La Laguna
La ciencia descubre cómo era el lagunero más legendario 

Amaro Pargo medía 1,66 de estatura, era delgado y de joven había sido apuñalado

El estudio de los huesos del lagunero, el corsario más célebre del país, revela que vivió hasta los 69 años porque comía mucho pescado

21.02.2015 | 23:27
Imagen promocional de Assassin´s Creed IV Black Flag, de Ubisoft, multinacional que financió el estudio arqueológico sobre la cripta de Amaro Pargo y se inspiró en él para diseñar el videojuego.

El estudio de los restos del lagunero Amaro Rodríguez Felipe, uno de los corsarios más famosos de la historia de España y conocido con el sobrenombre de Amaro Pargo por la pericia con la que llevó sus barcos por medio mundo durante el siglo XVIII, revela que era un hombre pequeño y muy delgado. Se calcula que medía 1,66 metros de estatura y se comprobó que, tal y como apuntaban algunos relatos, de joven había recibido una terrible puñalada durante una pelea. Aquella herida le dejó marcada la clavícula y le partió una costilla. En sus huesos no hay rastros de enfermedades ni tampoco de la causa de su muerte, a los 69 años, una edad muy avanzada para la época. Puede ser que longevidad se debiera a que su dieta estaba basada en el pescado, según revelaron sus dientes.

Estos son algunos de los datos incluidos en el informe del equipo de arqueólogos, forenses, biólogos y antropólogos contratado por la multinacional francesa de videojuegos Ubisoft y al que ha tenido acceso la opinión de tenerife. La empresa se inspiró en el corsario lagunero para el desarrollo de la cuarta entrega de su saga de piratas Assassin´s Creed Black Flag, de la que se han vendido 57 millones de copias en todo el planeta.

La arqueóloga Esther Andréu, responsable de Arqueomedia, dirigió al equipo que en noviembre de 2013 exhumó los restos de Amaro Pargo de una cripta de la iglesia lagunera de Santa Domingo. La primera sorpresa que se encontraron fue que los huesos estaban todos mezclados y amontonados en un rincón. Al analizarlos en el laboratorio de la Universidad Autónoma de Madrid comprobaron que pertenecían a nueve personas, así como también hallaron restos incompletos de bebés, y no a cuatro como esperaban. Los documentos históricos indicaban que Amaro Pargo había sido enterrado junto a sus padres y a su esclavo, y ellos estaban pero también había una niña, una adolescente de alrededor de 16 años, un veinteañero con síndrome de Down, una mujer joven, una persona mayor de la que no se pudo saber su sexo porque el esqueleto no estaba completo y los comentados recién nacidos. Al no tener referencias históricas sobre estas personas no han podido ser identificadas ni se sabe cuándo murieron.

Las muestras de ADN que se tomaron de los descendientes de Amaro Pargo, que viven en La Laguna, Madrid y Asturias, permitieron no solo identificar con certeza al corsario sino también a sus padres. También confirmaron que otros ocupantes de la cripta también estaban emparentados con él. Andréu cree que eran sobrinos o sobrinos-nietos. El uso del carbono 14 para datar estas muestras fue descartado por el amplio margen de error que tiene. "Cuando datamos retos de hace 8.000 años podemos asumir errores de 300 años. En un caso como este podría ser de 50 años, por lo que el margen no es asumible", recalca la experta.

Quien no tenía un lazo sanguíneo con el corsario era su fiel esclavo negro. Se llamaba Cristóbal Linche y su esqueleto indica que medía entre 1,78 y 1,82 metros. Había sido liberado por su amo y mantenía una estrecha amistad con él, lo que explica que ordenara en su testamento que nunca le debía faltar comida, ni vestimenta, ni atención y que cuando falleciera reposara en su misma sepultura, como se hizo.

Junto a ellos, los investigadores encontraron huesos de varios bebés sin parentesco con el corsario. Andréu apunta que esto puede obedecer a una antigua costumbre arraigada en toda España, y también en Canarias, de enterrar a los niños que morían sin bautizar junto a un adulto con la creencia de que éste los guiaría hacía el cielo.

La arqueóloga reconoce que cuando su equipo abrió la cripta en la que Amaro Pargo fue sepultado hace 267 años les extrañó lo que vieron. No había restos de los féretros, ni de ropa, ni de nada y todos los huesos estaban amontonados sobre un banco de cemento. Incluso algunos dientes, que posiblemente se habían caído al mover los cuerpos, estaban colocados al revés en las mandíbulas. "Estaba claro que además de entrar en la cripta varias veces para meter cadáveres, también entraron a robar y se llevaron todos los objetos personales", lamenta la investigadora. Lo único que recuperaron del atuendo de los fallecidos fue la suela de un zapato. Entre la gruesa capa de barro que cubría el recinto también había algún clavo y restos de herrajes. En las paredes, junto a la escalera de entrada, vieron que había agujeros que delataban que antaño hubo un reja.

Lo que había, y en abundancia, era humedad. Los expertos creen que esta cripta subterránea, ubicada muy cerca de la puerta del templo, sufrió muchas filtraciones de agua. Su efecto devastador quedó reflejado en unos trozos de madera de los sarcófagos que aparecieron deshechos. Después de casi tres siglos en un ambiente de estas características, la ropa podía haberse desintegrado pero descartan que fuera así. "Aunque el tejido hubiera desaparecido siempre habrían quedado piezas de otros materiales como las hebillas del cinturón o los zapatos", detalla Andréu.

