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"Cuidado que lo vas a tener que impugnar, Antonio"

La tensa sesión del Ayuntamiento tuvo su momento cómico cuando Alarcó casi rompe la urna con los votos para elegir al alcalde

05.07.2015 | 02:58
El público que abarrotó la sala.

"Juego de tronos es un cuento infantil al lado de esto". Esto confesó ayer al entrar al salón de plenos uno de los concejales nacionalistas. La tensión acumulada durante más de un mes de tiras y aflojas y de hipotéticas alianzas entre unos y otros, con momentos que parecían salidos de la famosa serie, se mantuvo en el ambiente hasta el minuto previo a que el líder de CC, José Alberto Díaz, abrazara, por fin, el bastón de mando. Todo como consecuencia de un resultado electoral que dejaba apenas margen para pactos en mayoría –salvo el de izquierdas– y que condenaba a CC y PSOE a una travesía en el desierto, con un gobierno en minoría obligado a pactar con la oposición sus iniciativas, si querían reeditar el pacto regional. Y al final volvió a repetirse el acuerdo del pasado mandato pero más endeble, expuesto a los ataques opositores. Mucho ruido y pocas nueces.

El último movimiento seudoconspirativo que sembró dudas fue la decisión del socialista Javier Abreu, Santiago Pérez (Por Tenerife-Nueva Canarias) y Antonio Alarcó (líder del PP) de votar porque la votación para elegir al nuevo alcalde fuera secreta. Algunos ediles de Unid@s se puede y Ciudadanos se saltaron el acuerdo mostrando a las cámaras las papeletas para hacer público su voto. El culebrón lagunero –con sus intrigas, postureos, amenazas dialécticas, caras nuevas y despedidas emotivas– tuvo ayer su día de gloria, convirtiendo al municipio en epicentro informativo y sede de un despliegue mediático sin precedentes.

Si bien las matemáticas abrían un amplio abanico de posibles pactos para sumar los 14 concejales necesarios para la mayoría absoluta, el cambio a la izquierda que pidieron los votantes el 24 de mayo no prosperó. "Los grupos emergentes han pecado de infantilismo idealizando su labor de oposición. No han hecho política de verdad para intentar constituir un gobierno alternativo", se quejaba un veterano de la política local que estuvo en el acto.

El nacionalista Juan Antonio Alonso, que fue hasta ayer concejal de Economía, reconocía que como hombre de números le resultaban "muy interesantes" las matemáticas que plantea la nueva Corporación. "Había muchas fórmulas posibles pero es curioso que ya no se hable en términos de partidos de derecha o izquierda. Ahora se habla de la nueva y la vieja política y de dos tipos de nacionalismo, el de Coalición Canaria y el de Nueva Canarias", indicó.

Ante la avalancha de público que pretendía entrar en el salón de plenos, los funcionarios tuvieron que montar un control de acceso extraordinario con ayuda de la Policía Local. A muchos de los concejales que iban a tomar posesión de su acta se los reconocía por los trajes. "Parecemos los becarios", apuntó risueño el portavoz de Unid@s, Rubens Ascanio, mientras esperaba para entrar junto a sus cinco compañeros de grupo. Más tarde, al jurar sus cargos, todos demostraron estar alejados de los convencionalismos, no solo por su vestimenta, sino también en sus discursos.

Mientras la sala anexa al salón de plenos estaba abarrotada de periodistas, políticos y representantes del ámbito cultural y económico del municipio, el salón de plenos estaba copado por cargos públicos y familiares de los ediles. En las primeras filas estaban el cronista oficial de La Laguna, Eliseo Izquierdo; el senador socialista José Vicente González Bethencourt, o el presidente del Cabildo, el nacionalista Carlos Alonso. Del otro lado de la sala compartían asiento el exalcalde lagunero, el socialista José Segura; el rector de la Universidad, Antonio Martinón; el alcalde saliente, Fernando Clavijo; y el regidor de Tegueste, José Manuel Molina.

Clavijo tuvo las piernas inquietas hasta que finalmente José Alberto Díaz fue elegido alcalde. También se extrañó cuando el líder popular, Antonio Alarcó, inició su discurso saludando a las autoridades presentes y se refirió a él como el "presidente electo de Canarias". "¿Se equivocó, no?", susurró Martinón y Clavijo asintió. Además de presidir la mesa de edad por ser el concejal más veterano, a sus 62 años, Alarcó también protagonizó el único momento cómico en una mañana de caras serias y ceños fruncidos.

Fue después de que los 27 ediles votaron para elegir al nuevo alcalde. Cuando Alarcó intentó abrir la urna para hacer el recuento, la tapa se cayó al suelo y alguien gritó "Cuidado, Antonio, que vas a tener que impugnar". Aquella frase, en referencia a la demanda presentada por el PP y rechazada por la Justicia para intentar anular los votos de dos mesas electorales y ganar así un concejal, restándoselo a Unid@s, levantó una carcajada generalizada.

La escena y el resto de la ceremonia fueron retransmitidas por circuito cerrado a la sala anexa. Junto a uno de los televisores estaban los concejales nacionalistas salientes Aymara Calero, Cruci Díaz, Antonio Pérez Godiño, Miguel Ángel González y Francisco Gutiérrez. Este último se despidió ayer tras 32 años en el Consistorio y se mostró escéptico con los discursos de la oposición. "No dicen nada nuevo", recalcó. En tanto, Miguel Ángel González reconocía que dejaba "buenos amigos" en el Ayuntamiento pero también que en el Hospital Universitario se reencontrará con "muchos otros".

Los vecinos que no pudieron entrar al pleno se hicieron oír por un momento durante la sesión cuando corearon el legendario "el pueblo unido jamás será vencido". Al margen que ese cántico, la mañana transcurrió sin mayores protestas. Los ediles de Unid@s fueron especialmente aplaudidos al tomar posesión. Ninguno de ellos, como destacó Ascanio, tiene experiencia previa en cargos públicos. Entre los demás, al nacionalista Jonathan Domínguez fue uno de los más apoyados por los presentes. El acto se cerró con una ovación para José Alberto Díaz mientras empuñaba el bastón de mando con las manos en alto. El primero en ponerse en pie para vitorearlo fue su hermano, Víctor Manuel Díaz, y a continuación se levantó toda la sala y se escuchó corear "alcalde, alcalde, alcalde".

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