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Los hindúes honran a sus dioses en Arona

Las Américas acoge la sexta edición del Ratha Yatra, una de las celebraciones hindúes más importantes del mundo

03.08.2015 | 12:30
Los hindúes honran a sus dioses en Arona

Tal y como llevan haciendo hace más de 2.000 años en la India, ayer los hindúes recorrieron las calles de Las Américas, tal y como marca la tradición, cantando y bailando junto a sus deidades en la fiesta Ratha Yatra. Los dioses pasearon por la costa de Arona en un gran carroza, de nueve metros de alto, que era empujada por decenas de devotos con unas larguísimas cuerdas.

Kanayalal (Carlos) Mirpuri, presidente de la Iskcon Tenerife (Sociedad Internacional para la Conciencia de Krisna, a la que popularmente se la conoce como los hare krishna), fue el organizador de la sexta edición de la fiesta hindú Ratha Yatra, que comenzó cerca de las ocho de la noche y se extendió hasta la medianoche. Según explicó el líder de la comunidad, el festival, que en la zona sur de la India reúne a millones de fieles, conmemora la visita anual que hacen las deidades Jagannath, Balabhadra y su hermana Sudhadra al templo de su tía.

Representan, apuntó Mirpuri, al dios Krisná "que se hizo persona para ayudar a la humanidad a luchar contra las fuerzas del mal".
Las tres imágenes divinas venían del templo hindú de Adeje, donde estuvieron custodiadas por un grupo de fieles que pasó los últimos 14 días orando en aislamiento. Mientras los iban cargando en la carroza comenzaron los cánticos del mantra Hare Krishna, que se repetía una y otra vez transmitiendo energía y buenas vibraciones, y las mujeres se pusieron a bailar. La alegría y el colorido de la fiesta acabó convirtiendo la calle 7 Islas de Arona en un crisol de razas y nacionalidades.

En esta edición los invitados fueron el monje canadiense Bhaktimarga Swami, que recordó que este año se cumple el 50 aniversario de la celebración de esta fiesta religiosa en Occidente. La primera ciudad fuera de la India que acogió este ritual fue San Francisco, en EEUU, y fue justamente el fundador del movimiento Hare Krishna quien exportó la tradición a Norteamérica. Desde entonces, el Ratha Yatra se ha extendido a un centenar de ciudades de todo el planeta como Nueva York o Buenos Aires, y entre ellas Tenerife. Mirpuri asegura que en el sur de la Isla es "donde se concentra la mayor comunidad hindú de Canarias", con más de 4.000 miembros.

El monje canadiense, que visitó la Isla por segundo año consecutivo para esta fecha, fue el encargado de tomar el micrófono para marcar el ritmo de los cánticos. En tanto, quien marcaba los pasos de la danza era la bailarina malagueña Mahima Sandoval. A sus 28 años lleva 20 dedicada al ballet y acaba de regresar de la India, donde reside hace seis años cosechando éxitos como coreógrafa para distintas cadenas de televisión. Iba con las manos y los pies pintados de rojo y llevaba el atuendo típico que se utiliza en la danza Bharat Natyam, que es la que se ejecuta en este tipo de festividad. "Es un baile lleno de alegría y de energía. Es muy importante para los hindúes porque se baila para los dioses y representa las historias de los libros sagrados. Es muy poético y se realiza a modo de ofrenda", detalló la joven.

El paseo de la carroza y su comitiva se inició poco antes de las nueve de la noche y en medio del recorrido tuvo que detenerse por un desperfecto con una de las ruedas. En pocos minutos, los engranajes volvieron a ajustarse y la procesión continuó hasta finalizar nuevamente en el punto de partida. Los organizadores explicaron que la carroza fue construida en la Península por encargo hace seis años. Desde entonces se utiliza, a modo de templo móvil. Sin embargo, Mirpuri aseveró que en la India se hacen tres carrozas cada año para cada uno de sus deidades y una vez finalizado el evento, se desarman y la madera se regala entre los asistentes llegados desde distintos rincones del país.

Finalizado el recorrido por Las Américas, del que los turistas tomaron multitud de fotos y vídeos desde los balcones de los hoteles, la celebración continuó con la actuación de la bailarina invitada, que hizo una ofrenda de flores y una danza para los dioses. También se representó una obra de teatro, dirigida por el monje canadiense invitado, sobre los libros sagrados hindúes. La noche concluyó con una degustación de platos típicos vegetarianos y una paella.

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