La Laguna

Los secretos del Polvorín de Geneto

Cuenta con diez túneles donde está la munición que emplea la guarnición del Ejército de Tierra en Canarias

09.08.2015 | 18:05
Uno de los contenedores donde se guarda la munición.

¿Para qué sirve un polvorín? ¿qué se almacena en su interior? ¿Son seguras sus instalaciones? la opinión de tenerife pudo acceder, aunque con grandes restricciones, a visitar el único que queda en funcionamiento en todo el Archipiélago y donde medio centenar de militares desarrolla una labor callada y silenciosa, no exenta de cierto riesgo. Sin embargo, las extraordinarias medidas con las que cuentan las instalaciones, hacen del mismo un lugar muy seguro, tal y como lo demuestra el hecho de que en sus más de 65 años de existencia no se haya registrado ningún accidente.

Se trata de uno de los acuartelamientos más inaccesibles para la prensa, debido a la naturaleza de lo que la montaña donde se asienta alberga en su interior. Nada más y nada menos que la munición para abastecer a la guarnición del Ejército de Tierra en el Archipiélago. Se trata del conocido como Polvorín de Geneto, sito en La Laguna, aunque su denominación oficial es realmente Batería de Municionamiento 1/I/81, al que pudo acceder la opinión de tenerife, aunque con bastantes restricciones. Basta señalar que los móviles se tuvieron que dejar en el cuerpo de guardia, en un sobre cerrado y firmado, que fueron devueltos al salir, así como la firma de un documento que contenía una cláusula de confidencialidad.

El Polvorín de Geneto se creó oficialmente en el año 1949, junto con otro de similares características y actualmente en desuso, ubicado en la Montaña de Guerra, en Valle Tabares, también en La Laguna. Ambos dependieron en los primeros momentos del Parque de Artillería de Tenerife.

En 1988, con la creación de la Agrupación de Apoyo Logístico nº 81 (AALOG 81), con sede en La Cuesta, el polvorín se integró en la misma. Su misión es gestionar todo lo referente al almacenamiento, control, análisis y seguridad de la munición que allí está depositada. Su personal, en un gran porcentaje, tiene un alto grado de especialización debido a las tareas que debe realizar. Entre el medio centenar de militares hay un pequeño porcentaje de personal civil. Su componente más joven tiene 26 años y el más veterano, 54. En estos momentos, dos militares de esta unidad se encuentran desplegados en misión internacional en Afganistán.

Lo primero que llama la atención es la montaña donde se encuentra depositada la munición, tanto de fusilería, como artillería, así como determinado tipo de explosivo, pólvoras físicas, química, para artificios, así como granadas de mano y mortero. Esta se encuentra horadada y cuenta con un total de diez túneles, que por motivos de seguridad no fueron mostrados. Estos aparecen enumerados desde el uno hasta el diez y cada uno está interconectado en su interior a través de un sistema de galerías por donde puede circular una carretilla elevadora.
Estudios pirotécnicos

Además, el recinto cuenta con una docena de iglús. Construcciones bajo tierra que han caído en desuso y donde se guarda la pólvora objeto de análisis y que no cumple con las garantías o con el nivel necesario para su función.

La munición almacenada se reparte en función de estudios pirotécnicos que determinan qué cantidad máxima puede albergar cada uno de los depósitos que tiene un polvorín para impedir que un accidente repercuta en el resto de la instalación.

Todo lo relativo a la construcción y materiales acerca de estos túneles no fueron revelados ya que afecta a la Seguridad Nacional. Sin embargo, en el Archivo Intermedio Militar de Canarias, sito en cuartel de Almeyda, existen varios legajos sobre la construcción del polvorín de Geneto y también del de Valle Tabares, coincidentes en el tiempo, por lo que su levantamiento cuenta con características parecidas y en los que siempre predomina la seguridad, un elemento que casi obsesiona a sus responsables. De ello da fe que en los más de 65 años de su existencia en el Polvorín de Geneto no se haya registrado ningún accidente.

Habría que remontarse a septiembre de 1949, cuando se produjo un accidente laboral en el de Valle Tabares, que causó la muerte a 15 personas.

