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Mi apartamento es una cueva

Un matrimonio tinerfeño veranea en una gruta de la costa isleña desde hace más de trece años

09.08.2015 | 19:15
Laly Fumero y Tomás González dentro de su cueva con sus dos perros.

"Todo el mundo me dice que soy una afortunada porque esto es una auténtico lujo", confiesa la tinerfeña Laly Fumero mientras disfruta del atardecer en su terraza de piedra caliza. Fumero y su marido, Tomás González, veranean en una cueva de la costa tinerfeña desde hace más de 13 años. Un paseo del matrimonio por el litoral isleño les llevó hasta su descubrimiento. González detalla que su mujer insistía en quedarse allí "pero a mi me daba apuro". Fumero no tardó en convencer a su cónyuge y, desde entonces, no hay fin de semana que no disfruten de su apartamento natural.

A la cueva de Fumero y González no le falta de nada. Por fuera: barbacoa, sillones y hasta un espejo. Dentro: una pequeña cocina con nevera de gas incluida, dos camas y un coqueto salón. "Lo he decorado todo con cosas que me encuentro en el mar como boyas, anclas, cuerdas o conchas", apunta Fumero mientras señala las bonitas decoraciones que cuelgan del techo. "Es que soy buceadora", aclara la tinerfeña.
Dentro de su apartamento no hace falta aire condicionado ni calefacción. "Se mantiene siempre a una temperatura media de 22 grados", detalla González. Para la luz y la comida utilizan un pequeño generador aunque prefieren apurar los rayos del sol hasta el final. "Solemos estar la mayor parte del día en la playa", asegura Fumero que esta ataviada con un bañador, un pareo y un sombrero.

El día a día de este matrimonio en su cueva empieza muy temprano. Según detalla Fumero, no pone el despertador pero a las cinco y media de la madrugada ya está en pie. "A los dos nos gusta hacer deporte así que salimos a caminar o correr desde temprano", relata la tinerfeña. Después, le toca el turno a la limpieza y los fogones. "Para por la tarde poder relajarme bajo el sol sin preocupaciones", bromea Fumero.

Uno de los grandes pasatiempos de Laly es la realización de figuras con las piedras. Ella lo llama su jardín de piedras. "Hago majanos, una construcción agrícola que antiguamente se usaban para delimitar las fincas", detalla Fumero. Aunque ella asegura que "coloca las piedras sin una idea previa" el resultado final es casi de obra de arte. "Estoy seguro que tienen un don. Es una artista", apunta su marido.

Los majanos de Fumero no solo decoran su cueva sino también los accesos a ella y los alrededores de esta costa tinerfeña. "Mis amigas le ven parecido a la figuras pero yo no", añade entre risa la isleña. Aunque Fumero asegura que la gente "respeta su cueva" no le suele pasar lo mismo con sus creaciones. "Algunas me las encuentro destrozadas cuando vuelvo pero al pasar la hago otra vez", sostiene la tinerfeña.

El matrimonio explica que la cueva la disfrutan ellos solos ya que sus hijos no se quedan tanto en la gruta como antes. "Quienes si vienen siempre con nosotros son nuestros dos perritos Niebla y Blacky", apunta González mientras coge en brazo a uno de ellos. "Así es mejor porque gozamos de una tranquilidad absoluta", concluye el tinerfeño.

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