Vacaciones

De la acampada al trabajo

Los campistas que pasan todo el verano en las tiendas y caravanas dejan por un tiempo su hogar y hacen su vida diaria en el recinto, desde donde se desplazan a sus empleos

13.08.2015 | 18:41
Sergio Herrera y Eva María Figueroa, con su hijo, en el porche de su caravana.

Pasar el mes de vacaciones en un camping en la playa sabe a poco para los usuarios del recinto de Punta del Hidalgo. La media de estancia del lugar se encuentra en dos meses y eso, a menos que se trate de jubilados o desempleados, no cuadra bien con las vacaciones de la mayoría de trabajadores. Por ello, muchos deciden utilizar el lugar como una ciudad dormitorio en la que disfrutan del tiempo libre con sus vecinos del verano, pero en la que no pueden olvidarse de sus obligaciones y de la que parten cada día a trabajar.

Ese es el caso de José Corujo Bermúdez y su esposa. En julio Corujo estuvo trabajando y era su mujer quien cuidaba del hogar móvil hasta que él volvía y ahora, es él y su perrita Noa quienes hacen lo propio mientras esperan la llegada de la esposa. Para pasar el tiempo, nada mejor que un baño en la playa a las 07:30 horas y dar largos paseos con la mascota que vigila la entrada de su hogar como nadie para evitar la llegada de extraños. "Este año estamos aquí dos meses y la única manera hacerlo es desplazándonos del camping al trabajo", cuenta Corujo, aunque el fin de semana se les unen los hijos y demás familiares y se reúnen en torno a 12 personas en su parcela.

"Esta es la fórmula perfecta para poder veranear todos juntos porque no podríamos permitirnos irnos todos a un hotel". Además, "es un lugar muy seguro porque tenemos vigilancia", añade José Corujo.

Sergio Herrera es otro de esos aventureros que en lugar de disfrutar de las comodidades de su viviendas, elige el camping para pasar los meses de verano con su mujer, Eva María Figueroa, y sus hijos, y trasladarse desde él hasta su trabajo. Desde hace siete años la pareja pasa los tres meses de verano en La Punta porque les gusta el clima y el entorno, y los niños disfrutan del lugar. Además, con sus vecinos ya han formado tal relación que intentan coincidir en parcelas cercanas.

Sin embargo, todo no es positivo para esta pareja, ya que en los últimos años han visto como el mantenimiento en las instalaciones se ha descuidado. "Es una pena porque debería estar más cuidado, no solo arreglar los jardines y pintar", resalta.

Así, su mayor queja viene relacionada con las instalaciones de los baños, ya que el salitre ha oxidado los techos y ellos mismos han tenido que instalar cortinas nuevas en los baños. "El año pasado pusimos las cortinas de los baños femeninos y este año las han cortado para colocar en la de los hombres", manifiesta. Y es que Herrera insiste en que con un poco de inversión podrían mejorarse el servicio. "Es una pena que no esté mejor gestionado para que pudiera estar abierto todo el año", asevera.

Milagrosa Hernández y Delia Perdomo son otras de las veraneantes que optan porque el camping de La Punta esté abierto durante todo el año. "Este es el único camping que tenemos en la zona norte", cuenta Hernández y además "está muy bien porque tiene todas las comodidades que necesitamos cerca por lo que estaría bien poder disfrutar de él durante más tiempo", resalta.

Hernández resalta de la vida en el camping el poder convivir rodeado de naturaleza y las amistades que se pueden hacer con el resto de campistas. Además, "es más barato y tranquilo que pasar las vacaciones en un hotel", destaca.

La accesibilidad del lugar hace que pueda pasear por las instalaciones en su silla motorizada, que le facilita el traslado al padecer esclerosis. Además, "este clima me gusta y me viene muy bien para mi enfermedad", remarca.

Para Delia Perdomo la vida en el camping es tan positiva que el año pasado pasó en él los tres meses que las instalaciones estuvieron abiertas. Aunque todo parece bueno viviendo por unos meses con vistas al mar y a las montañas del Parque Rural de Anaga, recientemente declarado Reserva de la Biosfera, la mujer confiesa que sería mejor si no tuvieran la depuradora tan cerca ya que en ocasiones se notan malos olores provenientes de esas instalaciones.

Cristina González Martín lleva seis años como campista en La Punta y destaca del lugar lo bien acondicionado que está, sobre todo, al tener niños pequeños porque están seguros y pueden salir y divertirse con sus amigos, ya que después de tanto tiempo veraneando en el mismo lugar ya todos se conocen. "Con el tiempo nos hemos convertido en una pequeña familia", declara.

Pero si hay un experto en irse de acampadas ese es Santiago Jiménez Almeida. Este grancanario es ya un lagunero de adopción porque lleva 43 años viviendo en el municipio y aunque solo lleva siete años como veraneante fijo de La Punta se ha recorrido toda la costa sur de la Isla, desde Añaza hasta la playa de Alcalá, montando sus casetas.

Tal es la importancia que tienen las acampadas en su vida que en una de ellas, hace más de 40 años, comenzó a salir con su mujer. "Yo nací en la orilla del mar y he hecho acampadas toda mi vida. Soy feliz en los campings", confiesa. "Lo que más me gusta de este camping es la buena gente que hay y la buena armonía que se crea entre todos", afirma. Así, aunque es consciente de que todo se puede mejorar, reconoce que la zona de acampada municipal ofrece buenos servicios. Esta afición por veranear en medio de la naturaleza se la ha trasladado a sus hijos y nietos. Así, se pueden juntar hasta 20 personas para comer en la improvisada casa del verano.

Para Jiménez, no hay nada como las casetas, aunque hace unos años adquirió una caravana que utiliza con su mujer. "He estado en hoteles y apartamentos pero no me gustan, prefiero los campings", recalca. Así, mientras una parte de la población parece disfrutar de vacaciones a todo lujo, otra no cambiarían la sencillez y tranquilidad de vivir entre tiendas y caravanas por nada, por lo que el camping de La Punta parece tener inquilinos asegurados.

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