Pedro Molina: "Si el cáncer me da una oportunidad, me voy a agarrar a la vida"

"Estas enfermedades hay que vivirlas con mucha dignidad y humildad", asegura el presidente de la Cooperativa del Campo La Candelaria y la Asociación de Ganaderos de Tenerife

26.04.2015 | 03:02
Pedro Molina, en un momento de la entrevista realizada en la sede de la Cooperativa La Candelaria de San Benito.

El lagunero Pedro Molina es la cara visible del sector primario en la Isla desde hace tres décadas. Fue uno de los impulsores de la Feria de Ganado de San Benito, de la Liga de Arrastre y es presidente desde hace más de 20 años de la Asociación de Ganaderos de Tenerife y de la Cooperativa del Campo La Candelaria, que reúne a 2.600 productores. En diciembre del año pasado, su vida dio un vuelco. Repentinamente perdió el apetito y comenzó a bajar de peso muy rápido. Todas las analíticas le daban perfectas hasta que una ictericia hizo que acabara en Urgencias del Hospital Universitario de Canarias. El 30 de diciembre a las cuatro de la madrugada le dijeron que tenía un cáncer de páncreas. Lejos de hundirse pensó entonces que "había tenido la suerte de tener una vida muy intensa" y que aquello "no era una tragedia".
¿Cuántos días estuvo ingresado?

Pasé 40 días en el hospital. En ese tiempo bajé 30 kilos. Me diagnosticaron un cáncer de páncreas, me operaron para quitarme un tumor y ahora estoy con quimioterapia.

¿Qué síntomas tenía?

Ninguno. Lo único que me pasaba era que no me apetecía comer. Perdí el apetito a mediados de diciembre del año pasado. Yo siempre me hago controles, porque tengo diabetes. Me hicieron unas pruebas y el día 23 de diciembre todo daba normal. El día 29 me dio una ictericia. Vine a trabajar a la Cooperativa [La Candelaria] y las compañeras me dijeron que de pronto se me pusieron los ojos y la piel totalmente amarillos. Fui al ambulatorio y el médico me derivó urgente al hospital. Esa misma noche me diagnosticaron una obstrucción en el conducto biliar. Gracias a eso salvé la vida, por lo menos por ahora. Si el tumor me hubiera aparecido en otra parte del páncreas no lo hubieran detectado. Apareció en el conducto y eso hizo que se inflamara y aumentara el nivel de bilirrubina. Si a usted le hicieran una analítica ahora lo normal sería que tenga la bilirrubina en 0,5. Cuando me ingresaron a mí esa noche la tenía en 11.

¿Estaba al borde de un shock?

Sí pero incluso estando ingresado las analíticas hepáticas no indicaban que tuviera nada extraño en el páncreas. Fueron las pruebas de escáner las que revelaron que tenía un tumor y un mes después me lo quitaron.

¿Cuando se lo diagnosticaron estaba en una fase temprana?

Sí, tuve la suerte de que no se hubiera extendido fuera del páncreas. De las posibilidades que había, la que me tocó fue la menos mala. Si lleva a extenderse a otros órganos solo me hubieran podido dar cuidados paliativos [se le entrecorta la voz].

¿En qué consistió la operación que le hicieron?

La técnica que utilizaron se llama whipple. Me quitaron la mitad del páncreas, el conducto biliar, el duodeno, la vesícula, un trozo de intestino y otro de estómago.

¿Se puede hacer una vida normal después de una intervención de este tipo?

Sí, hay muchísima gente que ha escapado y no tiene ninguna complicación. Con la operación me dejaron todo limpio pero me darán quimioterapia de forma preventiva durante seis meses. Cada dos semanas tengo que ir al hospital para una sesión de quimio y cada tres meses me hacen un escáner porque este tipo de tumores son muy agresivos. Igual que hay gente que con la quimioterapia va bien y cinco años después le dan el alta, hay otros a quienes le aparecen tumores en otros sitios. Pero ya pararlo fue importantísimo. El día que me lo diagnosticaron era como una lenteja y un mes después tenía tres centímetros y medio. Me hubiese comido [dice con la voz rota]. Perdí 30 kilos y el médico me decía sorprendido: Tienes una analítica perfecta.

¿Tenía antecedentes en su familia?

Mi hermana murió de cáncer hace siete años. Tenía 51 años. También se dio la coincidencia, para mí muy importante, que es que mi madre murió en la misma fecha en la que yo enfermé. Falleció hace justo 40 años, cuando tenía la misma edad que tengo yo ahora, 55 años. Mi padre también murió de cáncer.

¿Cambió mucho su vida a partir de este diagnóstico?

No. Me he quedado absolutamente sorprendido porque no tuve ningún tipo de reacción.
¿Confiaba en que todo saldría bien?

No, ni confié ni desconfié. No sé si todavía no he tomado conciencia de esta enfermedad o si tengo demasiada conciencia. Lo único que hice, cuando me dijeron lo que tenía, que fue el 30 de diciembre a las cuatro de la madrugada, fue mirarme al espejo decirme: Llevo mucho tiempo esperándote, que sea lo que tenga que ser.

