Fiestas de Güímar | Bajada de la Virgen de El Socorro

La devoción vence a la lluvia

Las precipitaciones a lo largo del día no impidieron ayer la celebración

08.09.2015 | 02:00
la lluvia de madrugada y la misa y partida de la Virgen de El Socorro desde la Iglesia de San Pedro hasta la ermita que lleva su nombre.

Hacía casi dos siglos que no pasaba, exactamente desde 1846. Eran las seis y media de la mañana de ayer y la plaza de la Iglesia de San Pedro, en Güímar, lucía una estampa diferente a la que ha tenido cada 7 de septiembre desde ese entonces. Centenares de fieles estaban empapados e intentaban protegerse de la intensa lluvia en los portales, bajo los árboles e incluso buscando un hueco en una parroquia repleta mientras se celebraba la misa. Más de uno temió lo peor, que se suspendiera la tradicional Bajada de El Socorro hasta su ermita debido al mal tiempo, pero aguantaron el chaparrón a la espera de un milagro. A las ocho menos cuarto, tras el amanecer, la devoción venció al aguacero.

Cuando aún quedaban unas gotas, la gente comenzó a salir de debajo de los árboles, de los portales y de la iglesia porque la Danza de las Cintas anunciaba el comienzo. Pequeños y grandes empezaban a moverse mientras tocaban sus castañuelas. Cintia Marrero, de "ocho años y medio, casi nueve", seguía el ritmo de sus compañeros con una sonrisa. Desde hace tres participa en este baile, como ya lo hicieron el bisabuelo y el abuelo de su madre, Ángela Delgado.

Personas de todos los rincones de la Isla observaban el momento de la salida sin importarles estar calados hasta los huesos, y ella no les falló y cumplió con su presencia, aunque con 45 minutos de retraso. Con su manto verde y bordados dorados, la Virgen fue recibida a las 07:45 entre los vítores y las lágrimas de los congregados. Para J. B. fue un momento muy especial, no solo por poder arrancar el camino junto a la imagen, sino también por cumplir así la promesa que le hizo cuando su padre estaba "malo malo". Vestido con la zalea de los guanches y con un sombrero de paja decorado con un gajo de albahaca, tal y como marca la tradición, este güimarero decidió hacer el recorrido desde el casco del municipio hasta la ermita de El Socorro descalzo, en total unos cinco kilómetros de distancia. A la hora de describir el sentimiento que le produce esta celebración, no tuvo palabras para definirlo. "Hay que vivirlo y sentir lo que se vive", subrayó.
Desde que la talla partió de San Pedro, miles de peregrinos se sumaron a la caminata por las antiguas calles de trashumancia aborigen, bordeando el norte del malpaís hasta llegar a la playa de Chimisay, donde la Alcaldesa Honorífica y Perpetua del municipio se le apareció a los guanches, según dice la leyenda. Con el atuendo de los ancestros, Noemí Cabrera siempre ha estado presente cada 7 de septiembre en los 21 años que tiene, en esta ocasión, también para cumplir una promesa "personal". Para esta joven güimarera, esta fiesta es "como si fuera fin de año".

Al final del recorrido, fueron aproximadamente 80.000 las personas que participaron en la Bajada, casi la mitad que en la edición anterior. Entre ellas estaban María y Henar, que hacían el trayecto cómodamente sentadas en su carro mientras saboreaban la chupa y su padre, David Gómez, las empujaba. Pese a sus cortas edades, tres años, estas mellizas nunca han faltado a la cita.

Mientras la gente pasaba y pasaba y las nubes daban paso a un caluroso día de verano, José Manuel Rivero y sus amigos y familiares fueron animando la peregrinación más antigua de Canarias con sus instrumentos y voces. En su caso, se levantó a las cuatro y media de la madrugada para disfrutar de El Socorro, pero para ello tuvo que soportar la amanecida y también el chaparrón que le cayó. Pese a los contratiempos, no perdió la sonrisa ni sus ganas de tocar el timple.

Él es uno de los fieles que no es de Güímar. El sexagenario es candelariero y acude a la Bajada desde hace 40 años. Aunque reconoció que prefiere a La Morenita, eso no quita que también sienta devoción por la Alcaldesa Honorífica y Perpetua del municipio en fiestas, aunque en realidad "dicen que es la misma", agregó Leticia González, güimarera de 23 años que siempre tiene marcada en su calendario el 7 de septiembre.

