La mejora que necesitan las zonas de baño

En busca de la arena perfecta

El Cabildo y Ashotel estudian la mejor opción para regenerar las playas, si traer polvo del Sahara o usar el de machaqueo

30.06.2015 | 02:03
En busca de la arena perfecta

Dorada, negra o casi blanca. Natural o artificial. La arena de las playas de Tenerife pasa casi siempre desapercibida salvo cuando, como ocurre ahora en un buen puñado de ellas, su escasez toma protagonismo. La dinámica de las mareas, la intensidad del oleaje, las corrientes de deriva y los temporales se han compinchado para remolcar más piedras y callado y menos granos finos de arena a las costas tinerfeñas. Las administraciones públicas ya han alertado del problema: las playas de la Isla necesitan arena con urgencia. Pero el debate se abre ahora en torno a cuál es la mejor opción para reponerlas: ¿arena del Sahara o rocas basálticas isleñas machacadas? Puede que el proceso ideal no sea ninguno de ellos.

El vicepresidente de la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro (Ashotel), Roberto Konrad, defiende la primera propuesta: traer arena del Sahara como ya se hizo hace 40 años en Las Teresitas. Su argumento: "Garantiza la calidad de estos espacios al ser arena más competitiva, fina y rubia". El inconveniente está en el precio del proceso, bastante más elevado que la posibilidad del machaqueo. No obstante, las buenas relaciones existentes entre el área insular de Acción Exterior y el continente africano hacen viable esta alternativa.

En el otro lado, el coordinador en funciones de Turismo y Proyectos Estratégicos del Cabildo de Tenerife, Miguel Becerra, sugiere usar la opción del machaqueo como ya se ha empleado para las nuevas playas de Las Caletillas (Candelaria) o La Nea, en Radazul (El Rosario). Su propuesta pasa por utilizar el material que se está usando para construir el muelle de Granadilla al que, además, se le mezclaría alguna arena rubia importada.

Sin embargo, ninguna de estos planteamientos convence al experto consultado por la opinión de tenerife. El doctor en Ciencias Geológicas y profesor del Departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna (ULL), Ramón Casillas, explica que lo ideal sería "respetar la dinámica de la naturaleza". "Es decir, mantener la distribución de los materiales que aparecen en las playas (callaos, gravas y arenas) que las corrientes marinas y el oleaje han ocasionado", aclara el especialista. "Debemos ser capaces de sacar partido a lo que la naturaleza nos ha regalado", apunta el profesor. No obstante, Casillas, consciente de la importancia de mantener la competitividad en las playas isleñas, plantea una opción "más lenta pero con menos impacto". "Mi opinión es que lo mejor sería estudiar una a una la dinámica de cada una de las playas que se quieren modificar y, en función de las conclusiones obtenidas, crear algunos pequeños diques submarinos, que, sin afectar el ecosistema marino, condicionen la distribución y la acumulación de la arena en ellas", detalla Casillas.

Y es que el geólogo explica que lo que se busca con la reposición de arena "es mantener en este estado ideal a las playas las mayor parte del año". Pero las mareas, las corrientes y las olas seguirán a lo suyo y las piedras volverán a colocarse frente al mar. Por eso, el profesor advierte de que todas las posibilidades de regeneración de las playas "tienen sus peligros e inconvenientes". Personalmente, la que menos le gusta es la idea de traer arena del Sahara. "Esta arena está compuesta, esencialmente, por granos de cuarzo, un mineral cuya presencia en las Islas es casi anecdótica", resalta el profesor.

El doctor en Geología apunta que, dado que estos granos proceden de playas y dunas del desierto del Sahara, el transporte de los mismos por parte del viento produce en ellos una redondez y un pulimento de su superficie característicos que les hace que produzcan, posiblemente, una sensación de parecer una arena "más fina y menos áspera". Sin embargo, se trata de un tipo de grano completamente diferente al autóctono del Archipiélago. "Tiene una densidad menor que los granos de arena de las frecuentes playas negras de Canarias y un tacto distinto", aclara el especialista. En este sentido, Casillas concluye que traer arena del Sahara es "contraproducente" a la imagen de autenticidad que se pretende vender de las Islas. "Si lo que queremos es ser un destino de naturaleza, no debemos importar esta arena.
Debemos aprovechar lo que tenemos y no lanzarnos a competir con otros destinos de playas de arena más extensas y homogéneas", opina el geólogo.

Y si no se trae del Sahara, ¿de dónde se puede traer? El especialista responde que las opciones pasan por extraer la arena de otras playas, de sedimentos del interior de la Isla o de los fondos marinos, aunque en todos los casos "supone un impacto medioambiental importante en la zona". Respecto a la posibilidad de usar arena machaca, Casillas aclara que este proceso consiste en acelerar la erosión natural. "En lugar de que sea el mar el que convierta la roca en arena, se usa una máquina", detalla el experto. Pero, evidentemente, el resultado no va a ser el mismo. "Los fragmentos resultantes del machaqueo son más angulosos y más ásperos al tacto. Se quiere sustituir el rápido efecto de machaqueo de una máquina por el proceso más lento de interacción de los granos entre sí movidos por la constante oscilación de las olas al chocar con la línea de costa", señala Casillas.