También le tocó pasar por esto en unas fechas muy especiales.

Sí, pero no me he desquiciado. No he tenido un solo día en el que me sintiera hundido ni me he preguntado por qué me pasó esto a mí. He visto las cosas positivas que tiene esta enfermedad.

¿Cuáles son?

Que no lo haya tenido mi hijo sino que lo he tenido yo. La segunda, que no sea mi mujer quien ha enfermado porque si hubiera sido ella, mi hijo tal vez se hubiera tenido que criar, como me pasó a mí, sin su madre.

¿Qué edad tiene su hijo?

22 años.

¿Cree que sigue siendo un tabú hablar de cáncer?

No debería. Es una enfermedad normal que la padece muchísima gente. Y estamos todos dentro del bombo. Lo único que me planteé el primer día fue que si este era mi final, yo había tenido la suerte de tener una vida muy intensa. Y si el cáncer me da una oportunidad, sin duda, me voy a agarrar a la vida.

¿Su día a día tampoco cambió después de una experiencia tan fuerte como esta?

No, lo único distinto es que cuando me dan la quimioterapia paso uno o dos días en los que me siento mal. No es una tragedia. Piense que cada año se diagnostican 3.600 nuevos casos en Canarias. Lo que creo es que este tipo de enfermedades hay que vivirlas con mucha dignidad y mucha humildad. No podemos ser soberbios. No somos mejores que nadie. Aquí, en el consejo rector de la Cooperativa, hay un compañero que lleva 11 años dándose quimioterapia y está perfectamente. De hecho, ahora vamos juntos.

¿Cree que mantener una actitud positiva es la clave?

Claro. Yo fui concejal del Ayuntamiento de La Laguna cuando tenía 21 años, junto con Pedro Félix González Martín, que tenía 22. Durante toda la vida hemos hecho de todo juntos, hasta huelgas de hambre, y ahora nos enfermamos juntos. En la misma fecha le diagnosticaron una leucemia y hemos estado ingresados en la misma planta del hospital [vuelve a emocionarse]. Nos hemos reído mucho y hemos estado mucho tiempo juntos. Así es la vida. No hay que buscar compasión de nadie.

¿Esos 40 días que pasó ingresado fueron la peor parte?

No, no me desesperé. Me pasaron cosas importantísimas en esos 40 días. Cuando me enfermé era época de siembra y como yo no podía trabajar, entre un grupo de agricultores me sembraron todos los terrenos. Mi hijo, que está estudiando Económicas, se encargó de mis animales. Todos los actos del arrastre se hicieron con la colaboración de otros compañeros, lo que demuestra que es un proyecto sólido. La verdad es que no he tenido razones para hundirme. De momento he visto mucha solidaridad, amistad por parte de las personas que me conocen y afecto de mi familia.

¿Hubo alguna llamada o alguna visita que lo conmoviera especialmente?

Todas. Muchísima gente vino a verme al hospital y a mi casa. Pero no me he desquiciado. Sigo participando en las tertulias radiofónicas con Mayer Trujillo como hacía antes y cumpliendo con todos los compromisos que tengo.

¿Notó el colapso que afecta a la Sanidad pública?

No. Entré por urgencias y me mandaron directamente a planta. Yo trabajé en el hospital como jardinero, hace más de 30 años. Fue después de ser concejal. Y tengo que reconocer que el personal que me atendió ahora me ha tratado muy bien.

¿Con esos 30 kilos menos se siente más ágil?

[Risas] Mucho más ágil no, porque no tengo la vitalidad que tenía antes de enfermar, pero estoy bien.

¿Tiene que cuidarse con las comidas o seguir alguna dieta?

Como lo que el cuerpo me va pidiendo. No tengo tratamientos farmacéuticos ni médicos salvo la quimioterapia, que la terminaré en noviembre cuando complete las 18 sesiones que me tocan.

¿Pensó en algún momento dejar alguno de los puestos de representación que ocupa?

No. Lo primero que hice al salir del hospital fue ir a la Cooperativa, antes de ir a mi casa, y vengo cada día.

¿Cuánto hace que está al frente de Agate?

Todo empezó el 2 de julio de 1977, en el Club Juvenil San Benito. Juan Miguel Mena era el presidente y nos convenció de hacer la primera exposición de ganado por las fiestas de San Benito, de la que ya vamos por la 37º edición. Hace 26 años creamos la Asociación Canaria de Arrastre; hace 24 años, la Asociación de Ganaderos de Tenerife, Agate; y hace 22 que presido la Cooperativa La Candelaria.

¿A cuántos productores representa en La Candelaria?

Entre agricultores y ganaderos somos 2.600 socios

¿Ganas de seguir?

Todas.

Ahora que estamos cerca de las elecciones, ¿ya tiene claro a quién va a votar?

Siempre voto por los amigos.

¿Se ha reunido con los diferentes candidatos?

La inmensa mayoría de los partidos siempre nos piden reunirse con nosotros y vienen con sus candidatos a la Casa del Ganadero. Ellos nos exponen su programa y nosotros, nuestras reivindicaciones. Cuando empiece la campaña nos reuniremos con ellos.

