Los disparos de la victoria sobre Nelson

Una Plaza de la Candelaria abarrotada acoge la recreación de la batalla de las tropas españolas contra las inglesas

26.07.2015 | 02:20
Un momentos de la recreación de la Gesta del 25 de julio de 1797 que tuvo lugar ayer en la Plaza de la Candelaria.

"¿Pero a dónde me has traído?" gritaba ayer una joven tinerfeña mientras se tapaba los oídos ante el ruido ensordecedor de los disparos de las tropas españolas contra las ingleses. Se podría pensar que las amigas de esta mujer la arrastraron al mismo corazón de las guerras napoleónicas, pero esta estampa se dio ayer, en plena capital chicharrera, frente al McDonald´s de la Plaza de Candelaria. Y, así, un año más, la recreación de la Gesta del 25 de julio de 1797 no defraudó a los centenares de personas que se reunieron en Santa Cruz para apoyar a los españoles y abuchear a los británicos.

Con puntualidad inglesa comenzó la representación que este año se trasladó al exterior del Palacio de Carta. Las gradas colocadas a un lado de la Plaza de España estaban llenas mucho antes de las 21:00 horas, cuando se esperaba el inicio del combate, y las cornetas resonaron por la ciudad durante toda la tarde.

Los niños fueron los protagonistas este año. No solo porque su presencia comienza a ser significativa dentro de la Asociación Histórico–Cultural Gesta del 25 de Julio de 1797, sino porque fueron ellos los que se hicieron con las primeras filas de las gradas. Fabio Bermúdez e Iris Carviche, de 6 y 7 años respectivamente, tenían claro, minutos antes de que comenzara la acción, que lo importante era taparse bien fuerte los oídos.

Los ojos de ambos menores se abrieron de par en par cuando aquellos que estaban ataviados con la vestimenta de los soldados españoles colocaron frente a ellos uno de los cañones que se utilizó durante la recreación. "No pasa nada, no hace daño", les calmó el presidente de la Asociación, Javier Gorostiza. No obstante, los niños fueron tajantes cuando afirmaron que no piensan convertirse en miembros de este grupo porque "no nos gustan las armas".

Loli Bermúdez llegó a la Plaza de Candelaria junto a sus dos nietos, uno de ellos recién aterrizado de Holanda, donde vive. Fue el primer año que la familia acudió a esta actividad pero llegaron con la lección bien aprendida. "Vivo en la Rambla de Santa Cruz, al lado del Cuartel de Almeyda, donde los miembros de la Asociación suelen ensayar, y he tenido una vista privilegiada de la preparación", reconoció la matriarca.

Mientras tanto, el general Antonio Gutiérrez de Otero permanecía atento a todo lo que ocurría en la Plaza de Candelaria desde el balcón del primer piso del Palacio de Carta. El militar observaba, desde su privilegiada atalaya, cómo algunos de los miembros de la Asociación Histórico–Militar llamaban más la atención que otros. Y es que este año la recreación contó con soldados franceses, puesto que se le ha querido realizar un homenaje a aquellos valientes de la corbeta La Mutine que también defendieron Tenerife del ataque británico.

Así, cuando el reloj marcaba las nueve de la noche, las tropas españolas y francesas se hicieron con la Plaza de Candelaria para iniciar la búsqueda de los desalmados británicos, quienes pronto comenzaron a hacerse notar con estruendosos disparos de sus bayonetas. Pero las tropas de Horatio Nelson no tardaron demasiado tiempo en demostrar que estaban en inferioridad, puesto que no conocían las calles en las que estaban luchando.

Los primeros tiros cogieron desprevenidos a muchos de los espectadores, quienes no tuvieron tiempo de llevarse las manos a los oídos. El público luchaba entre la sorpresa que les provocaban los tiros y las ganas de mantener los ojos bien abiertos para no perderse ni un detalle. Y, así, la pólvora comenzó a impregnar el aire de Santa Cruz.

Las tropas inglesas no tardaron en resguardarse en el Palacio de Carta y, mientras los españoles disparaban desde la calle, los de Nelson se hicieron con el primer piso del edificio y cargaron sus bayonetas desde lo alto. "¡Fuera!", "¡Ingleses, morid!", eran los gritos que se escuchaban, y que procedían tanto de los propios recreadores como del público, que en ese momento ya se encontraba totalmente inmerso en la batalla.

Cuando las tropas españolas comenzaron a mover el cañón colocado junto al público y lo cargaron, el silencio se hizo con la Plaza de Candelaria y fueron pocos los valientes que no se taparon los oídos. Tras eso, una bandera blanca en señal de rendición asomó por la puerta del Palacio de Carta y los vítores del público resonaron en las céntricas calles de Santa Cruz. Todos aquellos que se encontraban en las gradas se pusieron en pie y los flashes de las cámaras de fotos y los teléfonos móviles comenzaron a disparar más rápido aún que las armas.

La acción se trasladó entonces a la Plaza de España, donde se firmó el acta de capitulación. "Lo llevan al patíbulo", comentó una señora que no tenía muy claro cómo había acabado la historia en realidad. La música comenzó a sonar cuando las tropas, tanto españolas como inglesas, llegaron junto al lago, donde en 1797 se alzaba el Castillo de San Cristóbal y se firmó la rendición.
Las sonrisas asomaron en las caras de los asistentes cuando por la megafonía se oyeron las palabras que escribió el almirante Horatio Nelson al general Antonio Gutiérrez tras la batalla. Y, así, las últimas palabras del inglés que resonaron en Santa Cruz ayer fueron: "Suplico que me haga el honor de aceptar un barril de cerveza inglesa y un queso".

"¡Viva España!", "¡Viva Tenerife!", "¡Viva el general Gutiérrez!" fueron los gritos que resonaron en las calles de la capital mientras el público comenzaba a marcharse. Alabanzas a las que este año también se unieron algunas en otro idioma. "Vive la France!", no pudieron evitar corear los soldados galos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine