Cuando se fue a vivir con su mujer, hace ahora once años, cambió sus hábitos y comenzó a consumir una dieta más saludables basada en pescado, frutas y verduras. Ahora consume a diario 1.500 calorías. Va al gimnasio, pero reconoce que hace media clase de baile y queda "con la lengua afuera". También camina todo lo que sus doloridas rodillas, tobillos y espalda la dejan. "No me puedo agachar ni me puedo asear sola. Mi familia tiene que ayudarme para todo. Pero eso tampoco hace que me quede deprimida en el sofá. Me esfuerzo por hacer todo lo que mi cuerpo me deja. Tengo una hija de cuatro años y otro en camino, y necesito tener una vida normal", reclama con tristeza.

Sus limitaciones físicas la obligaron a dejar su trabajo. Según explica, no le compensaba porque lo que ganaba "lo gastaba en fisioterapeutas por los dolores que tenía de estar tantas horas de pie".

En enero de este año, Carmen consultó a sus médicos sobre el puesto que ocupaba en la lista de espera del Hospital Universitario. Le dijeron, asevera, que "solo tenía seis personas delante". "No me creo que en nueve meses no hayan podido operar a seis personas, cuando la cirugía bariatrica es relativamente sencilla, porque se hace por lamparoscopia, entrando al cuerpo a través de una pequeña incisión. Luego tenemos que estar una semana ingresados porque durante los primeros días no se puede comer nada", recalca.

Reconoce que su experiencia la ha vuelto "muy escéptica" sobre los anuncios que hacen los responsables de Sanidad sobre las listas de espera. "No me creo nada. Ya he puesto dos reclamaciones y me responden que espere mi turno, que no pueden hacer nada", concluye.

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