¿Cuáles serán sus reivindicaciones prioritarias?

La mayor reivindicación que tenemos es que el sector primario sea reconocido como productor de alimentos. Llevamos muchos años sin lograr que la población, y en particular los políticos, tome conciencia de que somos fundamentales para la subsistencia. Nuestros alimentos tienen que tener las mismas condiciones que los que se producen en otros sitios.

¿Se refiere usted a las subvenciones?

A las subvenciones y a las exenciones de aranceles que existen en Canarias hace 22 años a través del REA (Régimen Especial de Abastecimiento). En este marco, todos los productores de la Unión Europea rechazan el acuerdo con Mercosur, que permite que se liberalice el mercado para la entrada sus producciones.

¿Esto demuestra que el nacionalismo está más en el discurso que en los hechos?

El problema es que al sector primario lo han considerado el de los primos. Tiene que haber coherencia entre lo que se dijo ayer y lo que se hace hoy. No puede ser que todo el mundo tenga un discurso precioso y hagan otra cosa.

Lo que se ha argumentado hasta ahora es que poner restricciones a este de importaciones aumentaría el coste de la cesta de la compra. ¿Está de acuerdo?

No me parece una excusa válida. Si un político me dijera esto le contestaría que igual que el pollo que viene de Sudamérica es más barato, también quiero traerme un senador, un alcalde y el presidente de gobierno que cobren aquí lo mismo que cobran allí. Así tendríamos un coste de la vida mucho más bajo. O imagínese que se abrieran las fronteras y que alguien que se está haciendo una casa fuera a Marruecos y trajera mano de obra pero pagando los 27 euros que ganan allí al mes de media. Lo que no se puede hacer es vivir en un territorio y querer para otros lo que no queremos nosotros, o para nuestros hijos, que es que empiecen a trabajar de niños, o para nuestros mayores, que es que no tengan derecho a una jubilación.

¿Qué tipo de granjas son más rentables, las que crían qué especie de ganado?

No varía en función de la especie sino de la escala. No es lo mismo cuidar cinco vacas que 100.000 gallinas. Todos los animales rumiantes monogástricos se alimentan de cereales molidos, que llamamos pienso, y los rumiantes comen forraje. La inmensa mayoría del forraje se importa, con lo cual todos estamos sujetos a las variaciones de los costes de producción que marcan los mercados y el monopolio de la proteína vegetal, que es la que estamos obligados a comprar a multinacionales americanas que cotizan en la Bolsa de Chicago. Hace cuatro años, los cereales aumentaron y las granjas sufrieron muchísimo porque eso hizo que se dispararan los costes de producción un 150%. Luego, cuando bajaron los precios, la ganadería volvió a ser un poquito rentable pero hasta que ellos quieran. Esto demuestra que somos dueños de nuestros animales pero no del resultado de nuestras explotaciones.

¿El cliente decide más por el céntimo que teniendo en cuenta el origen de los alimentos?

Se ha impuesto una cultura diferente. Nuestras abuelas separaban de los ingresos que había en la casa para la comida y el resto era para lo que llamaban lo demás. Ahora es lo demás y lo que quede, para la comida. Eso hace que tengamos que competir con alimentos que no siempre son de la mejor calidad. No seríamos capaces que ponerle al coche una gasolina que nos costara un céntimo el litro porque nos daría desconfianza. En cambio, cuando hubo aquí unas tiendas, que afortunadamente ya están cerradas, que vendían un huevo a cinco pesetas la gente no se cortaba en comprar eso para que sus hijos comieran. No comemos papas negras cultivadas aquí porque valen cuatro euros el kilo pero no tenemos problemas en comprar papas fritas en restaurantes de comida rápida donde el kilo lo cobran a 25 euros. No tenemos conciencia de que el municipio en el que vivimos nos pone en nuestra casa 1.000 litros de agua por 0,60 céntimos y vamos a una gran superficie y compramos una garrafa de cinco litros por un euro, sin darnos cuenta que de esa forma estamos pagando el metro cúbico a 200 euros. Y muchas veces por ese precio nos dan agua filtrada y, encima, estamos creando un residuo plástico del que la humanidad jamás se podrá deshacer. Discutimos el precio de un litro de leche pero jamás cuestionamos el precio de un cortado, aunque con un litro de leche de 0,70 céntimos se hagan 20 cortados y cada uno nos lo cobren a 1,20 euros.

¿Se han quedado conformes con los cambios que se hicieron al nuevo Plan General de La Laguna en base a las alegaciones presentadas por Agate?

Presentamos alegaciones para garantizar que el suelo rústico tuviera la menor cantidad de afecciones posibles y estamos de acuerdo en un 80% con los cambios que se han hecho. De todas maneras, no estamos de acuerdo con el Plan General en su conjunto.

Después de modificar el Plan General el equipo de Gobierno dijo que habría más campo en La Laguna, ¿será así?

Es imposible que lo haya porque La Laguna no ha crecido. Lo que ha pasado es que suelo que estaba calificado como urbano ahora está como rústico.

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