La Laguna

Empresarios rusos negocian la compra del hotel Neptuno para rehabilitarlo

La empresa que lo gestionaba quebró en 2007 y el edificio fue arrasado por vándalos hasta dejarlo en ruinas

16.09.2015 | 02:00
Imagen del jardín del hotel con la piscina en primer plano.

Un grupo empresarial ruso negocia la compra del antiguo hotel Neptuno, ubicado en primera línea de costa en Bajamar. Los compradores están ultimado un proyecto de rehabilitación que esperan que el Ayuntamiento de La Laguna autorice para reabrir al público el complejo, compuesto por 92 habitaciones y 27 villas independientes, jardines, piscina y una zona de aparcamiento de 5.000 metros cuadrados. La empresa que gestionaba el establecimiento quebró en 2007 y acabó subastado. Quien lo compró renunció a explotarlo y desde entonces el abandono dejó expuestas sus entrañas a las garras de saqueadores y vándalos que se encargaron de destrozar todo aquello que no pudieron robar.

El Neptuno se puso en venta en 2010 por 3.000.000 de euros. Se cerraba entonces la larga historia de este establecimiento, que llegó a ser uno los buques insignia de la Edad de Oro del turismo en Bajamar. El naufragio del dios de los mares llegaba más tarde que el de sus ilustres vecinos: el hotel Nautilus, que fue reconvertido en apartamentos, y el Delfín, que fue transformado en el primer centro de España especializado en enfermos de Alzhéimer en septiembre de 2011 pero quebró dos años más tarde quedando en manos del banco que había concedido el crédito para su reforma. Este edificio está en venta 2,7 millones de euros.

Durante los años que estuvo abandonado, el Neptuno estuvo a punto de convertirse en escombros. En marzo del año pasado, la Gerencia de Urbanismo de La Laguna anunció que estaba estudiando demoler este viejo coloso al detectar problemas estructurales. Además, el responsable de Urbanismo dijo entonces que estaba tramitando una orden para vallar los accesos al edificio para evitar riesgos, pero esa medida nunca se concretó y se siguieron sucediendo los incidentes en su interior, incluidos algunos conatos de incendio.

La industria turística en este rincón de La Laguna tiene, sin duda, un pasado glorioso. Este hotel de Bajamar, que un grupo de empresarios rusos está dispuesto a resucitar, fue el escenario en los años 60 y 70 de miles de bodas y multitudinarios banquetes de fin de año. Mareas de turistas nórdicos, alemanes y hasta norteamericanos colapsaban las reservas hasta tal punto que muchos vecinos se hacían el agosto alquilando las habitaciones de sus propias casas.

Eran años en los que Bajamar era, tras el Puerto de la Cruz, el segundo centro turístico de la Isla. El historiador Julio Torres Santos lo detalla: "Bajamar se convirtió en el lugar de moda en los años 60 y 70. Había una auténtica fiebre y todo el mundo quería estar ahí. Diariamente, las pandillas de muchachos bajaban desde La Laguna abarrotando las guaguas de Palazón, aún por entonces con los asientos de madera. En 1969 llegó la moda de las cenas de matrimonios en los hoteles Neptuno y Nautilus, con más de 150 comensales, algo impensable para la época".

El Neptuno era por aquellos años un faro, siempre iluminado y con gente yendo y viniendo. Tenía restaurantes, bares y una discoteca llamada Tíboli, que junto al Club Náutico de Bajamar era algo así como el Cuadrilátero. Bajamar fue declarada zona de interés turístico el 16 de abril de 1964. Ese mismo día se acordó la apertura del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) del Nordeste de Tenerife en esta localidad. La reunión con el delegado provincial del Ministerio de Turismo, por entonces en manos de Manuel Fraga, en la que se resolvieron estos asuntos tuvo lugar justamente en la primera escuela de Turismo de Canarias: el hotel Neptuno.

Durante dos décadas el negocio se mantuvo boyante, pero a partir de los años 80, con el surgimiento del Sur como nuevo epicentro del turismo, las tornas comenzaron a cambiar. Comenzaba así el ocaso.

Dentro del Neptuno aún quedan rastros de aquel pasado glorioso como si un día, no se sabe por qué, todos hubieran salido huyendo y el tiempo se hubiera detenido. En la recepción todavía está el mostrador. Sobre el mueble, libros llenos de apuntes contables con detalles sobre pérdidas y ganancias. En el suelo, un río de facturas. Una de ellas está a nombre del señor Massoth, huésped del hotel del 23 al 30 de julio de 1999. La noche costaba entonces 2.850 pesetas (17 euros). Con las comidas y otros servicios extra que había disfrutado, la estancia durante una semana en la habitación 618 le acabó costando 79. 800 pesetas (479 euros).

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