Para comprender la diferencia que, al tacto, tendría una arena de una procedencia u otra, basta con poner un ejemplo: "No es lo mismo tocar boliches que cubos", añade el especialista.

Una de las playas donde más urge la reposición de arena es la de Fañabé, en Adeje, aunque la del Duque, también en este municipio, necesita una actuación rápida. Por su parte, en el norte de la Isla, San Marcos, en Icod de los Vinos, y Playa Martiánez, en Puerto de la Cruz, se encuentran entre las más perjudicadas. Los estudios van, por tanto, en dos vertientes, ya que las playas del sur de la Isla nada tienen que ver con las de la otra vertiente. Así, mientras que en las últimas habría que primar la arena negra, en la zona Sur hay que apostar por la dorada, por lo que la procedencia no será la misma.

Todos ellos son mecanismos artificiales para convertir los litorales tinerfeños en espacios más atractivos y competitivos. Y es que, a pesar de que la naturaleza ha dotado a la Isla de increíbles playas de arena negra basáltica o de finos granos de pómez de color rubio, muchas costas tinerfeñas se han ayudado de la mano del hombre para lucir más bellas. El caso más sonado e importante es el de Las Teresitas, que necesitó más de 5.500 toneladas (en dos traslados en dos épocas distintas de los años 60) para convertirse en una idílica playa casi blanca. Pero hay otros casos: Las Vistas (Los Cristianos), El Duque (Las Américas), Playa Jardín (Puerto de la Cruz), Las Caletillas (Candelaria) y La Nea (El Rosario). Todas se han formado gracias a la importación de arena.

Prácticamente el resto de playas de Tenerife son naturales. Las hay de tres tipos: de arena negra, de arena rubia y de callao. Según explica el doctor en Geología, la arena de las playas tinerfeñas procede, en su mayoría, de la erosión de las rocas existentes en la línea de costa. "Y en la Isla existen rocas muy diversas, de ahí la diferencia de colores y texturas", aclara el experto. Por un lado están las arenas que resultan de la erosión de las rocas basálticas y que están esencialmente compuestas por olivino, de color verde, y piroxeno y magnetita, de color negro. "Si cogiéramos una lupa y miráramos la arena negra de nuestras playas veríamos estos minerales", señala Casillas.

Estas playas predominan en el Norte ya que son espacios litorales que se generan al borde de los acantilados o en la desembocadura de los barrancos. "En el caso de los acantilados, la continua caída de fragmentos de roca a la línea de costa produce acumulaciones rocosas que el oleaje va trabajando lentamente", detalla el geólogo. Según explica, este tipo de arena se caracteriza por dar una sensación de ser más gruesa y áspera que la rubia o blanca "simplemente porque los minerales que la constituyen son más densos". De esta manera surge la sensación que se tiene al pisar la arena basáltica de mayor aspereza que la que se tiene al poner los pies en una de arena rubia.

No obstante, el experto aclara que el tamaño de fragmento de la arena no necesariamente tiene que ir ligado a su origen. "También hay un factor determinante en la facilidad con que el oleaje reduce el tamaño de los fragmentos de roca, pero generalmente, la pómez que forma los granos de las arenas más claras se fragmenta más rápidamente", puntualiza Casillas. La arena negra también tiene la particularidad de calentarse con mayor celeridad e intensidad, cuando sobre ella inciden los rayos de sol, frente a la arena blanca que, por el contrario, sufre un calentamiento menor, ya que gran parte de la energía de los rayos de sol incidentes es de nuevo reflejada y no absorbida por la arena para generar su calentamiento. "Por eso cuesta tanto andar descalzo en playas de arenas negras".

Por otro lado, están las playas de arena rubia, blanca o dorada. Este tipo de arena procede de la erosión de rocas de color más claro, como coladas o pómez, de composición traquítica o fonolítica que abundan en el Sur. Además, algunas de estas playas tienen un origen orgánico. Es el caso de El Médano, donde la arena de la playa procede de la erosión de la arena acumulada en antiguas dunas. En este sentido, Casillas explica que "hace miles de años, los restos de esqueletos carbonatados de los organismos que vivían en el mar (de ahí lo de organógenas) se fueron incorporando al sedimento de las playas, que transportado por el viento, tierra adentro, formó las dunas.
Posteriormente, el mar erosionó esas antiguas dunas dando lugar a playas de arenas organógenas". Este tipo de arena es más fina y, por ello, más apreciada. Sin embargo, el experto señala que elegir a la mejor arena "es más una cuestión de gustos". Lo importante es que, sea cual sea, se disfrute.

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