Solidaridad

El vuelo de los ángeles del desierto

133 niños saharauis llegan a la Isla para pasar los meses estivales con familias tinerfeñas dentro del programa Vacaciones en Paz

05.07.2015 | 02:58
El vuelo de los ángeles del desierto

Desde hace 16 años, Canarias es protagonista de las mejores vacaciones del mundo. No se ofertan en cómodas ofertas, ni mucho menos a través de agencias de viajes. Tampoco se promociona a través de paisajes espectaculares de playa, sol y naturaleza. Su baza es la sonrisa. La que muestran las decenas de niños que cada año se trasladan a las Islas para vivir dos meses alejados de los campamentos de refugiados saharauis. Y la que asoman también a los rostros de las familias que los acogen dispuestos a recibir más cariño del que esperan.

Ayer fue el encuentro en Tenerife. 133 niños y niños abrazaron a los que serán sus compañeros de aventuras durante julio y agosto dentro del programa Vacaciones en Paz, llevado a cabo por la Asociación Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui (Acaps). La cita fue en el pabellón deportivo del Instituto de Enseñanza Secundaria Punta Larga, en Candelaria, que desde primera hora de la mañana se inundaba de risas y juegos y mucho nerviosismo.

Las familias hacían sitio junto a la puerta del recinto a la espera de que la organización tuviera todo perfectamente planificado. Dentro, a tan solo unos metros, los pequeños saharauis simplemente jugaban. En unos minutos todo sería carreras, abrazos, carcajadas y alguna que otra lágrima. El vicepresidente de la Asociación y coordinador del programa, Alberto Negrín, señala que el principal objetivo de estas Vacaciones en paz es sanitario.

"Tenemos un convenio con el Servicio Canario de Salud para realizar revisiones a los pequeños", indica Negrín que añade que "son niños sanos, sin ninguna patología, pero aquí tienen la oportunidad de recibir una revisión más exhaustiva". Pero la salud que se llevarán en septiembre cuando regresen al Sáhara es también emocional. Pasan dos meses de alegría, ya que según destaca tanto Negrín como las familias que repiten como acogentes: "Se van felices". Por eso no es tanta la emoción de verlos partir como la de ayer en su llegada a Canarias.

Es un momento tierno especialmente en el caso de los que repiten experiencia. El programa asigna a cada familia al mismo niño o niña cada año, por lo que lo que gran parte de lo vivido ayer en Candelaria es la emoción del reencuentro. Tenían ganas de verse, y aunque los acogentes se mostraron más efusivos, en la mirada de los pequeños también brotaba ese sentimiento.

"Es una experiencia espectacular", resume Eduardo Goya, que cumple su cuarto verano como familia acogente de Jaled. Su historia tiene un componente curioso puesto que el joven residía hasta el pasado año en Barcelona y ahora que se ha trasladado hasta Tenerife solicitó al programa que el niño viajara a la Isla. Será un cambio para Jaled, que está a acostumbrado a la gran ciudad pero Eduardo ya tiene los planes perfectos para que el pequeño también disfrute de su estancia en el Archipiélago.

Una escapada a Barcelona forma parte de estas vacaciones "porque Jaled es muy sociable y tiene amigos allí a los que les gustaría ver también este año", afirma el joven acogente que añade que entre las actividades para este año se encuentra una visita al parque acuático: "Vio fotos del Siam Park y se quedó loco con poder ir", dice.

Jaled se mostró algo tímido pero es cierto que solo la idea de visitar el popular parque dibujó una amplia sonrisa en su rostro. Pero escondió su entusiasmo en un simple "es que de aquí me gusta todo, me lo voy a pasar bien", asegura.

Reivindicación

La diversión es parte del programa, por lo que la organización planifica algunas acciones conjuntas por zonas, tales como excursiones o visitas a lugares como Loro Parque o Pueblo Chico. Pero también hay tiempo para actividades más serias. Detrás de Vacaciones en Paz también hay componente de denuncia de la situación de los campamentos saharauis, así que el 18 de julio se unirán familias, niños, organización y todos aquellos que quieran acompañarlos en una manifestación que recorrerá las principales calles de Santa Cruz de Tenerife.

"Se trata de visualizar la situación y el problema de los campamentos de refugiados a través de los niños, que son el colectivo que más lo sufre y que desde luego no lo ha provocado", señala Alberto Negrín, que añade que a lo largo de las próximas semanas está prevista la celebración de una recepción al grupo y sus familias acogentes por parte de los responsables del Parlamento de Canarias y el Cabildo de Tenerife.

Precisamente, para Ana González, otra de las madres acogentes de este verano, asegura que entre las razones que le ha llevado a retomar su participación en el programa es "puramente política". "Es una forma de reivindicar la situación que se vive allá porque no sabemos si en un futuro seremos nosotros los refugiados", sentencia.

Ana entiende estos dos meses como una convivencia, en la que predominan fundamentalmente dos aspectos "cariño y solidaridad".
"Ellos también nos enseñan muchísimas cosas, nos muestran su cultura y sus tradiciones, así que de lo que se trata es de compartir esa vivencia", resume Ana, que además confía en hacer partícipe de todo a su hijo Daute, de 15 años. "Quiero que tenga la oportunidad de acercarse a ver cómo se vive en otros lugares del mundo con otras realidades y otras necesidades", afirma la joven, quien acogerá este verano a Sidi, de once años.

La relación con la familia es uno de los aspectos que destaca Mayte Rivero, que recibió ayer por segundo año consecutivo a Apba, una niña de once años que compartirá un verano tradicional en las Islas. "El plan es lo normal para estas fechas, ir a la playa, pasear por la Isla,... nada especial".

Tras la experiencia del año pasado, la familia de Mayte Rivero decidió que cada verano serían seis y no cinco, y así es como Apba se ha convertido en una más, sobre todo para la pequeña que tiene seis años y que se muestra encantada de que su amiga esté de nuevo en Tenerife. Por eso para la madre lo mejor de estos meses es "la alegría y la gratitud que trasmiten en cada momento".

"Sabes que les haces un bien a ellos pero también a tu familia para que aprendan otra forma de vida y otras situaciones del mundo, para que al fin y al cabo aprenda a ser solidarios", resume Mayte.

El coordinador del programa señala que "esos lazos que se forman con la convivencia de estos dos meses son únicos" y admite que es uno de los varios objetivos de la iniciativa. Incluso comenta que entre los niños que participan ahora en las Vacaciones en Paz hay algunos que son hijos de los que viajaron en los primeros años del programa.

De hecho, Ana González define todo el programa a lo largo del tiempo en una forma de crear un apoyo en otro lugar del mundo: "Se generan lazos que se amplían y se fortalecen con los años, incluso con sus familiares y quién sabe si dentro de unos años estos niños vuelven para estudiar", se pregunta. Por lo pronto, este verano lo que les toca es disfrutar.

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