El 80% de los alimentos que se consumen en la Isla vienen de la Península o el extranjero

Tenerife importa productos de primera necesidad de Chile, Italia, Marruecos, Gran Bretaña o Francia

13.10.2014 | 02:20
Frutas que se venden en el mercado de Sana Cruz de Tenerife, cuya procedencia, en su mayoría es foránea.
Frutas que se venden en el mercado de Sana Cruz de Tenerife, cuya procedencia, en su mayoría es foránea.

Conejo en salmorejo del Norte de la Península, papas arrugadas de Inglaterra, escaldón de Argentina y chicharros de Marruecos. El 80% de los alimentos que consumen a diario los tinerfeños provienen de la Península o el extranjero. La polémica compra de vino peninsular realizada por Bodegas Insulares, cuyo principal accionista es el Cabildo de Tenerife, no es única. Muchos de los productos que los isleños garantizarían que son Made in Canarias vienen de fuera. Y es que la dieta de los tinerfeños está repleta de frutas, hortalizas, carnes y pescados de Chile–el principal país exportador fuera de la Unión Europa–, Francia, Italia, Gran Bretaña o Marruecos. Los agricultores y ganaderos canarios se quejan de "la competencia desleal" y la "desinformación" y aseguran que si los isleños conocieran el origen de sus platos de comida apostarían por el consumo de los productos canarios.

De primer plato una pella de gofio francés, un puchero con papas de Túnez o un potaje con bubangos de Portugal. Muchos tinerfeños dan por hecho que los buenos platos de la cocina canaria se preparan con alimentos de la tierra. Ni mucho menos. El origen foráneo del vino de Bodegas Insulares no es un caso aislado, según datos que manejan los agricultores y ganaderos de la Isla. Solo el 20% del género de los mercados es local, una cifra que se reduce hasta el 0.80% en el caso del cereal. "El 99,2% de los granos que se consumen en las Islas, por ejemplo para hacer gofio, viene de fuera. El trigo de Alemania, Francia, zonas de la Península y hasta de Ucrania y Rumania; el millo, en su mayoría, de Argentina y América", explica el presidente de la Asociación Cereales de Tenerife (Acete), Andrés de Souza.

Concretado en cifras, Canarias produce 2 millones de kilos de cereales al año y del exterior entran 250 millones de kilos. "Nuestro nivel de autoabastecimiento es prácticamente nulo. Nos sentimos muy abandonados por las administraciones públicas", reconoce de Souza. Para el presidente de Acete, el problema radica en dos aspectos: el abandono del campo y la desinformación. "En los últimos años se ha producido una importante renuncia a las tierras, pero esto no esconde la falta de interés que hay en las administraciones de la Isla para potenciar el autoconsumo", añade el agricultor.

No es el único que lo piensa. Los agricultores y ganadores tinerfeños garantizan que si los isleños conocieran el origen de los alimentos que consumen, otro gallo cantaría. "Estoy seguro de que si se hiciera una buena campaña de concienciación, los canarios se decantarían por los alimentos de la tierra", añade de Souza, aunque ello supusiera pagar un poco más. "Nuestro grano es de mayor calidad, tiene un porcentaje de proteínas y minerales muy superior y por eso es más caro", explica el presidente de Acete. De Souza destaca que los beneficios no solo serían para ellos. "Ganaríamos todos, recuperaríamos el campo y crearíamos empleo", apunta convencido.

El menú del día continúa con chuletón de Argentina, unas sardinas de Marruecos o conejo del norte peninsular. Pedro Molina, presidente de la Asociación de Ganaderos de Tenerife (Agate), explica que "la carne que se consume aquí no puede competir con la que viene de fuera. Nosotros tenemos que defender la pieza entera, mientras que ellos se especializan en cortes". Y es que después de despachar el solomillo o el bistec, el resto de piezas del animal son invendibles. "En Canarias no tenemos industria que absorba este tipo de piezas ni tampoco tenemos costumbre de emplearlas para cocinar", aclara Molina.

