La Laguna

El obispo lamenta que la corrupción esté en todo

Bernardo Álvarez señala en las fiestas del Cristo que "lo que tiene que inquietarnos es que si trampeamos estamos cometiendo una injusticia que va contra la ley de Dios y el amor al prójimo"

10.09.2015 | 02:34
Un momento de la ceremonia de descendimiento y besapié del Cristo con el obispo y el rector del Santuario, entre otros miembros de la Esclavitud.

El obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, afirmó ayer, durante su homilía en la ceremonia del descendimiento y besapié por las fiestas del Cristo, que a pesar de que cada día asombra más la corrupción que existe, "la que aparece en los periódicos es solo la de los políticos, mientras que la corrupción está metida en el corazón de todos nosotros". "Todos trampeamos y parece que lo que nos preocupa es que se sepa", añadió.

En este sentido, el prelado manifestó que lo que tiene que preocupar a las personas sobre dicho acto es que "eso es una injusticia, va contra la ley de Dios y el amor al prójimo". Por ello, Álvarez animó a todos los fieles que acudieron ayer al Santuario del Cristo a que aprovecharan estos días de fiestas para confesarse y pedir perdón.

Además de la corrupción, el obispo aludió a "las heridas tan grandes del mundo" porque "no hay peor mal para una persona que no saber que estaba enferma". Esta frase venía en relación a los comentarios en las redes sociales de personas que señalaban que no debían perdonarlas por abortar, al ser un derecho.

En el acto de ayer estuvieron presentes diferentes autoridades políticas, encabezadas por el alcalde de La Laguna, José Alberto Díaz; así como el rector del Santuario, Carlos Quintero González; el esclavo mayor del Cristo, Jorge Melón; entre otros. Tras la homilía, el obispo bendijo las medallas que, posteriormente, impuso a los nuevos esclavos. Los nueve miembros que forman parte desde ayer de la Esclavitud del Cristo son: José Airam Fariña, Juan Nicolás García, Guillermo González, Jacobo Luis González, Santiago Juan López, Pablo Díaz, Agustín Pérez, Ruimán Ferrera Hernández y Alejandro Molina.

A punto de cumplirse las 12:30 horas, se apagaron las luces de la iglesia y el repique de las campanas y los fuegos anunciaron que llegaba el momento más emotivo de la mañana: el descendimiento del Cristo para proceder al besapié.

La devoción por el Cristo de La Laguna es tan amplia que cruza las fronteras del municipio y se extiende por toda la Isla. De ahí que, desde bien temprano, los fieles comenzaran a llegar hasta el Santuario para coger sitio para ver la ceremonia.

María del Carmen y María Soledad Hernández González son dos hermanas que actuaron ayer en la procesión con la coral polifónica del Círculo de la Amistad XII de Enero. "Este año hacemos 31 años actuando en esta celebración y es muy emocionante porque el Cristo, además, es muy milagroso", aseguraron. "Es un acto único porque el momento en el que se apaga la luz para proceder al descendimiento es muy bonito", afirmaron justo antes de que comenzase la misa.

Para Rita Rodríguez Hernández, como buena lagunera, la devoción que siente por el Cristo es muy grande. "Él me acompaña todos los días y yo vengo todos los viernes a verle", confesó, a la vez que aclaró que piensa en el Cristo "para lo bueno y para lo malo" porque "lo único que siempre le pido es salud". Rodríguez remarcó que la fiesta del Cristo es la más grande para los laguneros porque se vive desde pequeño. "Es una tradición que pasa de padre a hijos", resaltó mientras hacía cola para el besapié. "Este momento es muy emotivo porque al tenerle tanta fe, me da paz", matizó.

Por su parte, Pilar Sánchez y Mary Sol Hernández, miembros del Coro del Cristo Amigos de Fe, recordaron que estas fiestas son muy importante para los laguneros porque "hasta los que no son católicos, son devotos del Cristo", aunque, antiguamente, se reunía muchísima más gente. Por la tarde, la imagen del Cristo salió en procesión hasta la Catedral, donde comenzó el quinario.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine