Santa Cruz

Reencuentros por la Virgen de Regla

Por primera vez, la Hermandad de La Macarena y los amigos de Jesús Nazareno, de la parroquia de La Concepción, acompañaron a la patrona de Cabo Llanos en su recorrido desde su ermita al Mercado Nuestra Señora de África

08.09.2015 | 23:36
Procesión de la Virgen de Regla desde su ermita hasta el Mercado Nuestra Señora de África de Santa Cruz.

Los antiguos vecinos de Los Llanos se reunieron ayer, como cada 8 de septiembre, alrededor de la Virgen de Regla para celebrar en su día grande. Aunque ya no viven en la zona, es una cita a la que nadie falta y que ha pasado de padres a hijos porque, además de honrar a su patrona, aprovechan para recordar los buenos momentos que vivieron en su infancia y juventud.

Orlanda Barrios es una de las vecinas del antiguo barrio de Los Llanos que cada año intenta cumplir con su cita con la Virgen. Nacida en la misma calle de Regla, lleva esta festividad en la sangre. "Antiguamente había parrandas y corrillos y mientras mi padre tocaba yo solía ponerme a cantar", señala. Estos buenos recuerdos la llevan cada año a acudir a la celebración, en una cita en la que todos los amigos de la infancia se reencuentran y recuerdan cómo eran aquellos tiempos y el barrio en el que crecieron y que un día tuvieron que dejar atrás.

Gabriela Melián volvió este año a acudir a la misa en honor a la Virgen de Regla después de tres años sin acudir, ya que un 8 de septiembre de hace tres años falleció su marido. "Mi marido era del barrio de Las cuatro torres pero siempre decía que era llanero", cuenta Melián, quien reconoce que su esposo "se fue el día de la Virgen de Regla que tanto adoraba y tan solo unas horas después de haber tocado para ella con su grupo". Estos recuerdos hicieron que, durante un tiempo, Melián no tuviera fuerzas para acudir a esta cita anual pero, reconoce que, a partir de ahora, "seguiré viniendo porque quiero continuar con su tradición".

Gabriela Gordillo Martínez y su prima Evelia Pérez Gordillo también fueron fieles a su cita del 8 de septiembre. A sus 76 años, Gabriela recuerda como, cuando era niña, su madre acudía hasta la playa a buscarla para acudir a la misa. "Mis padres nacieron en la plaza Añaza, donde ahora está la avenida Tres de Mayo, y siempre me traían a esta fiesta", asegura.

Su prima Evelia asegura que ya se ha convertido en una cita oficial de la familia. "Todos los años quedamos para venir y, aunque no nos hayamos visto en meses, acudimos a la misa y nos encontramos con los amigos de la infancia", afirma, a la vez que reconoce que "lo que más nos gusta es recordar las historias del pasado".

Vestida con un manto rojo y dorado y a hombros de los miembros de Protección Civil –la Virgen de Regla es patrona desde hace siete años de la agrupación de Santa Cruz–, salió de su ermita hasta la plaza anexa donde el párroco Agustín Sanabria y su compañero el vicario general de la parroquia de Los Cristianos, el padre Ramón, oficiaron la misa cantada en torno a las siete de la tarde, en la que actuó la Unión Artística El Cabo. Pero desde bastante tiempo antes, las gradas colocadas para la ocasión se llenaron de los fieles que no querían perder ni un detalle de la eucaristía.

Durante la misa, los miembros de Protección Civil de diferentes localidades como La Orotava, Puerto de la Cruz, Los Realejos o Santa Úrsula, entre otras, hicieron una ofrenda a la Virgen de elementos que usan habitualmente para su trabajo. Así, la Unidad Operativa de Montaña de Protección Civil ofreció a la Virgen unas cuerdas, herramientas necesarias en su trabajo, con las que ofrecieron el esfuerzo, el peligro al que se exponen cuando salen a salvar vidas; la Unidad Operativa Contraincendios ofreció una mochila de agua; y los voluntarios de Asistencia Sanitaria llevaron a la Virgen de Regla un botiquín.

Pasadas las 20:30 horas, la Virgen de Regla salió a hombros de los voluntarios desde su ermita hasta el Mercado Nuestra Señora de África. Este año, además, por primera vez la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza Macarena y el grupo Amigos de Jesús Nazareno acompañaron a la Virgen de Regla en su camino hasta la recova. "Es la primera vez que venimos invitados por el párroco y esperamos acudir siempre que nos llamen porque es un honor para nosotros", reconoció la hermana mayor María del Carmen Llarena. De la misma opinión es Telesforo Ponte, portavoz de los Amigos del Nazareno, quien señaló que "estamos muy contentos y nos gustaría que fuera una cita fija en el calendario del grupo y poder asistir cada año a la procesión".

Telesforo, además, entregó ayer a la Asociación de Amigos de Los Llanos más de 40 imágenes antiguas tanto de la ermita como de la zona de Cabo Llanos que estuvieron expuestas durante la misa y en la que más de uno paró a ver aquellos lugares por los que corría de pequeños. Por su parte, el secretario de la Asociación, Celso Santana, resaltó que "esta fiesta significa el recuerdo, volver a encontrarse con los amigos del pasado". Así, afirmó que la festividad del 8 de septiembre es conocida por muchos como La fiesta del beso, porque con los reencuentros no faltan los dos besos de rigor. Además, "es muy emotivo porque es una tradición que ha pasado de padres a hijos", manifiesta Celso Santana.

Una vez en la recova, el grupo folclórico Los Verodes actuó para la Virgen y la cantante Josefina Alemán le dedicó el Ave María, que ya le había cantado anteriormente Antonio Morín. Tras las actuaciones, el Mercado realizó su tradicional homenaje con una exhibición de fuegos artificiales para decir adiós a la Virgen que volvió hasta su hogar.

La ermita de la Virgen de Regla se fundó en el siglo XVII porque el Castillo de San Juan, más conocido como Castillo Negro, no tenía capacidad suficiente para crear un oratorio, por lo que se buscó un lugar cercano. La importancia de esta ermita, además, según destaca el cronista oficial de la ciudad, Luis Cola, se debe a que en el subsuelo hay miles de personas enterradas que fallecieron a causa de la fiebre amarilla entre 1810 y 1811, ya que las iglesias –donde se realizaban los enterramientos– se quedaron pequeñas y fue necesario usar también la ermita. Por este motivo, recuerda Cola, se creó el cementerio de San Rafael y San Roque.

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