Mientras entraba en calor haciendo el recorrido tras la lluvia de los primeros rayos del día, María del Carmen Díaz, que aunque es de Santa Cruz vivió más de dos décadas en Güímar, explicó que, según la leyenda, La Morenita se le apareció a los guanches en la playa de Chimisay, hoy en El Socorro, un acontecimiento que fue representado en la tarde de ayer de acuerdo a la tradición. Los aborígenes, de hecho, decidieron "llevarla a la Cueva de San Blas, en Candelaria". Fue allí donde los ancestros dieron culto a la imagen, mientras que "tiempo después se hizo El Socorro", puntualizó María del Carmen mientras descansaba.

En su caso, afirmó ser "creyente" de la Virgen y tener "mucha fe" en ella. "Hacía 15 años que no venía y mi pareja me lo dijo". Respecto a los cambios que ha notado, indicó que "antes ibas caminando y las carrozas te invitaban a cosas, pero ahora me parece que todos van a lo suyo", reflexionó. Aunque ha asistido a diversas ediciones de la Bajada, ayer fue la primera vez que acudió a la Misa de Los Peregrinos, que tiene lugar después de la bendición de las carrozas y coches engalanados. La liturgia que dio el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, antes de que arrancara la caminata resultó ser "preciosa", puntualizó la chicharrera mientras emprendía la marcha.

Ella siguió con el recorrido arrastrada por una marea de fervor. Miles y miles de peregrinos realizaban el serpenteante trayecto bajo un sol abrasador. Los pocos que tuvieron la suerte de tener paraguas optaron por dejarlos abiertos para protegerse del sol. Los sombreros con ramas de albahaca y las gafas de sol, junto a los pantalones cortes y camisetas, eran la vestimenta estrella, mientras que el vino de las botas refrescaban a los asistentes.

Lucio Peña y Esperanza Jorge se cogieron una "mojada buena" por la mañana, pero cuando ya habían pasado la mitad del camino tenían la ropa seca. Si el año pasado "hacía un calor fuerte, ahora se agradece la lluvia", comentó el primero. Ambos son de El Rosario y se levantaron a las cuatro de la mañana junto a su hijo Kevin, de 13 años, para acudir a la Bajada. "En agosto hice hasta la de La Candelaria y aguanto porque juego al fútbol", dejó claro el pequeño con orgullo. En cuanto a si son devotos, su padre respondió: "En algo hay que creer, menos en la política", sonrió.

Mientras los peregrinos pasaban y pasaban, Desiré Hernández no paraba de ofrecerles pequeñas tejas decoradas con la imagen de El Socorro. Acude "a todas las fiestas" de la Isla para ofrecer estos recuerdos a un euro y, según destacó, la Bajada es "una de las mejores, incluso mejor que la de Candelaria, porque los güimareros tienen más devoción", aseguró.

Aunque recordó que cada festejo "tiene lo suyo, aquí la gente pide hasta los dos días libres [ayer y hoy, para la Subida] y vienen personas de todas partes", agregó esta santacrucera, que acudió a la Iglesia de San Pedro desde las seis de la mañana, aunque como "cayó un agua que daba miedo" decidió esperar a que se despejara para comenzar a trabajar.

Aunque estaba previsto que la talla saliera del casco de Güímar a las siete de la mañana, la lluvia hizo que se retrasara 45 minutos pero, pese a la demora, la imagen apareció en la ermita que lleva su nombre a buena hora. A las 12 menos cuarto del mediodía, cuatro horas después de iniciar la marcha, las campanas comenzaron a anunciar su entrada. A Lorenzo Gómez, de Santa Úrsula, le corría el sudor por la frente debido al calor y al cansancio al ser uno de los encargados de hacerla llegar sana y salva. En torno a una decena de hombres y mujeres cargaron a Alcaldesa Honorífica y Perpetua de Güímar en sus hombros durante esos cinco kilómetros hasta dejarla en su nuevo altar entre vítores y aplausos, igual que cuando partió. Las lágrimas también volvieron a asomar entre la gente.

Una vez resguardada, la lluvia regresó a la fiesta. La devoción de los miles de peregrinos, sin embargo, la venció de nuevo para la representación de la aparición de la Virgen a los guanches en la playa de Chimisay. Tras la celebración de estos actos, la Santa Imagen regresa hoy a la Iglesia de San Pedro acompañada por otros miles de personas, donde permanecerá hasta el próximo 7 de septiembre.

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