Unas vacaciones diferentes

El lujo de tener un 'hotel' al aire libre

Muchos isleños eligen los campings para disfrutar de un verano en plena naturaleza y más auténtico

03.08.2015 | 17:55
El lujo de tener un 'hotel' al aire libre
El lujo de tener un 'hotel' al aire libre

"Ni aunque me regalen un apartamento lo cambio por esto", asegura tajante la lagunera María de la Cruz Domínguez mientras sube de la playa hasta su autocaravana cargada de bártulos junto con sus cuatro hijos, sus sobrinos y su hermana. "Los apartamentos y hoteles son estrictos, tienen horarios y te sientes como encerrada", añade en seguida. "Además, aquí los niños se relacionan con los demás, salen a pescar y a jugar, y ni se acuerdan de la playStation y los videojuegos", apunta la tinerfeña aún con la ropa mojada del refrescante chapuzón que se acaba de dar.

Domínguez es solo uno más de los miles de tinerfeños que eligen los campings de la Isla para pasar unas vacaciones en la naturaleza y sin pensar en el reloj. El suyo, el Camping Ecológico de Canarias en Tajao (Arico), cuenta con 50 parcelas para tiendas y 88 para caravanas y autocaravanas. "Llevo viniendo aquí desde hace ocho años. No solo pasamos los meses de verano, sino que venimos todos los fines de semana, los puentes y hasta en Navidad y Fin de año", asegura. Según sostiene, "el aburrimiento no existe en el camping". "Organizamos fiestas de Halloween, verbenas y hasta embarcamos a una virgen".

A su lado, unos campistas novatos intentan montar su caseta con la ayuda de los más veteranos. Belén Hernández, del grupo de los experimentados, garantiza que ese es el ambiente que rodea a los campings. "Esto es como una gran familia. Aquí todos nos ayudamos y más si hay una barbacoa y una cerveza fresquita de por medio", bromea la joven. Hernández apunta que, aunque ha sido una persona "de irse de acampada desde pequeña", el destino le puso en su vida a su actual marido, el dueño de la caravana en la que pasa los veranos. "Ha sido una bonita casualidad", confirma la campista.

Mientras los hombres se afanan en que todas las piezas encajen y la caseta coja forma, Hernández comenta que "aquí se junta muchísima gente". "Vienen los hermanos, los primos, los sobrinos, los amigos y los amigos de los amigos. Es muy divertido", garantiza la tinerfeña. La joven relata que así pasan los días. "Vamos a la playa, jugamos un partido de fútbol o de voleibol, y armamos buenos tenderetes. En conclusión, no nos falta de nada", añade Hernández.

Justo detrás del apartamento de Belén y del de los nuevos inquilinos, está la pequeña playita, donde los campistas disfrutan de los rayos del sol. A lo lejos se distingue una cuerda con una boya colocada justo a la entrada del mar. Hernández explica que la ha puesto su marido, "el socorrista oficial de la playa". "Cuando el mar está malo te ayuda mucho a salir y entrar del agua", puntualiza la joven.

Unas plantas más arriba, hacia la entrada del camping, Carmen Rosa Fernández y su familia toman el café de la sobremesa. "Esta es mi segunda casa", apunta la santacrucera. Fernández explica que lo de su familia es "auténtica pasión" por las acampadas. "Nosotros empezamos acampando en tiendas de campaña. Llegamos a pegarnos hasta 20 días en una caseta. Pero después empezaron a prohibirlas y dejamos de ir", relata la tinerfeña en su terraza, donde no faltan ni las hamacas de playa.

Fue entonces cuando Fernández y su marido empezaron a pasar las vacaciones en apartamentos. Pero la cosa no cuajó. "Ni a nuestros hijos les gustaba. Ellos están acostumbrados a estar por ahí, salir a pescar, relacionarse con más niños.... No estábamos a gusto", confiesa la santacrucera. La familia optó entonces por los camping y así llevan más de ocho años. "Aquí no hay dos días iguales. Cada día haces lo que te apetece. Te levantas cuando quieres, comes cuando quieres y te acuestas cuando quieres. Es una gozada ", añade Hernández.

De fondo suena una música pachangera. "Nos gusta la fiesta", confiesa la chicharrera. "Es más, este sábado hacemos un cumpleaños aquí y vendrán más de 25 personas. Creo que no vamos ni a caber", destaca la tinerfeña. No obstante, Hernández aclara que en un camping también se trabaja. "Hay que limpiar, cocinar y recoger. Pero es distinto que cuando lo haces en casa. Llevas otro ritmo", asegura.

Y es que lo que parece claro es que quien prueba este tipo de vida no la cambia por nada del mundo. De esta misma opinión es Lupe García, quien a la puerta de su tienda destaca que "siempre he sido campista". "Me he recorrido toda la Isla de acampada desde que era joven", añade. La santacrucera apunta que aunque a sus hijas también le gusta, "no es lo mismo". "Ellas son más de hoteles. Vienen por aquí de vez en cuando pero no les gusta tanto la naturaleza como a mí", explica García.

La santrucera es de las que deja su chiringuito montado todo el año. "Venimos cada fin de semana, así que no vale la pena estar quitándolo", puntualiza. Por su pequeño apartamento pasa una familia de camino a la playa que la saluda. "Aquí nos conocemos todos", añade.

Carretera abajo continúan las tiendas de campañas, las caravanas y las autocaravanas. El paisaje de roca caliza, los matorrales y el mar se funden en una misma estampa. No es de extrañar que los que pasan aquí sus vacaciones no quieran ni hablar de marcharse. "Las acampadas son muy diferentes a todo lo demás", destaca uno de los campistas que sale en ese momento de la playa, Ricardo León, con la toalla al hombro.

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