Los biólogos alertan de que dar de comer a las tortugas pone en riesgo su salud

Los investigadores han rescatado ejemplares obesos o con problemas en el hígado

12.07.2015 | 02:00
una instantánea de uno de estos ejemplares bajo el agua.

Se ha convertido en una moda. Cada fin de semana, buzos, turistas y canarios se acercan al puertito de Armeniñe (en Adeje) o de Alcalá (en Guía de Isora) para conseguir avistar a alguna de las ya famosas tortugas verdes que han hecho de esta costa tinerfeña su hogar. La actividad, que incluso organizan numerosas empresas dedicadas al turismo de naturaleza en la Isla, consiste en bañarse junto a los ejemplares y lograr una bonita instantánea del momento. Pero con frecuencia, para que las tortugas se acerquen, les ofrecen todo tipo de comida: desde sardinas hasta pan pasando por algunos pedazos de carne. Una peligrosa práctica que ya está teniendo sus primeras consecuencias. "Hemos rescatado a tortugas con el hígado hinchado, obesas o con problemas de flotación", asegura el biólogo y presidente de la Fundación Neotrópico de Canarias, Jaime de Urioste.

Los biólogos marinos alertan de que esta práctica conocida como feeding –dar de comer a los animales para poder verlos de cerca– conlleva cambios dañinos en la dieta y el comportamiento natural de las tortugas. La consecuencia más inmediata es el deterioro de su salud. Según explica el biólogo De Urioste los ejemplares que viven en esta costa de Tenerife son inminentemente herbívoros, aunque de forma esporádica también se alimentan de peces. "Estas tortugas comen plantas con flor marina y algas y se les está alimentando con grasa y proteínas que es justo lo que no consumen. Es como si a una vaca le das un filete. Una locura", detalla el especialista.

Otro de los efectos de esta actividad es la transformación del comportamiento de las tortugas con la gente. "Normalmente huirían y se alejarían de los buzos y los bañistas porque somos un animal desconocido para ellas, pero ahora ya se acercan en busca de comida", explica el biólogo. Y esto puede conllevar riesgos para los propios buceadores. "Ya se han registrado algunos casos en el que las tortugas han mordido a las personas o intentan coger alguno de sus materiales", añade De Urioste. Según relata el presidente de la Fundación Neotrópico, hay que evitar que se den situaciones como la que ocurrió hace un tiempo en Hawai, "donde una tortuga le arrebató la máscara a un buzo que estaba investigando".

El boom de este tipo de práctica ha estallado en los últimos años. El biólogo marino e investigador de la Asociación Tonina, Jacobo Marrero, señala que "se ha intensificado la observación turística de la naturaleza en el Archipiélago". Algo que para el especialista "no es malo si se hace con cuidado". "Estas actividades acercan a la gente a los animales y esto es muy positivo. El problema es que no existen un marco legal que regule lo que se puede hacer y lo que no", detalla Marrero.

En este sentido, su compañero de profesión, De Urioste, añade que "hay que comportarse como espectadores". "La interacción con cualquier especie de este tipo es una barbaridad ya que pone en riesgo su comportamiento natural", reitera el investigador. El consejo de los biólogos también implica "no agarrarlas, tocarlas o subirse encima de ellas".

Aunque aún no tienen datos estadísticos de las consecuencias de estos avistamientos, De Urioste asegura que los efectos ya se ven "cuantitativamente y cualitativamente". "Los rescate de tortugas cada vez con más frecuentes y ya nos hemos encontrado con varios ejemplares herbívoros con problemas alimenticios".

Estos ejemplares amenazados por la inconsciencia del ser humano pertenecen a la especie de las tortugas verdes de la familia Cheloniidae. Según apunta el investigador se trata de entre cuatro y seis ejemplares que habitan en la zona de Armeñine, Alcalá y otros puntos escondidos del Sur de Tenerife. "Precisamente, como son herbívoras se instalan en estas zonas debido a la cantidad de plantas marinas que hay en sus fondos", aclara el especialista.

Y aunque lo pueda parecer, estas tortugas no siempre son las mismas, van reemplazándose. "Ninguna de las tortugas que hay en la Isla ha nacido aquí. Normalmente proceden del Sur de Estados Unidos o de Cabo Verde y han llegado hasta nuestras cosas para crecer a base de nuestra buena alimentación", detalla De Urioste. Una vez han cogido el peso y el tamaño adecuado para reproducirse regresan a su hogar. "Vuelven al sitio donde nacieron y en su lugar vienen al Archipiélago otras tortugas más jóvenes", puntualiza el biólogo.

Las tortugas verdes son las más amenazadas pero no son las únicas que viven, aunque sea por un tiempo, en Canarias. En las Islas se pueden avistar tres tipo de especies de tortugas más. El investigador de la Asociación Tonina detalla que "una de las más comunes es la conocida como tortuga boba que es frecuente ver en alta mar". Esta especie es carnívora y por lo tanto se encuentra más dispersa porque se pasa el tiempo en busca de una presa. Además, hay tortugas laúd, la más grande de todas, y carey, una especie en peligro de extinción que aparece muy de vez en cuando en el litoral del Archipiélago.

Tanto la Asociación Tonina cómo la Fundación Neotrópico dedican sus esfuerzos a la investigación, sensibilización, formación y rescate de las especies de la fauna silvestre.

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