La Laguna

El obispo pide que se acoja a los refugiados

Bernardo Álvarez llama a los fieles en la homilía en honor al Cristo lagunero a ayudar a los 60 millones de desterrados de todo el mundo

15.09.2015 | 02:12
La sagrada imagen del Cristo salió en procesión ayer por el casco.

La actualidad internacional se coló ayer en la Catedral lagunera. El obispo de la Diócesis de Tenerife, Bernardo Álvarez, no quiso quedarse al margen del drama de los refugiados, que tiene estos días en vilo a toda Europa, y pidió a los fieles en el día grande de las Fiestas del Cristo que "sean sensibles y acogedores" con los casi 60 millones de personas que se han visto obligadas a dejar su tierra. El prelado nivariense invitó a los centenares de devotos de la sagrada imagen que abarrotaban ayer el templo a que se sumen a la vigilia de oración que se celebrará en la iglesia matriz el próximo sábado, a las 21:00 horas, por los desterrados, a quienes exigió "que se trate como a hermanos".

Cerca de las once de la mañana, autoridades civiles y militares iniciaron en la plaza del Adelantado la procesión del Pendón Real, que este año le tocó cargar al concejal nacionalista Sergio Eiroa, por ser el más joven de la Corporación local. El alcalde lagunero, José Alberto Díaz, fue en este acto el representante oficial del rey Felipe VI, que es a su vez esclavo mayor honorario perpetuo del Cristo. Notoria fue la ausencia del presidente de Canarias y exalcalde lagunero en los actos de la mañana, a los que no pudo asistir por cuestiones de agenda, aunque sí participó de la procesión de la venerable imagen que tuvo lugar por la tarde, en la que la talla visitó los conventos de Santa Clara de Asís y Santa Catalina de Siena.

El máximo representante del Ayuntamiento de La Laguna en la procesión y posterior misa fue el primer teniente de alcalde, el socialista Javier Abreu. También participaron el resto de concejales de su grupo, sus socios nacionalistas en el Gobierno local y los del Grupo Popular, encabezados por Antonio Alarcó. Quienes optaron por no asistir fueron los ediles de Por Tenerife y los Unid@s se puede, que de acuerdo con su compromiso ético han decidido no participar en ningún evento religioso. Tampoco asistió nadie de la Universidad de La Laguna y si lo hicieron los más altos cargos militares, de la Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local. También estuvo la presidenta del Parlamento regional, Carolina Darias y el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, ambos con un nutrido grupo de miembros de sus respectivas instituciones.

Ya en la Catedral, la homilía estuvo a cargo del obispo de Guadix, Ginés Ramón García Beltrán quien hizo hincapié en las ideas de salvación y libertad. "Mirar al Cristo es mirar a nuestra salvación. Sus heridas nos han curado. El hijo de Dios se rebajó hasta someterse a la muerte. Es la prueba más grande del amor que le tiene Dios a la humanidad", señaló.

Monseñor García Beltrán indicó que "la fuerza del Señor Crucificado es tal que no puede dejar a nadie indiferente. Un amor ofrecido sin esperar nada a cambio, de modo gratuito. La respuesta a este amor tan grande es lo que experimenta desde hace siglos, y celebra cada año, este pueblo con su gran amor y devoción a la imagen bendita del Señor colgado del madero", destacó.

El obispo de Guadix continuó apuntando "lo que celebra La Laguna en torno a su Santísimo Cristo es una prueba del poder de la cruz". "Cuántos hombres, cuántas generaciones abrazadas a la cruz han construido un mundo más justo y mejor, un mundo de hermanos. El significado de la esclavitud que da nombre a la hermandad que custodia la imagen del Cristo y su devoción, nos recuerda que la esclavitud por amor es el mejor de los signos de la libertad. Es la libertad del amor. Ser esclavos por amor es ponerse al servicio de los demás, especialmente del que más lo necesita", destacó.

Para el prelado, "el rostro del Cristo de La Laguna se hace visible en los niños abandonados o con familias desestructuradas, en los jóvenes sin trabajo y en los que no encuentran sentido ni esperanza en sus vidas, en las familias que pasan por dificultades, en la mujeres que sufren el maltrato, en los ancianos solos y abandonados, en los que no experimentan el amor ni la cercanía de los demás" y especialmente "en los que llaman a las puertas de Occidente buscando una vida digna, aunque perezcan en el intento, y en los refugiados de los conflictos de Oriente Medio"

El prelado nivariense finalizó la misa recomendando a los presentes que sigan el consejo de Santa Teresa cuando decía que "no vivimos en tiempos para pedir cosas pequeñas". "Pidamos cosas grandes al Cristo", sugirió Bernardo Álvarez antes de salir nuevamente a la calles del casco junto a la talla del Cristo en la procesión del retorno a su Santuario. Durante el trayecto, que se extendió por más de una hora, la cantidad de devotos que se acercaron a ver la imagen colapsaron las peatonales Viana y San Agustín y la calle Nava y Grimón. A los márgenes de la procesión reinaba un ambiente familiar en el que abundaban los niños. Las laguneras Asunción y Soledad Domínguez acudieron con sus respectivos hijos, de entre 3 y 8 años, según explicaron para "que los pequeños vivan la tradición" que les inculcaron a ellas mismas. "Aunque a ellos lo que más les ilusiona es la feria, no la procesión", reconocieron las jóvenes madres.

Aunque Mari Carmen Afonso apuntaba a las puertas del Santuario que "los laguneros le deben mucho al Cristo" por sus favores, el vender de la Once, Clímaco Afonso, se mostraba más escéptico. "Aquí, de momento, no ha habido milagros. Desde las ocho de la mañana hasta la una no se vendió casi nada. Recién ahora está repuntando", reconoció cerca de las dos de la tarde, cuando la talla arribó a la plaza de su iglesia y recibió la clásica ofrenda militar.

A las siete de la tarde, los fieles y la Esclavitud del Cristo volvieron a congregarse en el Santuario. Su rector, el reverendo Carlos González Quintero fue el encargado de celebrar la misa, en la que participó el Coro Amigos de Fe, dirigido por Jacobo Luis González. A continuación, la venerable imagen volvió a salir a la calle para visitar los conventos de la ciudad. Iba custodiada por los esclavos. Tal y como sucedió al mediodía, los márgenes del recorrido se llenaron otra vez de público, y también los locales de restauración de la ciudad, que fueron los únicos que abrieron sus puertas ya que la jornada de ayer fue festiva en todo el municipio de La Laguna.

El último tramo del Día del Cristo lagunero estuvo protagonizado, como es tradición, por los fuegos artificiales que se lanzaron desde la montaña de San Roque a la llegada de la imagen del Santísimo a la plaza, finalizada su procesión por el casco histórico. La noche concluyó con una gran exhibición pirotécnica que iluminó el cielo lagunero con multitud de colores al filo de la medianoche.

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