La Laguna

La Justicia ordena a Montesinos desalojar el Mercado de San Pablo el 4 de noviembre

Una sentencia obliga al responsable de la recova a abandonar la casona de Herradores y pagar a sus dueños, la familia Borrella, los 282.000 euros, más intereses, que les debe por los impagos del alquiler

20.09.2015 | 00:41

La juez María Mercedes Santana, titular del Juzgado Número 5 de La Laguna, ha condenado a Pablo Montesinos, responsable de la empresa Inversiones Turísticas Bezanilla SL, a desalojar el Mercado de San Pablo, en pleno casco de La Laguna, el próximo 4 de noviembre a las 9:30 horas. Asimismo, la magistrada ordena la rescisión del contrato de arrendamiento de esta empresa con la familia Borrella, dueña de la vivienda que ocupa la recova gourmet en el número 59 de la calle Herradores.

María Mercedes Santana lo ordena porque Montesinos dejó de pagar a los propietarios de la casa mensualidades por un total de 282.600,93 euros, cantidad que asimismo deberá pagar el empresario a los Borrella, según la sentencia firmada el pasado jueves y a la que ha tenido acceso la opinión de tenerife, así como las cantidades que se vayan devengando durante la tramitación de la causa hasta la fecha en que se desaloje el Mercado, con su respectivo interés legal, así como las costas judiciales del proceso.

Es la segunda orden de desahucio que decide la Justicia contra el gestor del Mercado de San Pablo. La anterior data del 15 de julio del año pasado, aunque el empresario logró evitarla solo un día antes después de conseguir la inversión suficiente para saldar las deudas acumuladas en aquel entonces y alcanzar un acuerdo con los Borrella. Sin embargo, en esta ocasión no hay marcha atrás pues el pasado 6 de abril, la recova cerraba sus puertas, apenas cinco meses después de su inauguración, por un corte de luz y una orden de cese de actividad emitida por la Gerencia de Urbanismo. Con ello, unas 40 familias, aparte de los socios de la empresa, quedaban en una situación delicada, con el peligro de perder todo el dinero que pusieron en un sueño que se había convertido en una pesadilla.

Insolvencia

Montesinos intentó frenar el desahucio alegando insolvencia al carecer de liquidez económica para hacer frente a los pagos de las mensualidades pendientes. Intentó justificar esa insolvencia asegurando que se había producido por el impago de las contraprestaciones periódicas, rentas y consumo de luz y agua por parte de los operadores de los diferentes puestos del Mercado de San Pablo. Asimismo, Montesinos aseguró que todo ello obligó a la empresa Inversiones Turísticas Bezanilla SL a entrar en concurso de acreedores, pero el proceso lo inició de forma voluntaria solo un día antes de la celebración del juicio por la demanda de los Borrella. La juez entiende que ese concurso de acreedores no está resuelto y, por lo tanto, no influye en esta causa judicial.

Además, los dueños de la casa no habían sido informados del inicio del concurso de acreedores. Aún cuando en la escritura de constitución de la empresa Inversiones Turísticas Bezanilla SL, el único patrimonio que tiene para hacer frente a las deudas desde la puesta en marcha del proyecto, hace ahora dos años, son una iPhone y una todoterreno Montero valorados en 3.000 euros, la magistrada condena a Montesinos a devolver todas las cantidades adeudadas.

Pablo Montesinos se enfrenta, además, a más de una docena de causas judiciales, algunas por presunta estafa, como consecuencia de las deudas que acumula su empresa. Entre los demandantes se encuentran operadores de los puestos y los proveedores que trabajaron en el diseño del local y que proporcionaron el equipamiento de su interior. Otros reconocen que han optado por no invertir en una causa judicial porque Inversiones Turísticas Bezanilla SL es insolvente. Sus socios han presentado una querella penal por presunta estafa, administración fraudulenta y desleal, apropiación indebida y falsedad documental por supuestamente amañar la contabilidad. La querella se tramita en el Juzgado de Instrucción número 1 de La Laguna y el empresario se enfrenta a una pena total de 15 años en prisión.

Un proyecto fracasado

El Mercado de San Pablo, la iniciativa con mayor inversión privada de los últimos años en el casco histórico de Aguere, comenzó de forma prometedora y generando importantes expectativas –una gran casona rehabilitada y convertida en 2.000 metros cuadrados con una treintena de puestos de comida de todo tipo, desde carne y pescado hasta frutas y verduras– pero terminó convirtiéndose en uno de los mayores fiascos comerciales del municipio.

Después de muchas vicisitudes y la orden de desahucio finalmente solventada, el Mercado abrió el lunes 27 de octubre del año pasado con 36 puestos distribuidos en dos plantas y comidas de diferentes lugares del mundo, como Japón, México, Cuba y Venezuela. No hubo grandes celebraciones pero sí mucha gente con ganas de ver por fin el proyecto del que tanto se había hablado. Todo parecía ir bien. De hecho, en la Noche en Blanco del siguiente mes, los pasillos se llenaron de clientes y las críticas eran positivas.

Pero la alegría no duró mucho. La insatisfacción empezó a cundir poco a poco entre el socio principal de Montesinos y los operadores de los puestos, sometidos por contrato a drásticas exigencias, como la de mantener los espacios abiertos en todo momento y cumplir escrupulosamente con los pagos del canon y las otras obligaciones. La clientela no era suficiente para hacer rentables nada más y nada menos que 36 puestos. Las fricciones entre los operadores y el promotor se hicieron cada vez más patentes. Pero había algunos detalles que ni ellos ni el socio principal de Montesinos sabían: la empresa gestora del Mercado, Inversiones Turísticas Bezanilla, acumulaba impagos en los recibos de la luz y el agua, y el alquiler de la casona. El principal socio, que debía participar en las decisiones tras invertir cerca de medio millón de euros, quedó apartado completamente y no recibía información de la situación financiera, según ha admitido su abogado, Miguel Ángel Hernández.

El cierre definitivo

Entonces, algunos operadores empezaron a poner a la venta sus puestos mientras se quejaban de que muchos días apenas pasaba gente por la recova. Pero la tormenta se desató el lunes 6 de abril, cuando el Mercado se veía obligado a cerrar por el corte de luz. Ese mismo día, la Gerencia de Urbanismo de La Laguna ordenaba la paralización de la actividad al comprobar que el local no cumplía con una docena de requisitos que figuran en la licencia comercial otorgada hace seis meses.

Su promotor, Pablo Montesinos, optó en su día por tramitar el permiso municipal por la vía de la comunicación previa de declaración responsable, es decir, asegurando que cumplía la normativa. Sin embargo, el pasado 13 de febrero, los técnicos municipales realizaron una inspección de comprobación en la que certificaron que existían diversas deficiencias.

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