Santa Cruz

Dos hermanos unidos por el urbanismo

Muchas infraestructuras existen gracias a Juan y Joaquín Amigó de Lara, cuyo trabajo fue vital para el desarrollo de la Isla

20.09.2015 | 02:00

Santa Cruz de Tenerife ha tenido la suerte de contar con la dedicación absoluta de dos grandes personajes. Juan y Joaquín Amigó de Lara trabajaron durante toda su vida por el desarrollo del municipio de Santa Cruz, la isla de Tenerife y Canarias. Cada uno en su faceta, uno como ingeniero y otro como aparejador, aportaron todos sus conocimientos para conseguir mejoras. Aunque nacieron en la Península, se trasladaron muy pronto a Tenerife. Su amor por lo que consideraban su tierra les valió para dedicarse por completo a ella. En la actualidad todavía se les recuerda con admiración.

Los hermanos Juan y Joaquín Amigó de Lara dedicaron toda sus vidas a trabajar para el beneficio de sus vecinos. Aunque nacieron en la Península, pronto se trasladaron a Tenerife, de ahí que sintieran Canarias como su tierra y a ella se dedicaran casi por completo.
Juan Amigó de Lara nació el 21 de enero de 1909. Ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid en junio de 1928 y terminó su formación en diciembre de 1933. Su título fue de doctor ingeniero. Durante toda su trayectoria formó parte de la Junta Administrativa de Obras Públicas de Santa Cruz de Tenerife desde mayo de 1934 hasta junio de 1961; ingeniero jefe de Obras Públicas de Santa Cruz de Tenerife; delegado provincial del Ministerio de Obras Públicas desde el 29 de diciembre 1966 al 18 de mayo de 1978; y vocal de las comisiones para la redacción del primer, segundo y tercer plan de desarrollo, con ponencias sobre obras hidráulicas y transportes. Juan Amigó de Lara se jubiló el 21 de Enero de 1979 y falleció el 14 de febrero del año 2000.

Entre los trabajos más importantes que realizó está la redacción o dirección de unos 200 proyectos y otros tantos trabajos de distinta índole, como planes e informes. Destacó, entre otras grandes obras, su participación en las autopistas del norte y el sur de Tenerife; en el túnel de La Cumbre en La Palma; la Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma; la carretera de Boca de Tauce a Guía, en Tenerife; la carretera de La Laguna al Portillo de la Villa, también en Tenerife; la carretera transversal de La Palma; la carretera de San Sebastián a Vallehermoso, desde el túnel de La Cumbre, en la isla de La Gomera; la Autovía de San Andrés, en Santa Cruz de Tenerife; la carretera de San Andrés al Golfo, en El Hierro; la carretera de Santa Cruz de la Palma a Puntagorda por el norte, el tramo de San Andrés y Sauces a Barlovento; o la carretera de Santa Cruz de La Palma a Puntagorda por el Sur, el tramo de El Time a Puntagorda.

Otras de sus actuaciones se centraron en la creación de un silo para cereales de 12.000 toneladas en el puerto de Santa Cruz; el puerto petrolero de Cepsa en la capital tinerfeña; canales para riegos en varias islas con unos 400 kilómetros de longitud; galerías para alumbramiento de aguas; los planes hidráulicos de Tenerife, La Palma y, más en concreto, el de la Caldera de Taburiente; la estación naval de Santa Cruz de Tenerife; diferentes proyectos en la Base Naval de Las Palmas; los varaderos de Asvasa en Las Palmas; diferentes embalses en la isla de La Gomera; el plan de abastecimiento de aguas de Santa Cruz de Tenerife así como el de Santa Cruz de la Palma; y varios puentes en arco de hormigón.

Su trabajo le valió grandes recompensas, como la medalla de plata de la Asociación Española de la Carretera; el Roque de Oro de Garachico; el título de Hijo adoptivo de la Villa de Candelaria; la medalla de oro de Santa Cruz de Tenerife; la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil; y la medalla de honor del Colegio Nacional de Ingenieros de Caminos. Durante toda su vida quiso permanecer a la sombra, trabajando mucho por lo que considera importante para las Islas.

En cuanto a su hermano, uno de los aspectos más destacables de la vida profesional de Joaquín Amigó de Lara fue su nombramiento como alcalde de Santa Cruz de Tenerife. En 1960, en pleno franquismo, lo llamó el gobernador civil para conocer si quería el puesto. Reunió a todos sus hijos que, encantados con la idea de que su padre fuera alcalde, no dudaron en darle su visto bueno. Fue alcalde hasta 1965. En ese momento en el que no había elecciones por la dictadura, conseguir este cargo significaba que se valoraban los méritos personales y profesionales. El gobernador civil apoyó su nombramiento por su trabajo como aparejador y porque había participado en algunos concursos de ordenación del planeamiento de Santa Cruz durante los años 50, destacando en varios proyectos. Como alcalde pudo desarrollar algunas de sus ideas urbanísticas y desarrollar sus propuestas para mejorar la ciudad.

Durante toda su vida ejerció como funcionario del Cabildo de Tenerife gracias a su profesión de aparejador. Estuvo destinado durante 40 años en la sección de Vías y Obras. Se centró en lo que en aquella época se denominaban caminos vecinales, lo que son las actuales carreteras secundarias de la Isla. Durante su época, eran aparejadores como él los que se encargaban de este tipo de obras ya que los ingenieros aun no ejercían en la Corporación insular. Fundó el Colegio de Aparejadores que también presidió durante más de 30 años. Por fuera de la sede oficial que se encuentra en La Rambla hay una escultura que recuerda su figura.

Desde el punto de vista privado tampoco descansó en su profesión. Se pasó muchas horas de su vida visitando galerías de agua de toda la Isla, túneles que tenía que caminar a diario. Publicó varios artículos sobre la gestión y la extracción del agua en Canarias.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine