Celgán se despide a medias

El Ayuntamiento de Santa Cruz derriba parte de la antigua fábrica de Tío Pino a la espera de que su dueño se haga cargo del resto del edificio

02.09.2015 | 02:00
Obras de demolición de la antigua fábrica de Celgán.

Después de casi una década de espera, la antigua fábrica de Celgán comenzó ayer a desmantelarse. En pie quedará una parte, la que no está en ruinas. Se conservará tapiada para evitar que nadie pueda acceder al interior. La otra, la que los técnicos han decidido eliminar por considerar que su estructura sufre riesgo de derrumbe, se tirará por completo en menos de dos días. Los trabajos de retirada de escombros, sin embargo, se prolongarán durante las próximas dos semanas.

La obra se ha puesto en marcha por valor de 260.000 euros, una cantidad que el Ayuntamiento de Santa Cruz ha optado por asumir dada la gravedad de la situación. El propietario del inmueble, al que se le ha requerido que asuma la responsabilidad del edificio y su conservación, tendrá que abonar los trabajos o al menos esa será ahora la lucha del Consistorio. Un juez dio permiso en mayo a Urbanismo para poder acometer la obra y garantizar con ella la seguridad en todo este espacio. Ese mismo mes, el Ayuntamiento tramitaba de urgencia los trabajos y adjudicaba a Dragados el derribo. Según el planeamiento del municipio, en un futuro, su uso deberá convertirse en residencial. "No compete a Urbanismo hacer nada aquí; el edificio es privado", sentenció el concejal del área, Carlos Garcinuño.

Que la realización de los trabajos se haya demorado durante tantos meses obedece a cuestiones "burocráticas". El edil de Urbanismo aseguró ayer a pie de obra que nada se ha podido hacer sin la orden judicial que daba el visto bueno a la intervención del Ayuntamiento santacrucero. "Ahora hay que intentar cobrárselo al propietario", remarcó. Además de conseguir que se reintegre a las arcas municipales el dinero que cuesta esta demolición, el Ayuntamiento tiene abierto un expediente sancionador a la empresa cuya multa podría llegar hasta un máximo de 150.000 euros.
La gestión de los escombros se desarrollará conforme marca la normativa vigente. Todo lo que se saque tendrá un tratamiento específico en función de su naturaleza. Uno de los motivos por los que se ha retrasado el derribo es por la presencia de fibrocemento, un material tóxico que los técnicos detectaron durante las primeras incursiones. "Como es muy difícil separar los pilares que están construidos con este material se dejará para el final y se eliminarán pieza a pieza, para después embolsarlo y gestionarlo de la manera más adecuada posible", explicó el director de la obra, Humberto Hernández. Para poder reconocerlos y que ningún operario se equivoque se han pintado de rojo, por lo que la retroexcavadora que se encarga de derribar con delicadeza toda la estructura debe evitar tocarlos en todo momento.

Aunque el mismo responsable de los trabajos reconoció que la demolición "es relativamente sencilla", esta se desarrollará mucho más despacio que cualquier otra demolición de características similares. La presencia del fibrocemento ha provocado que la obra se ralentice para poder garantizar en todo momento la seguridad de los trabajadores y el tratamiento adecuado de este material. Todos los trabajadores son conscientes de las normas que deben cumplir en el tratamiento de este tóxico con la única intención de garantizar siempre su seguridad.

Con el derribo de este inmueble, el Ayuntamiento da respuesta a un problema no solo de seguridad para las personas que habían hecho suyo este lugar –en algún caso hasta incorporando máquinas para hacer ejercicio en sus habitaciones–, sino también de salubridad, dadas las condiciones en las que se encontraba. De hecho, el mismo Garcinuño reconoció que durante las visitas que se han realizado a lo largo de los meses para conocer el estado del edificio se detectó la presencia de ratas y todo tipo de insectos.

Las personas que vivían en este lugar lo hacían junto a estos roedores. Sin embargo, y aunque la declaración de ruina se hizo por parte de los técnicos municipales desde hace ya más de tres años, dos personas aguantaron dentro de este edificio ocupando de forma ilegal el espacio hasta principios de agosto. Cuando los trabajadores de Dragados hicieron aparición en el solar decidieron abandonarlo e irse al Centro Municipal de Acogida. Ambos presenciaron el incendio que sufrió la fábrica en julio y, aun así, decidieron continuar bajo este techo. ?

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