La humedad también afectó gravemente a los esqueletos, dejándolos blandos como una hoja de papel. Por eso, antes de empezar a examinarlos tuvieron que dejarlos secar durante semanas en el laboratorio de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, donde se realizó la investigación. Eso y el hecho de que apareciera más gente en la cripta ralentizó el estudio, que inicialmente estaba previsto que llevara dos meses de trabajo y acabó demandando casi un año.

Otro de los objetivos que tenía el encargado de la multinacional francesa era hacer una reconstrucción facial de Amaro Pargo. A partir del estudio del cráneo se determinó que tenía la cara alargada y angulosa y los especialistas llegaron a perfilar su retrato. Pero el proyecto no se pudo acabar por falta de financiación. "Hablamos con las administraciones locales para consultarles si les interesaba que el busto fuera para interior o exterior, porque eso hacía que variaran los materiales y el coste. Todos nos dijeron que lo querían pero han pasado los meses y nadie lo paga. Así que no hemos podido hacerlo", asegura la directora de proyecto.

Todos los restos ya han regresado a la cripta lagunera. Se devolvieron clasificados en cajas individuales y se les adjuntó una ficha con todos los datos obtenidos.

Los descendientes de la familia Rodríguez Felipe participaron activamente desde el principio del proceso. Se prestaron primero a que se les tomaran muestras de ADN de su saliva. Luego estuvieron presentes durante la exhumación de los restos en La Laguna y visitaron el laboratorio madrileño para comprobar los avances de la investigación. También fueron testigos –"con mucha emoción", asegura Andréu– de la devolución de los difuntos a la cripta y participaron en el responso que se ofició en su honor.

Amaro Pargo es sinónimo de leyenda. Nació el 3 de mayo de 1678. Muy pronto se hizo cargo de los negocios de la familia y, además, como alférez corrió su primera gran aventura con tan solo 23 años. Cuentan las crónicas que el primer navío en el que se embarcó fue abordado por otro y él aconsejó al capitán que simulara una rendición para sorprender al enemigo y quedarse con su tesoro. La estrategia del joven marinero resultó perfecta y, en señal de agradecimiento, Amaro Pargo recibió como regalo el que sería su primer barco, el Ave María. A partir de ahí, obtiene la autorización real, la famosa patente de corso, con la que puede atacar a todo barco con bandera pirata que se cruzara en su camino. En esa rentable empresa surcó el Atlántico desde la Isla rumbo al Caribe multitud de veces.

Fue el hombre más rico que habitó jamás La Laguna. Hace 300 años levantó un centenar de propiedades diseminadas por la Isla, muchas de ellas para arrendarlas, lo que lo convirtió en el primer constructor a gran escala de Tenerife. Además de la riqueza que obtuvo en altamar, gran parte de su fortuna la amasó en los seis millones de metros cuadrados (una superficie equivalente a un millar de campos de fútbol) de viñedos en los que cultivaba uvas malvasías, con las que se elaboraba el vino que los ingleses adoraban y que Shakespeare definió como "un perfume para la sangre".

Su casa estaba en la calle Real de La Laguna, ahora calle San Agustín. En la actualidad, esa vivienda pertenece a los padres del concejal lagunero de Por Tenerife, Santiago Pérez. Amaro Rodríguez Felipe era muy creyente y un fervoroso devoto de la Virgen del Rosario. Sus donaciones a la Iglesia y distintas causas sociales fueron cuantiosas. Vivió convencido de que Sor María de Jesús León y Delgado, conocida como La Siervita y monja del convento lagunero de Santa María de Siena, era una santa. Miles de devotos le siguen agradeciendo hoy sus milagros cada 15 de febrero.

La relación entre ambos fue muy estrecha y ella llegó a convertirse en su confidente. Cuando la religiosa murió, en 1731, estuvo a su lado e intercedió para que no fuera enterrada en la tierra, como el resto de las religiosas, al comprobar que tres días después de fallecer su cuerpo seguía de color rosado y flexible. Él se encargó de que descansara en el mejor sarcófago, sellado por tres llaves. Una la custodiaban las monjas catalinas, otra los curas dominicos de Santo Domingo y la tercera la guardó él mismo. Durante el resto de su vida cuidó la llave como un tesoro y la incluyó en su testamento como la más preciada reliquia. Su relación con el convento de Santo Domingo fue muy estrecha y fue un gran benefactor de los monjes que lo habitaban y del convento de Santa Catalina, que pertenecía también a la Orden Dominica, donde tres de sus hermanas se habían ordenado. Su espíritu altruista lo llevó a hacer muchas obras de beneficencia, en especial en favor de los niños huérfanos, y a ser uno de los primeros en tender la mano cuando había alguna desgracia. Uno de esos trágicos acontecimientos fue la epidemia de fiebre amarilla que asoló la Isla en 1701. Nunca se casó y al morir, el 14 de octubre de 1747, legó toda su fortuna a su hermana Francisca, que era viuda, y a sus sobrinos.

Sus andanzas como corsario han inspirado uno de los videojuegos más vendidos pero sus creadores quisieron también financiar esta investigación para conocer más detalles sobre este personaje único, que fue protagonista de la época de oro de los piratas y que tuvo un papel fundamental en España a las órdenes de la Corona. Ahora por fin se sabe algo más de él y hasta se le podría poner cara pero todo depende de la financiación de las administraciones tinerfeñas.

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