Verano

Una playa de cinco estrellas

La Arena, situada en el municipio de Santiago del Teide, ha sido distinguida con la bandera azul durante 29 años consecutivos, la que más veces lo ha logrado de toda Canarias

22.07.2015 | 12:55
Una playa de cinco estrellas

La bandera azul ondea gracias a la suave brisa que llega del mar. Un socorrista barre el pasillo de madera que da acceso a la playa mientras un compañero recoge la suciedad de la arena y otro vigila a los bañistas desde un puesto de salvamento situado en medio de las sombrillas y las toallas. Apenas hay oleaje. Los niños se divierten haciendo castillos en la orilla y los mayores disfrutan de la tranquilidad tumbados bajo un sol de justicia. La realejera Carmen García está a punto de darse un buen chapuzón cuando comenta a su compañera: "No cambio esta playa por nada del mundo". "Mira que he estado en sitios pero playa La Arena es una auténtica gozada", añade.

Y no son las únicas que lo piensan. La Arena, situada en el municipio de Santiago del Teide, es la zona de baño más galardonada de Canarias con la Bandera Azul. En concreto, la playa ha conseguido la distinción, que concede la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, durante 29 años de manera consecutiva. Un laurel que se gana gracias a la limpieza del agua y la arena, la seguridad, la accesibilidad y el cuidado medioambiental. Y en eso, La Arena no tiene rival. Además, esta zona de baño, rodeada de rocas volcánicas y dueña de la arena más abrasadora de la Isla, esconde historias que la convierten en una playa de cinco estrellas.

El socorrista de toda la vida. Los culpables de que esta zona de baño sureña sea la mejor son, en gran parte, los socorristas y trabajadores de la playa. Adolfo García, gerente y coordinador de la empresa encargada de la seguridad y la limpieza de La Arena, lleva 31 años como vigilante y toda una vida de usuario. "Mi padre fue el primero que cogió este servicio en el año 1986 y yo empecé a venir desde que tenía nueve años. Salía de clase y corría hasta la playa para darme un baño", recuerda el isleño.

Ahora García dirige a un equipo de dos socorristas y dos trabajadores de mantenimiento que velan porque todo esté perfecto desde las ocho de la mañana hasta las seis y media de la tarde. Uno de su grandes fuertes es la limpieza. Y es que en La Arena no se ve ni un papel ni una colilla tiradas, y mucho menos algún resto de basura en el mar. "Nosotros fuimos pioneros en utilizar un sistema de limpieza manual. Es decir, que nos encargamos de recoger y barrer personalmente. Si lo hiciéramos con una máquina, además de hacer ruido, molestar y contaminar, al par de horas estaría todo sucio de nuevo", detalla el socorrista.

Su extremo cuidado tiene resultados. La calidad de la arena y del agua es excelente. Así lo demuestran las inspecciones que Sanidad realiza cada 15 días en la zona. "Para conseguir la bandera azul debemos mantener siempre esta calidad, porque si no te penalizan con dos años sin poder optar al galardón", detalla García. Además, la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor europea tiene en cuenta que La Arena dispone de accesos adaptados para los discapacitados, baños –uno de ellos además habilitado también para los discapacitados–, un puesto SOS y un puesto avanzado. "Este último puesto se sitúa a escasos metros del mar y permite reducir el tiempo de actuación", añade el vigilante.

Pero sin duda, una de las excelencias de este punto es su seguridad. Con cero ahogamientos y un número muy bajo de incidencias a sus espaldas, La Arena es la zona de baño perfecta para disfrutar de un buen remojo sin preocuparse de nada más. "El año pasado recibimos un galardón que solo se concede a tres playas de España por la gestión más segura", confiesa García. Fue una distinción ganada a pulso por sus continuos entrenamientos, su material avanzado y su esfuerzo diario.

El bar de Pancho. Pancho y playa La Arena forman un dúo inseparable. En el año 1963, cuando aún los alrededores de este litoral eran de tierra, los padres de Francisco Rodríguez montaron un chiringuito playero bajo el nombre de Pancho. Aún no había ni agua potable. "Tuvimos que instalar una tubería desde Santiago del Teide hasta aquí para tener agua", recuerda Rodríguez. Desde entonces, este bar ha visto cómo ha cambiado la playa y sus gentes. "Al principio venían aquí los turistas que se alojaban en Puerto de la Cruz. Cogían un taxi y el conductor les esperaba las cinco o seis horas que se quedaban", rememora el empresario.

Eran los tiempos en que "la lluvia en Puerto de la Cruz era éxito asegurado para La Arena", asegura Rodríguez. Algunos años después, entre los años 1967 y 1968, la zona empezó a desarrollarse y aparecieron los primeros apartamentos. "La mayoría son propiedad de gente procedente del Norte: de Los Realejos, Icod de Los Vinos o San Juan de La Rambla", detalla el dueño de Pancho. Después llegó la época de bonanza y, con ella, los turistas de todas partes del mundo. "Ahora esto parece una Torre de Babel: hay gente de todos lados".

En sus 53 años en la playa, Francisco garantiza que "nunca ha visto un ahogamiento". "Además, la zona está muy cuidada y limpia", concluye el empresario.

El turista norteño. José González lleva más de 40 años veraneando en La Arena. Originario de Los Realejos, este norteño y su mujer, Domitila Hernández, no dejan escapar ni un fin de semana sin visitar esta cala paridisiaca. "Ya nos conocemos todos. Esto es como una gran familia", apunta González. Y lo cierto es que esta zona de baño está frecuentada por los vecinos de la otra cara de la Isla. "Mira esos de ahí. También son realejeros", añade entre risa González, mientras señala a otro matrimonio tumbado bajo el sol un par de sombrillas más allá.

Para José González, lo mejor de esta parte de la costa isleña "es su tranquilidad". "Aunque también hay que destacar la limpieza del agua y los socorristas, que son del diez, están siempre pendientes de todo", garantiza el realejero. A esta familia le gusta más La Arena en invierno que en verano. "Ahora nosotros somos los turistas", concluye el tinerfeño entre risas.

La familia afincada. Los recuerdos se amontonan en la mente de Juana Hernández cuando rememora todos los momentos que ha vivido en La Arena. "Mi marido y yo celebramos aquí nuestros aniversarios. Lo hemos pasado genial y hemos conocido a muchísima gente que ahora son amigos", relata Hernández, de 86 años. Esta santucrucera es otra de las que no ha faltado ni un verano con su cita santiaguera. "Normalmente estoy tres meses" detalla.

Antes, cuando su salud se lo permitía, Juana bajaba a la playa a hacer yoga y luego se daba un baño. "Ahora disfruto más con los nietos y la familia", matiza la santacrucera. Pero nunca lejos de La Arena. "Aquí recargas pilas como en ningún otro sitio", concluye.

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