Santa Cruz

El recuerdo del 'mencey loco'

La leyenda cuenta que Beneharo, el último rey de Anaga, prefirió arrojarse al vacío antes de someterse a los castellanos

09.08.2015 | 02:00
Imagen de un tramo de la calle Beneharo, en el Barrio de La Salud.

La leyenda cuenta que el grito colérico de un guanche retumbó durante días en las laderas de Anaga. El acoso de los castellanos pero también la impotencia y la rabia que sintió al ver a su pueblo esclavizado por los invasores, capitaneados por Alonso Fernández de Lugo, le llevaron a arrojarse desde las escarpadas montañas que le vieron nacer. Así nacía el mito de Beneharo, el mencey loco que tantos poemas y canciones ha protagonizado pese a los siglos que han transcurrido desde la conquista de la Isla.

Al igual que muchos otros municipios, Santa Cruz también rinde homenaje a la historia de los antiguos pobladores de la Isla, los guanches. Una parte del Barrio de La Salud se encarga de mantener viva en la memoria de los chicharreros el pasado. Así se pueden ver en el callejero de la capital nombres como Acaymo, Bencomo, Imobac o Ventor. Todos ellos, menceyes o reyes.

Sin embargo, uno de los más destacados fue Beneharo, el mencey de Anaga durante la conquista española de la Isla en el siglo XV. Pese a que los historiadores sitúan la residencia de Beneharo en la actual zona de Los Campitos, buena parte de los actuales límites del municipio estaban dentro del menceyato de Anaga, dirigido por Beneharo.

Aunque lejos de donde supuestamente se encontraba el lugar en el que vivía Beneharo –en las cuevas de Aguaite, en el valle de San Andrés–, el Ayuntamiento quiso honrar la memoria de este dirigente guante al decidir darle su nombre a una calle de la capital. Así, la vía, una de las más largas de las que llevan nombres guanches, discurre entre Junonia cruza la Avenida Venezuela hasta finalizar en Ribera.

Los cronistas castellanos que llegaron a la Isla con los conquistadores aseguran en sus escritos que este líder guanche no solo fue uno de los primeros en oponer resistencia a las tropas comandadas por Alonso Fernández de Lugo, sino que además se unió a otros menceyes de la Isla como Bencomo o Acaymo para enfrentarse a los castellanos en la Batalla de Acentejo –conocida también como la matanza de Acentejo debido a la derrota que sufrieron las tropas de Alonso a manos de los guanches y que se libró en el municipio que hoy lleva por nombre La Matanza de Acentejo–, Batalla de Aguere y la Segunda Batalla de Acentejo, lugar conocido hoy como La Victoria de Acentejo, pues fue ahí donde los castellanos lograron reducir a los guanches.

Pese a que la leyenda cuenta que Beneharo prefirió arrojarse desde lo alto de las montañas de Anaga antes de someterse a los conquistadores, lo cierto es que el mencey no solo juró lealtad a la Corona española, sino que también abrazó la fe cristiana y fue bautizado con el nombre de Fernando de Anaga.

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