La construcción de los túneles, es de techo abovedado. En el caso de Valle Tabares, tienen 24 metros de largo por 5,22 de ancho y 3,75 de altura en el centro. Llama la atención cuando uno se pregunta por la protección que cuentan y que en el caso de Tabares llegó a ser de una capa de tierra superior a 25 metros de altura, lo que explicaría que, en caso de una explosión, las galerías acabarían por ceder y éstas quedarían sepultadas por ese manto de terreno, al igual que en el de Geneto.

El hecho de que estén interconectadas es para que nunca se interrumpa la circulación y tienen la separación suficiente para localizar cualquier explosión. Además, están convenientemente ventiladas y cuentan con sensores de calor, de movimientos, cámaras de infrarrojos y deshumidificadores, así como una red de hidratantes, situados en las zonas de mayor impacto. Esta unidad realiza simulacros con los bomberos, ya que en el cuerpo de guardia se custodia el correspondiente plan contraincendios.

Como medida de seguridad extraordinaria, las galerías donde se trabaja son precintadas al final de cada jornada.

Una de las joyas de este recinto es el laboratorio de análisis de estabilidad química de la pólvora. Aleatoriamente, el personal militar habilitado para este tipo de munición analiza al menos dos veces al mes un determinado tipo de carga y si ésta no cumple los estándares requeridos se retira para su posterior destrucción en el campo de tiro de Pájara, en Fuerteventura, operación que suele realizarse al menos dos veces al año. Además, el Polvorín de Geneto cuenta con dos contenedores donde se almacena determinada munición y cuya característica principal es que, en caso de accidente, las paredes laterales aguantarían el impacto y solo volaría el techo. Este tipo de depósito se suele emplear en las misiones en el exterior donde participan tropas españolas. Fiel compañero de la guarnición que compone esta Batería de Municionamiento son los trece perros que sirven de centinela. El acuartelamiento cuenta con un doble vallado. En medio, un camino de tierra apto para todoterrenos, es el lugar por donde se mueven los canes, los cuales tienen acotado el perímetro que han de vigilar. Se trata de perros de diversas razas, no de ataque, cuya misión principal es la de dar la alarma ante la entrada de algún intruso. En esta labor son apoyados por las numerosas cámaras de infrarrojos que circundan toda la base. Los canes están dados de alta como un militar más y tienen asignado un presupuesto para su mantenimiento, que incluye la visita de los guías e instructores, así como la consiguiente revisión veterinaria.

Reseña histórica

El antiguo polvorín de Valle Tabares comenzó a fraguarse en 1940, aunque los terrenos fueron adquiridos en 1941. Posteriormente, en enero de 1947, fueron comprados unos solares anexos para la zona de seguridad.

Es en el año 1949 cuando se produce una explosión en su interior que causa 15 víctimas mortales e inutiliza los depósitos nº 16 y la galería nº 9, así como el acuartelamiento, las casas y barracones, que eran de madera.

A lo largo del año 1941 se llevaron a cabo los proyectos de depósitos y almacenes de pólvoras y proyectiles. En los años sucesivos se ampliaron las instalaciones, se eliminaron goteras y humedades y se colocó una tubería para abastecimiento de agua a presión. Asimismo, se llevaron a cabo obras como un merlón de aislamiento, instalación de pararrayos en los depósitos de municiones, así como la instalación de un transformador de ventilación.

Este polvorín llegó a contar con 16 depósitos con techo abovedado. Los números 1, 2 y 3 albergaban la cartuchería de fusil; 4 y 5, para artillería de campaña; 6 y 7, para artillería de costa; 8, 9 y 10, para pólvoras físicas; 11 y 12, para pólvoras químicas; 13, para artificios, y 14, 15 y 16, para granadas de mano y morteros. En cuanto a la superficie que ocupó fue de 83.177, 38 metros cuadrados, de estos 1.610 eran de subterráneos y el valor de solar ascendió a 1.414.015,46 pesetas y el de los edificios a 457.520, lo que sumó un coste total de 1.8 millones.

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