Santa Cruz

Una alfombra de cucarachas

Los establecimientos de la calle La Luna cierran durante unas horas por la presencia de insectos. Los responsables de los locales se quejan de la nula información del Ayuntamiento

01.09.2015 | 16:41
Una alfombra de cucarachas

"Parecía como una alfombra de cucarachas, cubriendo todo; subían por las paredes de la fachada del edificio, caían sobre las mesas de la terraza y sobre los clientes. No me puedo ni acordar, fue horrible". De esta forma relata Rocío Clemente lo que vivió ayer la calle La Luna, en pleno centro de Santa Cruz. De la alcantarilla que tiene a escasos centímetros de su establecimiento salían cientos de cucarachas huyendo de los operarios que acababan de fumigar. Nadie les informó de lo que iba a pasar ni tampoco les ayudaron ofreciéndoles al menos una explicación de cómo tenían que actuar. Solo con sus manos, ayudados de un escobillón, pudieron hacer frente a la masa de insectos que amenazó con invadirles sus tiendas.

Esta empresaria llegó a su establecimiento en torno a las 09:30 horas. No encontró la forma de abrir la puerta de su peluquería Velvet ante la sensación de pánico que le entró. Ya al mediodía no podía soltar la escoba con la que había logrado hacer frente a las cucarachas. "Es que aún lo pienso y no sé qué ha pasado, cómo pudimos evitar que entraran", añadió.

Lo mismo le ocurrió a Luz Marina López. Su local es el del Centro Integral de Belleza Audrey Style. "Si al menos nos hubieran avisado, para poner aunque sea unas toallas y evitar que entraran; ahora sé que tengo que bajar y ya he visto algunas sueltas por ahí. No sé qué voy a hacer", añadió. Ella misma fue la que llamó al Ayuntamiento para enterarse de lo que estaba pasando e incluso pedir explicaciones. "No entendemos cómo no previeron lo que iba a pasar", relató. En la Policía Local "no me atendieron bien e incluso me dijeron que ellos no iban a venir a sacarme las cucarachas de la tienda", detalló. Después de llamar a Sanidad varias veces y sin obtener respuesta al otro lado de la línea, solo pudieron resignarse e intentar solucionarlo a su manera, poniendo cinta aislante en los agujeros de las alcantarillas para que nada más saliera de allí.

Aunque estos dos salones solo sufrieron -además del susto- unas horas de retraso en su apertura, la peor parte se la llevó la cafetería New York. "De los toldos de la terraza caían cucarachas voladoras sobre las mesas, sobre los clientes que no hacían sino gritar del susto y del asco", valoró Adina Toporas, su responsable. Lo peor es que los "bichos" estaban, debido a los productos, totalmente desorientados. No huían como es habitual. "Se movían desconcertados, volando de un lado a otro", aseguró esta empresaria temiendo porque sus clientes, muchos de ellos habituales, escojan otra cafetería donde desayunar cada mañana después de lo que tuvieron que soportar en este establecimiento.

"Si nosotros hubiéramos sabido que iban a fumigar, somos los primeros que avisamos a los clientes para que no se sienten en la terraza o directamente no la montamos para evitar que algo así pase. No habernos avisado es lo peor, porque no fuimos capaces de reaccionar", aclaró Toporas consciente de que si es necesario fumigar para acabar con estos insectos hay que aceptarlo. "No haber tenido noticias de nadie que nos ayudara también nos ha afectado mucho, porque al principio no sabíamos qué hacer; empezamos a barrerlas y a matarlas para que no se metieran dentro del bar", concluyó.

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