El ganadero pone la cifras sobre la mesa. "De la carne de porcino producimos un 80% pero del vacuno y del pollo apenas llegamos al 16%", detalla el presidente de Agate. Su procedencia es algo dispar. "Una parte viene de España y la Unión Europea, en especial de Cataluña, y otra de extranjero, sobre todo de Brasil y Argentina", detalla Molina. Lo mismo ocurre con el conejo y el huevo que, aunque su origen sigue siendo mayoritariamente isleño, cada vez más se hace salmorejo o huevos mole peninsular. "Lo que ocurre es que cuando se produce una excedencia de producción –tanto de conejo como de huevo– lo envían a las Islas con superofertas", revela el ganadero. Y con esos precios no pueden competir. "El conejo por ejemplo, ha llegado a estar hasta a tres euros y nosotros a cuatros euros no cubrimos ni los costes", revela Molina.

Y de la carne al pescado. "Aquí seguimos consumiendo mucho producto de la tierra pero es cierto que cada vez se vende más pescado de Marruecos y Portugal en el mercado", explica el presidente de la cofradía de pescadores de Santa Cruz de Tenerife, Vicente Rivero. Así, en cualquier supermercado de Tenerife se puede encontrar atún y caballas marroquíes y viejas o sargos portugueses, una nacionalidad que tiene su mayor expresión en los moluscos. "Las gambas y langostinos proceden de países africanos como Madagascar y Mauritania", revela el pescador.

En el recetario isleño el producto estrella es la papa. Fritas, arrugadas o guisadas, son el complemento perfecto para cualquier plato. Sin embargo, apenas el 20% de las que se sirven en la mesa son de la tierra. "El 80% de las papas provienen del extranjero, fundamentalmente de Inglaterra, pero también de Chipre, Egipto, Israel o Marruecos", revela el presidente de la Asociación Canaria Independiente de Pequeños y Medianos Agricultores y Ganaderos (Acipmaga), Gabriel Dorta. "Nosotros, a 0.50 céntimos el kilo, no cubrimos gastos y las de fuera han llegado a estar a 0,30 céntimos", añade con preocupación Dorta. Un competencia que además, depende de la estacionalidad. "Cuando nosotros no tenemos producción aprovechan y suben los precios, y cuando aquí hay bastantes las ponen baratísimas", aclara el agricultor.

Para el postre nada de frutas de la huerta. Kiwis de Nueva Zelanda, mangos de Brasil y peras de Sudáfrica. "Antes llegábamos a producir hasta el 80% de las frutas y hortalizas que consumíamos pero ahora la cifra está bajando del 50%. Cada vez estamos más atados al exterior", destaca el presidente de Acipmaga. En algunos casos, como el de la naranja, la dependencia es casi total. "Solo el 10% de las naranjas que comemos en la Isla se cultivan aquí, el resto viene del Levante", señala Dorta. Y a veces, aunque se confíe en que son levantinas, no es así. "He oído casos en que compran las naranjas del extranjero, las llevan a la Península y cuando les sobran le ponen la etiqueta de Valencia y las envían para aquí", confiesa el agricultor.

En este sentido, los agricultores y ganaderos isleños se suman a la lucha contra el fraude. "No estamos en contra de que se vendan frutas de fuera pero sí de que se engañe a la gente sobre su procedencia", aclara el presidente de Acipmaga. Y es que en muchas ocasiones bajo la etiqueta papas tipo canarias o productos de la tierra se esconden orígenes totalmente diferentes. "La gente tiene que saber de donde viene lo que come, para luego elegir si lo compra o no con todas las de la ley", concluye Dorta.

Curioso es el caso de las manzanas cuya procedencia es muy variada. Lérida, Francia, Italia o Chile son los países de procedencia de esta fruta que cada vez crece menos en la Isla. Las manzanas Golden, por ejemplo, empiezan a ser importadas incluso desde los Alpes. Necesitan frío, algo de lo que Canarias adolece cada vez más.

Lo mismo ocurre con las lentejas, el arroz, los garbanzos o las judías. La compra tinerfeña en el exterior crece y crece. El motivo principal de tan elevadas importaciones no es tener un muestrario exótico en los mercados y supermercados, sino mas bien uno de bolsillo y competencia. Lo de fuera sale más barato aunque eso signifique que lo de la tierra acabe por morir. "Los agricultores nos agarramos a cualquier esperanza, pero lo cierto es que administraciones acaban matando nuestras ilusiones", revela el presidente de Aceite. El autoabastecimiento parece una utopía.

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